#LeyDesperdicioAlimentario: ¿se está perdiendo la oportunidad de hacer una propuesta valiente y transformadora para hacer frente a este reto ambiental?

#LeyDesperdicioAlimentario: ¿se está perdiendo la oportunidad de hacer una propuesta valiente y transformadora para hacer frente a este reto ambiental?

El 7 de junio el Gobierno aprobó el Proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimento. Una propuesta que no incluye muchas de las observaciones al texto abierto a consulta pública que las entidades y organizaciones expertas aportamos durante los meses de elaboración del anteproyecto de ley. La regulación del espigueo o la incoporación de mecanismos para la prevención de las pérdidas en el sector primario son algunas de nuestras reivindicaciones.

El pasado martes 7 de junio se aprobó en el Consejo de Ministros el proyecto de ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimento, antes de que sea sometido finalmente a tramitación parlamentaria.

Desde la Fundación Espigoladors celebramos la propuesta de Ley como muy necesaria para visibilizar y hacer frente a una problemática con graves implicaciones ambientales y sociales. No obstante, la consideramos poco ambiciosa ante el gran reto que, como sociedad, tenemos delante si realmente se quiere llegar al objetivo de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por cápita mundial de cara el 2030, estipulado por las Naciones Unidas.

Durante los meses de elaboración del anteproyecto de ley, hemos mostrado nuestro posicionamiento y puntos de vista mediante observaciones al texto abierto a consulta pública y con la participación en espacios de debate junto con otras organizaciones e iniciativas del sector. Muchas de estas observaciones, sin embargo, no han sido incorporadas en la propuesta final, como ya hemos criticado distintas voces activistas.

En primer lugar, nos sorprende la poca presencia, en la propuesta legislativa, de mecanismos de prevención y cuantificación de las pérdidas alimentarias en el sector primario, a pesar de que este mismo concepto este incluido en el nombre de la Ley. Así, no parece contemplado que la administración cuantifique o investigue sobre estas pérdidas. Creemos que es fundamental conocer qué pasa en este primer eslabón de la cadena y establecer mecanismos de prevención.

En este contexto, reivindicamos que la nueva ley incluya la regulación del espigueo o la rebusca, actividad que desarrollamos en distintas zonas agrícolas del territorio catalán para recuperar excedentes que, a pesar de ser totalmente comestibles, han quedado sin salida comercial —por cuestiones estéticas o por caídas de precios, entre otros motivos— y distribuirlos a entidades sociales que atienden personas con situaciones de precariedad alimentaria. Una actividad que, de forma pionera en toda Europa, quedó legalmente contemplada en la ley catalana de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentarios, aprobada en marzo de 2020.

Defendemos el espigueo no solo como actividad para aprovechar los excedentes y las pérdidas que se producen en el sector primario, si no como una herramienta muy potente para investigar y recoger datos sobre el terreno en relación con estas pérdidas, así como acercar a la ciudadanía al campo y sensibilizarla sobre esta problemática. El espigueo nos permite visibilizar la punta del iceberg de un sistema agroalimentario insostenible y que conduce a la precarización del campesinado. La regulación de esta actividad sería un gran paso para su impulso en otros puntos del territorio.   

Por otro lado, celebramos que se contemple como requisito que las empresas alimentarias trabajen en planes de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, pero queremos hacer hincapié en la necesidad de brindar apoyo económico y acompañamiento a las empresas —sobre todo pequeñas y medianas— para poder desarrollar e implementar estos planes. Por otro lado, remarcamos que esta prevención se debe dar a todos los eslabones de la cadena alimentaria, más allá de la restauración y del consumidor final, donde se suele poner el foco mediático.

Además, en relación con los planes de prevención, reivindicamos que es necesario que la Ley incluya mecanismos de vigilancia desde la administración para garantizar su cumplimiento y ejecución de forma adecuada por parte de las empresas. En este sentido, el nuevo texto rebaja las expectativas en las obligaciones de medición por parte de la administración y relega muchas de estas cuestiones a “buenas prácticas” o colaboraciones voluntarias.

Otro punto de la propuesta de ley que nos pone en alerta es que en la jerarquía de prioridades en la gestión de los excedentes alimentarios ocupe el primer lugar la donación, en vez de la prevención. A pesar de que desde Espigoladors practicamos la donación para dar una salida a los alimentos que recogemos mediante los espigueos en el campo, somos conscientes que ésta no es una solución a la problemática de las pérdidas y el desperdicio de alimento, y reivindicamos que el foco debe ponerse en acciones de prevención.

Finalmente, esperamos que la Ley suponga un impulso a proyectos y marcas alimentarias como es im-perfect®, empresa de inserción y transformación alimentaria de la Fundación Espigoladors, que apuestan por un modelo de producción sostenible y promueven la economía circular y social, mediante el aprovechamiento alimentario y la creación de nuevos yacimientos de empleo verde.

Ante esta situación, hacemos una llamada a los grupos políticos parlamentarios para que estén abiertos a escuchar las aportaciones y peticiones de organizaciones expertas y con trayectoria en la prevención y reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario. No se puede dejar escapar la oportunidad de hacer una ley valiente, acorde con los compromisos que ha adquirido el gobierno de cara este reto ambiental en el contexto de emergencia climática actual.

Estamos a tiempo.

(r9)Alimenta, o cómo promover el cambio en las organizaciones del sector agroalimentario hacia la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos

(r9)Alimenta, o cómo promover el cambio en las organizaciones del sector agroalimentario hacia la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos

En los últimos meses, la Fundación Espigoladors hemos desarrollado el programa de formación y asesoramiento “(r9)Alimenta – Las Rs de las pérdidas y el desperdicio alimentario para la economía verde”. El objetivo: acompañar a personas trabajadoras del sector agroalimentario de Murcia y Andalucía dotándoles de conocimientos y competencias en materia de sostenibilidad y economía verde.

La prevención y la reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario (PDA) representan un tema clave para la actual lucha contra la crisis climática. Es por eso que esta problemática ha ido adquiriendo relevancia en las agendas políticas, tanto a nivel nacional como internacional.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible, establecidos por las Naciones Unidas en 2015 y paraguas de muchas de las acciones legislativas del momento presente, se propone: “De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos per cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha” (ODS, 12.3).

¿Qué medidas se están tomando desde los gobiernos para alcanzar este objetivo?

  • La Comisión Europea ha establecido una metodología de cuantificación común y la obligatoriedad de que los Estados Miembros reporten la cantidad de PDA que generan anualmente.
  • En Cataluña, la ley de prevención y reducción de las PDA aprobada en 2020 establece medidas para todos los eslabones de la cadena alimentaria. Por ejemplo, es de obligatoriedad que las empresas del sector agroalimentario tengan planes de prevención de las PDA.
  • A nivel estatal, se está trabajando en el anteproyecto de ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario que debería salir a la luz este mismo 2022. Pese a las demandas de las entidades sociales y colectivos activistas, está por ver en qué medida exigirá medidas de prevención y reducción de las PDA a las empresas agroalimentarias.

(r9)Alimenta: un programa impulsado para promover el cambio en organizaciones del sector agroalimentario y de la economía verde

En este contexto, es necesario que existan profesionales, tanto del sector empresarial, como de entidades sociales y de la administración, que estén formados en esta temática y sean claves para que el sector cumpla con las futuras obligaciones legislativas, además de devenir ejemplo de iniciativas para el aprovechamiento de alimentos.

Bajo esta premisa, desde la Fundación Espigoladors impulsamos y desarrollamos el proyecto “(r9)Alimenta – Las Rs de las pérdidas y el desperdicio alimentario para la economía verde” , con el apoyo del Programa Empleaverde, iniciativa puesta en marcha por la Fundación Biodiversidad a través del Fondo Social Europeo.

Un programa de formación y asesoramiento a través del cual hemos acompañado, durante 7 meses, a personas trabajadoras de empresas agroalimentarias, entidades sociales e instituciones públicas dotándoles de conocimientos y competencias en materia de sostenibilidad y economía verde. En especial, se ha profundizado en la temática de las PDA, visibilizando sus impactos, reflexionando sobre sus causas e identificando cómo podemos combatirlas, tanto a través de la prevención como de la revalorización.

El proyecto se ha enmarcado en las comunidades autónomas de Andalucía y Murcia, dos de las regiones donde se concentra la producción agroalimentaria de España y, por lo tanto, con un elevado número de actores que trabajan en este sector clave para la lucha contra las PDA.

Los retos de las participantes: tres testimonios en el marco de la concienciación y la transformación alimentaria

En una segunda fase, los y las participantes de (r9)Alimenta han podido trabajar un caso práctico o proyecto vinculado a su actividad laboral que contribuyera a la lucha contra las PDA. Para ello, se realizaron sesiones de asesoramiento personalizados entre los y las asistentes al curso y profesionales del equipo de Espigoladors, que los acompañaron en el desarrollo y concreción de su iniciativa.

Han sido muchos los retos que han surgido, desde diversos ámbitos y con distintos enfoques. Damos voz, en este artículo, a tres de las iniciativas planteadas.

“Huelva se alimenta cuidando su diversidad cultural y ambiental” es el nombre del proyecto pedagógico ideado y desarrollado por Isabel Brito, bióloga, activista ambiental y funcionaria del Servicio de Medio Ambiente y Energía de la Diputación de Huelva.

Como nos cuenta en primera persona, “dicho nombre incorpora el concepto de Huelva como territorio que alimenta, dentro y fuera de nuestras fronteras. Se la conoce como despensa de Europa. La propuesta se centra en los alimentos locales y los alimentos procedentes de países latinoamericanos que actualmente forman parte de nuestra cocina. Nos propone recuperar saberes, a través del aprovechamiento de alimentos en nuestras recetas culinarias. Y nos invita a incorporar el sabor de calidad que nos ofrece nuestro entorno natural diverso y único, encarnado por las dehesas, las marismas, el Andévalo y la costa.”

La diversidad cultural y ambiental son dos ejes claves de su iniciativa, que se materializará en una maleta pedagógica: un recurso educativo para sensibilizar, a través del aprovechamiento alimentario, sobre la importancia de tener una alimentación saludable y sostenible. “A través de once actividades sencillas pero divertidas en las cuales, a través del juego, los talleres, las excursiones, las visitas, las nuevas tecnologías y los recetarios de aprovechamiento, todos y todas podamos acercarnos más a nuestra cultura culinaria, y al mismo tiempo contribuir a conservarla”, nos cuenta Isabel.

Isabel Brito, en el entorno del Parque Natural de Doñana.

Susana y María José, son integrantes de la Asociación Subbética Ecológica. Situada en Cabra (Córdoba), la asociación aúna a familias productoras con familias consumidoras, pequeños establecimientos, grupos de consumo y comedores escolares en torno a la alimentación ecológica. El proyecto cuenta también con un obrador de conservas, principal motivo por el cual se unieron al programa. “El reaprovechamiento de excedentes y la conciencia por no desperdiciar alimentos está en la base del trabajo de elaboración de conservas y elaborados que realizamos. Poder conocer más a fondo la problemática y la experiencia de otros colectivos es lo que nos hizo sumarnos al programa”, nos comentan.

Durante el asesoramiento, detectamos aspectos de mejoría en materia de comunicación y marketing, así como en los procesos productivos del obrador, a partir de los conocimientos del equipo de Espigoladors y de su obrador es im-perfect. “La idea es, por un lado, poder mejorar nuestros procesos y conocer nuestros rendimientos y posibilidades, para poder ayudar a nuestras familias hortelanas con sus excedentes. Y, por otro, saber transmitir a nuestras familias consumidoras la importancia de comprar nuestros productos no sólo por su carácter saludable, local y ecológico, sino por esa apuesta que hacemos para que esa pérdida de productos no se produzca”, explican Susana y María José. 

En el obrador ecológico de la Subbética elaboran todo tipo de conservas vegetales, como salsas y encurtidos.

Borja del Valle, actualmente consultor ambiental en Ideas Medioambientales, se unió al programa siendo técnico de medioambiente de la Mancomunidad Turística de Sierra Espuña, en Murcia. En concreto, estaba involucrado en el proyecto Agroeconatura, que tiene el objetivo de fomentar la venta y el consumo de productos locales, así como dignificar el papel del campesinado.

En su paso por (r9)Alimenta ha trabajado en la elaboración de una guía para fomentar la sostenibilidad en el proyecto a través de la prevención de las PDA. Un decálogo de consejos y aspectos clave para la producción primaria, la venta al detalle y la restauración que está pendiente de publicación. “Lo que quería es, por un lado, crear conciencia sobre las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario y, por otro lado, ayudar a los sectores con los que trabajaba a que pudieran optimizar sus recursos y reducir este tipo de residuos”, explica Borja.

Tres ejemplos que, junto a las otras iniciativas de (r9)Alimenta, esperamos y deseamos que se conviertan en referentes y fuentes de inspiración para tantas otras organizaciones, empresas o entidades que quieran pasar a la acción para hacer frente a la urgente y necesaria reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario.

El Pacto de Milán y seis ejes para poner la alimentación saludable y sostenible en el centro

El Pacto de Milán y los seis ejes de Espigoladors para poner la alimentación saludable y sostenible en el centro

En el marco de la Capitalidad de la Alimentación Sostenible, Barcelona acogió, el pasado octubre, el 7º Foro Global del Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán: un espacio de encuentro y reflexión conjunta sobre la relación entre el sistema agroalimentario, la alimentación urbana y la emergencia climática. Repasamos los puntos clave del Pacto y cómo las acciones que impulsamos desde Espigoladors se encuentran alineadas con éste.

En 2015 se aprobó el Pacto de Milán, que hasta la fecha han firmado 210 ciudades de todo el mundo, entre ellas Barcelona y el Prat de Llobregat. Éste es un documento que quiere promover el compromiso de las Administraciones de avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles, resilientes e inclusivos, que aseguren que todas las personas tengan acceso a una alimentación saludable, reduzcan las pérdidas y el desperdicio alimentario, y promuevan la mitigación del cambio climático y la defensa de la biodiversidad.

Es importante destacar que el Pacto se da entre ciudades porque actualmente los centros urbanos agrupan a más de la mitad de la población mundial, una cifra que sin duda aumentará año tras año debido a los procesos de urbanización. Así, las ciudades de todo el mundo se preguntan qué acciones pueden emprender en materia de alimentación a través de la revisión de sus políticas y planes, y de la promoción de nuevas iniciativas.

Para desarrollar un sistema agroalimentario sostenible es imprescindible trabajar desde una visión global y transversal de la alimentación. Las acciones que emprendan las administraciones, por tanto, deberán involucrar a todos los agentes de la cadena alimentaria: producción, distribución, transformación y comercialización de alimentos. Siguiendo esta línea, el Pacto de Milán propone un Marco Estratégico de Acción, que cada ciudad puede adaptar a su contexto. Uno de sus puntos centrales es la defensa de los agricultores y agricultoras locales, aspecto que propone trabajar desde el aumento de la producción urbana y periurbana de carácter agroecológico, y desde el fomento de los circuitos cortos de comercialización. También recoge la necesidad de promover la distribución y transformación alimentaria local y de bajo impacto ambiental, la promoción de los comercios de proximidad y los mercados locales, y de la sensibilización ciudadana en materia agroalimentaria. Todos estos puntos, además, deben enmarcarse dentro de la equidad social y la dignidad laboral y que se generen y se revisen desde procesos de gobernanza compartida.

A todos los efectos, buena parte del Marco de Acción del Pacto de Milán, también se encuentra apoyado por otras Estrategias y Planes que sirven de guía a las Administraciones locales del Área Metropolitana de Barcelona. Destacan el Plan Estratégico de la Alimentación de Cataluña y la Carta Alimentaria de la Región Metropolitana de Barcelona.

El Pacto de Milán, más allá de ser un marco protocolario internacional, es también un espacio de encuentro y reflexión conjunta de todos los centros urbanos que han emprendido acciones de fomento de modelos agroalimentarios saludables y sostenibles. Cada año, una de sus ciudades firmante, se convierte en la Capital Mundial de Alimentación Sostenible. La ciudad escogida se convierte en un centro donde se lleva a cabo el Foro del Pacto y donde, además, se promueven acciones e iniciativas que trabajen en el marco de la alimentación saludable y sostenible. Este año, Barcelona es la Capital Mundial de la Alimentación Sostenible y, como tal, acogió el 7º Foro del Pacto de Milán. Éste, que tuvo lugar entre el 19 y el 21 de octubre, fue un espacio de encuentro y reflexión conjunta sobre la relación entre el sistema agroalimentario, la alimentación urbana y la emergencia climática. También en este marco se ha impulsado el Barcelona Challenge on Good Food and Climate, que cuenta con un Toolkit innovador para calcular el impacto en términos de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero que tienen las políticas alimentarias de los municipios .

Los seis ejes de Espigoladors por la alimentación saludable y sostenible

En el contexto de la celebración de la Capitalidad de la Alimentación Sostenible de Barcelona, ​​desde la Fundación Espigoladors queremos reivindicar nuestra labor de reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario y de fomento de la alimentación saludable, que tantos puntos en común tiene con las nuevas líneas de trabajo que la ciudad ha puesto en marcha.

Por eso hemos establecido seis ejes o puntos que, para nosotros, definen la alimentación saludable y sostenible. Éstos se encuentran siempre presentes en todas las acciones que realizamos, y trabajan en la misma línea que el Pacto de Milán:

  1. Reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario a través del fomento de la cultura del aprovechamiento en todos los eslabones de la cadena alimentaria. Queremos reducir los impactos ambientales y social tan severos asociados a esta problemática.
  2. Dignificación del campesinado local y recuperación del valor de los alimentos a través del acercamiento de las personas de la ciudad a los campos del sector primario. El espigueo es una herramienta de sensibilización de gran impacto que permite romper con la dicotomía campo-ciudad y que, además, puede convertirse en un altavoz de las reivindicaciones del sector primario local.
  3. Incremento del consumo de frutas y verduras locales y de temporada en los Servicios de Distribución de Alimentos para fomentar la equidad en el acceso a dietas saludables, equilibradas y sostenibles.
  4. Fomento del consumo de productos de temporada y de proximidad, y promoción de su accesibilidad al conjunto de la población. Queremos romper con el paradigma de que la alimentación saludable es excluyente, y además queremos dar una salida comercial a las producciones del campesinado local.
  5. Transformación local de los alimentos con criterios de sostenibilidad y de justicia social a través de la Empresa de Inserción es im-perfect®.
  6. Promoción de la vertiente comunitaria de la alimentación. Queremos fomentar la cooperación entre todos los agentes de la cadena alimentaria y crear redes vecinales y comunitarias que pongan la alimentación en el centro y promuevan la participación activa de todos los colectivos. Sin duda, una de las comunidades que más promovemos es la de las espigadoras y espigadores.

El impacto que queremos promover desde Espigoladors no se agota en el corto plazo; queremos que también tenga un impacto a largo plazo que permita construir estos sistemas agroalimentarios resilientes de los que habla el Pacto de Milán. Por eso leemos la problemática de las pérdidas y el desperdicio alimentario, nuestro campo de acción principal, como una problemática originada por el modelo agroalimentario imperante y, en consecuencia, como una palanca de cambio de éste. Éste es un modelo globalizado, industrializado y mercantilizado que se aleja de cualquier paradigma de sostenibilidad ambiental y justicia social. La lucha por el aprovechamiento alimentario y la equidad en el acceso a dietas saludables y sostenibles es un campo de acción que cuenta con el apoyo de buena parte de los agentes de la cadena agroalimentaria, y que permite introducir cambios de forma progresiva que trabajen en la promoción de la soberanía alimentaria, un paradigma que busca también el Pacto de Milán.

Para seguir construyendo alternativas alimentarias y tener un mayor impacto, estamos seguras de que debemos hacerlo de la mano de las Administraciones. Por este motivo, celebramos la apuesta de Barcelona y el Área Metropolitana por la construcción de un modelo alimentario saludable y sostenible a través del Pacto de Milán y de la Capitalidad. Esperamos poder seguir tejiendo sinergias en el impulso de nuevos proyectos que tengan este impacto a largo plazo que tanto procuramos desde ambas partes.

Josep Lluís Escuer: «Hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario»

Josep Lluís Escuer: «Hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario»

Josep Lluís Escuer es representante de la Cooperativa agraria Fru-Rose (Lleida) y miembro del Consejo Rector de la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) en el ámbito de los suministros. Además, también representa a esta organización en la Comisión de Despilfarro y Sostenibilidad del Consejo Catalán de la Alimentación y la Comisión Asesora del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), entre otros. Esta vinculación con el campo le viene de lejos: él mismo es productor e hijo de productores de melocotón, nectarina, paraguayo y pera.

Después de un 2020 difícil por culpa del coronavirus, el campesinado local sigue afrontando retos no menos complicados: la globalización del mercado, disminución de los ingresos, cambio climático, especies invasoras, etc. Hablamos con Escuer de la situación actual la agricultura local y de las claves para poder seguir manteniéndola en el futuro.

P: Josep Lluís, tú mismo eres productor de fruta dulce: melocotón, paraguayo, nectarina… ahora que estamos en plena temporada, ¿Cuál es tu valoración hasta ahora?

R: La verdad es que esta campaña no es muy buena: este año hay poca producción debido a las heladas de primavera. Está siendo una cosecha accidentada, de calidad un poco deficiente… es una de esas campañas que nos gustaría terminar cuando antes, mejor.

P: ¿Qué quiere decir con «deficiente»?

P: Quiero decir que nos encontramos con huesos abiertos, picaduras, calibre pequeño, deformaciones, Russeting -marcas y rugosidades de la piel-… es decir, defectos que provocan que al final la fruta no se venda. Para que os hagáis una idea del impacto: en condiciones favorables en mis campos se pueden llegar a producir unas 300 toneladas de fruta y este año creo que apenas llegaremos a hacer 150.

Fruto doble.

P: Hay estudios que atribuyen estas heladas al cambio climático. ¿Qué cambios has notado en el campo en los últimos años relacionados con el calentamiento global?

R: El cambio climático se hace notar de forma importante cada día, y cuando lo vemos más es en el momento de la floración y la cosecha: estos procesos ocurren cada vez más pronto por culpa de las altas temperaturas. Por otra parte, las tormentas de verano, las granizadas y los temporales provocan unos estragos de miedo: tengo compañeros de la zona de Torroella de Montgrí que, por culpa del Gloria ¡llegaron a sufrir inundaciones de hasta un metro y medio en sus campos de manzanos!

P: ¿Hay posibilidad de adaptarse a esta nueva realidad?

R: Evidentemente, y por eso estamos trabajando conjuntamente con instituciones como el IRTA para conseguir variedades de plantas más adaptadas al cambio climático: las especies capaces de resistir las altas temperaturas y la falta de riego son las más buscadas. Desgraciadamente, no tengo claro si conseguiremos adaptarnos a este cambio lo suficientemente rápido…

P: ¿El cambio climático es el principal problema del campesinado?

R: ¡Qué va! Uno de los principales problemas que tenemos es la falta de entendimiento entre las administraciones y el campo; creo que todavía los gobiernos no son conscientes de la situación real. Por ejemplo: en los discursos a menudo oímos hablar de «producción ecológica» y es algo que suena muy bien, pero la realidad es que cada vez contamos con menos productos para poder combatir unas plagas que, en parte por culpa del cambio climático, son cada vez más agresivas. Dentro de pocos años me temo que habrá producciones que no puedan salir adelante porque la mayor parte de la cosecha se habrá perdido por culpa de unas plagas que no podremos controlar.

La solución es escuchar a quienes trabajamos la tierra, ya que la conocemos de primera mano. Y evidentemente nunca renunciaremos a la sostenibilidad… somos los primeros a los que nos interesa cuidar el medio ambiente, ya que dependemos de él para poder vivir.

P: Desde entidades, instituciones, grupos ambientalistas… insistimos mucho en la necesidad de consumir producto de proximidad y en la problemática que las importaciones causan tanto a nivel económico como ambiental. Pero, ¿actualmente Cataluña tiene suficiente suficiencia alimentaria? ¿Es viable limitar o prohibir las importaciones?

R: Yo pienso que Cataluña puede ser un país capaz de abastecerse perfectamente; tenemos fruta, carne, vinos, trigo… ¡prácticamente no nos falta de nada! Además, en temas agrarios, hemos demostrado ser un país con tradición pionera: fuimos la primera Comunidad Autónoma que tuvo una consejería de medio ambiente. El problema es que nunca hemos sido capaces de transformar todo este esfuerzo en un valor añadido que lo compense.

Por otra parte, yo creo que «prohibir» las exportaciones quizás sería demasiado radical; lo único que pedimos es que, como mínimo, podamos competir en las mismas condiciones. Esto ahora no está pasando y he aquí un ejemplo: durante las negociaciones para aprobar la nueva PAC, en Bruselas, desde las cooperativas insistimos muchísimo en que se apliquen los mismos criterios de producción -ya bastante exigentes- los productores de países de fuera de la Unión Europea… ¡y al final no han querido! Es decir, que a nosotros nos prohíben utilizar productos y técnicas para, supuestamente, preservar la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad, pero luego se permite la entrada de producto de fuera sin control. Y nosotros, además, pagamos las consecuencias: sea en forma de caída de precios por saturación del mercado o sea en forma de especies invasoras en nuestros campos.

P: Últimamente estamos viendo noticias muy preocupantes en relación al campo: productores que tiran alimentos como acción desesperada de denuncia, agricultores que se ven obligados a poner sus campos a la venta y, incluso, hechos tan graves como el incremento de suicidios entre el campesinado en algunos países como Francia. ¿Cuáles son las causas de este fenómeno?

Iniciar y mantener una nueva empresa agraria, para un pequeño productor, es una tarea imposible: levantarla y mantenerla equivale a una fortuna que al final no sirve para nada. Las grandes cadenas de distribución ganan mucho dinero realizando prácticas desleales y obligando al productor a vender la fruta a un precio ridículo. ¡A mí hace un par de años me llegaron a pagar sólo 18 céntimos por un kilo de fruta! Nos estamos arruinando.

Así las cosas, ¿Quién toma el relevo después? El resultado es que hay fincas y campos abandonados o que acaban en manos de fondos buitre y sirviendo a los intereses de la industria especulativa.

Melocotones.

P: Como pequeño productor, ¿Cuál es la hoja de ruta a seguir para asegurar el futuro de la agricultura local?

La clase política debe ser consciente de la tarea que hacemos en el mundo rural: campesinado somos los «jardineros y jardineras» del territorio y somos quien produce los alimentos para la población. A nosotros nos gustaría ganarnos la vida sin ninguna ayuda, pero desgraciadamente en el contexto actual no tenemos más remedio que depender de ella. Si las administraciones quieren que seguimos haciendo cultivos comprometidos y sostenibles necesitamos más ayudas para que, hoy por hoy, no ganamos lo suficiente para mantenernos.

Por otra parte tengo claro que hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario. Si es evidente que los productores estamos vendiendo por debajo de coste, por qué no se hace nada para evitarlo? El único control que hay es lo que ejercemos los pequeños productores y productoras de forma autónoma, y ​​eso nos hace sentirnos abandonados.

Y por último hay que impulsar dietas sanas y saludables entre la población, porque ahora mismo en nuestro mercado hay poca demanda de fruta y verdura. ¿Sabías que en Italia consumen 8 veces más fruta y verdura que en España? Necesitamos comer más fruta y verdura fresca y de proximidad.

P: En los últimos años también has ejercido de representante la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) en el proceso de elaboración de la Ley 3/2020, de prevención de pérdidas y desperdicio alimentarios en Cataluña. Hace ya más de un año que la ley se ha aprobado; ¿Cuál es tu balance?

R: Creo que esta ley constituye un punto de partida muy bueno de cara a luchar contra las pérdidas y el desperdicio en toda la cadena alimentaria. Aún así creo que acaba de empezar y aún hay que desarrollarla mucho más: se deben implementar mecanismos de control en todos los eslabones de la cadena alimentaria, no sólo en el campo. Por otra parte, hay que establecer más alternativas para toda esta fruta y verdura excedente como por ejemplo la transformación… o bien canalizarla para que llegue a las familias que lo necesitan, como se hace desde Espigoladors. Ahora bien, tal y como comentaba antes, hay que ir a la raíz del problema si realmente queremos provocar un cambio en la tendencia actual.

Food Relations: cocina de aprovechamiento, interculturalidad y empoderamiento

Food Relations: cocina de aprovechamiento, interculturalidad y empoderamiento

Este mes de julio concluyó la tercera edición del Food Relations, un programa europeo impulsado por la ONG ABD y en el que la Fundación Espigoladors hemos colaborado haciendo talleres de cocina intercultural y de aprovechamiento. El objetivo del programa es la inserción social y laboral de mujeres migrantes y refugiadas en riesgo de exclusión social del barrio de Sants; las actividades se desarrollaron en los fogones de la cocina del recinto de Can Batlló, un espacio referente en proyectos alternativos y de la economía social en Barcelona.

«Nunca había aprendido a improvisar, a fusionar… a encontrar soluciones imaginativas para no tirar comida«.

El reto anual del programa consiste en que las 14 participantes deben cocinar y planificar un «menú fusión» que incluye comidas propios del país de origen de cada una: «Food Relations para mí es un proyecto innovador y diferente, porque algo tan cotidiano como es la comida adquiere una importancia muy grande a la hora de conocer otras culturas como por ejemplo el árabe, que siempre me había llamado la atención pero nunca había tenido la oportunidad de descubrirla«, explica Mariel, originaria de Honduras, mientras prepara unas pupusas, que son unas pequeñas tortillas hechas con harina de maíz y quesillo, un queso muy popular en Latinoamérica. Mientras pasta las pupusas sobre la mesa y las pasa por la sartén, explica que ella es una apasionada de la cocina (y de la historia), pero que en todos los cursos y formaciones que ha hecho nunca había aprendido tantos trucos de aprovechamiento como al Food Relations: «nunca había aprendido a improvisar, a fusionar… a encontrar soluciones imaginativas para no tirar comida. ¡No sabía que se podía hacer paté de las hojas de una alcachofa! Otra de las cosas que me gustan de este programa es que tengo la oportunidad de aportar mis conocimientos y mi cultura a la vez que estoy aprendiendo cosas nuevas«.

Quien también muestra mucho entusiasmo por el intercambio cultural del programa es Guadalupe, originaria de Perú. Tiene 23 años, y aprovecha cada momento para expresar su entusiasmo por aprender nuevas habilidades: «estoy en una etapa de mi vida en la que quiero aprender muchísimo y, en materia de cocina, los talleres del Food Relations me han abierto la mente, hay tantas cosas que no sabía …!«; si bien su madre y su abuela le habían enseñado trucos para aprovechar la comida, no había pensado en el ahorro energético: «Las compañeras nos han dado muchos consejos que ahora aplico en casa y que me permiten ayudar al medio ambiente con gestos tan pequeños como poner a hervir un cazo«. Su aportación al menú es una causa limeña, un plato hecho de patata, pollo y verduras que, según Guadalupe, se inventó después de una guerra y ahora es un símbolo de reunión y concordia que actualmente se consume en celebraciones con amigos y / o familiares.

«Los talleres del Food Relations me han abierto la mente, ¡hay tantas cosas que no sabía…!»


Ambas participantes destacan el vínculo que se ha formado entre ellas y las demás participantes: «agradezco muchísimo la oportunidad de haber conocido a las otras chicas: ¡son estupendas!«, remata Mariel. Más allá de los conocimientos de cocina, las participantes intercambian sus experiencias vitales como mujeres y migrantes llegadas a un país donde desgraciadamente todavía se topan con muchas barreras; todas ellas ahora forman parte de una «familia» en la que las unas cuidan de otras.

Desde Espigoladors nos sentimos muy orgullosas de haber participado en este proyecto y agradecemos infinitamente a Food Relations, ABD y Can Batlló que hayan contado con nosotros en este proceso de empoderamiento y lucha por el aprovechamiento alimentario de estas mujeres valientes y geniales. ¡Esperamos con ganas la próxima edición!

Josep Miquel Fibla: «Lo ideal es que todo el mundo consuma de proximidad y de temporada: no habría que importar y así se protegiría a la agricultura local»

Recientemente desde la Fundación Espigoladors organizamos un espigueo en Bítem (Tortosa) para recoger naranjas en el marco de un convenio de colaboración con el IRTA para recuperar alimentos descartados del mercado y canalizarlos a entidades sociales durante los próximos tres años. Hablamos con Josep Miquel para indagar un poco más en las causas que provocan pérdidas de hasta del 50% de la cosecha junto con todos los recursos (agua, suelo) que se emplean en el cultivo.

Josep Miquel Fibla: «Lo ideal es que todo el mundo consuma de proximidad y de temporada: no habría que importar y así se protegiría a la agricultura local»

Josep Miquel Fibla, investigador del IRTA, explica les causas del ennegrecimiento de la naranja en Bítem (Amposta)

Conversamos con Josep Miquel Fibla, investigador del IRTA, sobre biodiversidad agrícola y pérdidas alimentarias

Josep Miquel Fibla es investigador del programa de fruticultura del Instituto de Investigación y Tecnologías Alimentarias (IRTA), un organismo perteneciente a la Generalitat de Cataluña que tiene como objetivo impulsar la investigación y el desarrollo tecnológico en el ámbito agroalimentario en el campo catalán. Su especialidad son los cítricos y, como no podía ser de otra manera, desarrolla su labor en las Tierras del Ebro, una región que desde mediados del siglo pasado se ha especializado en este cultivo.

Recientemente desde la Fundación Espigoladors organizamos un espigueo en Bítem (Tortosa) para recoger naranjas, en el marco de un convenio de colaboración con el IRTA para recuperar alimentos descartados del mercado y canalizarlos a entidades sociales durante los próximos tres años. Hablamos con Josep Miquel para indagar un poco más en las causas que provocan pérdidas de hasta del 50% de la cosecha junto con todos los recursos (agua, suelo) que se emplean en el cultivo.

P: Josep Miquel, tu eres investigador del programa de fruticultura del IRTA. ¿En qué consiste este programa?

R: El programa de fruticultura del IRTA es un programa que hace muchos años se desarrolla en parcelas experimentales en Cataluña con el objetivo de introducir nuevas variedades de especies frutícolas en el territorio, para poder desestacionalizar su producción y alargar la temporada.

Josep Miquel Fibla en la parcela experimental del IRTA en Bítem (Amposta)

P: ¿En qué campos de Cataluña se desarrolla este programa? ¿Y en qué cultivos?

R: El programa de Fruticultura del IRTA se desarrolla desde hace muchos años en todo el país en diversos cultivos, principalmente de fruta dulce, pero en las Tierras del Ebro se desarrolla la Citricultura desde hace muchos años, y concretamente en la finca de Bítem, se ha hecho investigación sobre nuevas variedades de naranjas, las cuales muchas de ellas ya se han llegado a plantar en la comarca de manera comercial.

P: Recientemente el IRTA ha firmado un convenio de colaboración con la Fundación Espigoladors para espigar aquellos cítricos que ni siquiera se llegan a recoger porque quedan fuera del circuito comercial. ¿Cuáles son las causas de estas pérdidas en los campos del IRTA? ¿Cuántos alimentos se pueden llegar a perder?

R: Las pérdidas alimentarias en los campos de IRTA vienen causadas principalmente por dos factores: las plagas y los factores climatológicos, como por ejemplo las granizadas. Las plagas en particular están causando muchos estragos, porque este año los cítricos se ven atacados simultáneamente por tres especies de mosca blanca. Estos insectos no dañan la fruta per se, pero producen una melaza que atrae la fumagina, un hongo de color negro -de ahí el nombre popular de «negrita» – que ennegrece la fruta y, por tanto, hace que quede fuera del circuito comercial , aunque por dentro esté en perfecto estado.

En condiciones favorables a nuestros campos se puede llegar a perder hasta un 10% de la cosecha, pero cuando hay plagas o temporales estas pérdidas pueden trepar y sobrepasar el 50%.

P: ¿A qué cultivos afecta principalmente?

R: A los árboles frutícolas, como los cítricos (naranja, mandarina); también tenemos noticia de afectaciones a los campos de caquis de otros agricultores y agricultoras de la zona.

Naranja afectada por la fumagina

P: ¿Qué soluciones se han propuesto para hacer frente a estas pérdidas? Son definitivas?

R: En el caso que nos ocupa, desgraciadamente las soluciones que tenemos al alcance pasan por aprender a convivir con estas plagas y adaptarnos a ellas, mediante tratamientos más específicos. No tenemos alternativa, ya que estos problemas vienen dados por unas temperaturas cada vez más elevadas, producidas por el cambio climático, y la introducción de nuevas especies que rápidamente se adaptan a nuestro entorno pero a la vez son resistentes a los tratamientos que habíamos utilizado tradicionalmente.

Y tenemos que actuar deprisa: últimamente tenemos noticias de la aparición de especies invasoras como el cotonet de Sudáfrica, que está causando la pérdida del 100% del cultivo y supone un problema muy serio para la agricultura local.

P: ¿Tendremos que afrontar más problemáticas como ésta en un futuro cercano? ¿Hay alguna manera de evitarlas?

R: Tal y como están las cosas ahora, seguramente seguiremos enfrentándonos cada vez a más problemas como este. La solución pasa, por un lado, para que las administraciones hagan controles a las frutas y verduras que vienen de otros países para evitar la entrada de más especies invasoras. Lo ideal, sin embargo, es que todo el mundo consuma de proximidad y de temporada: si fuera así, no sería necesario importar y probablemente no correríamos tantos riesgos.

P: Estos días celebramos la Semana de la Naturaleza y, concretamente, el pasado 22 de mayo fue el Día Internacional de la Diversidad Biológica. En qué consiste la biodiversidad cuando hablamos de agricultura? ¿Qué relación tiene con la agricultura sostenible? ¿La diversidad de cultivos puede evitar las pérdidas alimentarias?

R: El término «biodiversidad» en agricultura implica muchas cosas. Podemos hablar de biodiversidad de fauna (es decir, aquellos insectos o animales que pueden ser beneficiosos o no para el cultivo) o de flora. Si favorecemos la diversidad podemos controlar las plagas de forma biológica y ahorrarnos muchos químicos; por no hablar de que cada vez tenemos que ajustar más el uso del agua y, en un contexto de cambio climático, necesitamos plantas que sean resistentes a las altas temperaturas para evitar futuras pérdidas causadas por la falta de riego. No obstante, siempre quedará algún resto… que puede ser aprovechado por proyectos como el de la Fundación Espigoladors.

Laura, voluntaria: «Ver los camiones de las entidades llenos de comida que hemos cosechado me hace sentirme realizada»

Muchas personas encuentran en el espigueo una manera de reencontrarse con la naturaleza a la vez que realizan una labor en beneficio de la comunidad

Laura, voluntaria: «Ver los camiones de las entidades llenos de comida que hemos cosechado me hace sentirme realizada»

Muchas personas encuentran en el espigueo una manera de reencontrarse con la naturaleza a la vez que realizan una labor en beneficio de la comunidad

Laura, voluntaria, enseña una de las cajas de acelgas que ha recogido en un campo en Viladecans

Aunque se trata de una práctica milenaria, la palabra «espiguear» es bastante desconocida. «No habíamos oído hablar de ello», dicen muchos voluntarios y voluntarias cuando les preguntas cómo es que han terminado cosechando acelgas o coles una mañana de marzo en Viladecans. El espigueo les supone una especie de reencuentro con la naturaleza y con una práctica muy arraigada en nuestra cultura, pero que se ha ido perdiendo con el tiempo -y las lógicas de mercado.

Muchas personas vienen a los espigueos a través de entidades sociales; otros, porque lo vieron en la televisión o en las redes; o gracias al boca-oreja cortesía de amigos y familiares. Y salen entusiasmadas, ya que es fácil encontrarse con quien repite varios días a la semana. En este campo de acelgas del Parque Agrario del Baix Llobregat ya hemos venido hasta 5 veces durante esta temporada, porque el precio de venta de la verdura es tan bajo que al productor no le sale a cuenta invertir dinero para hacer la cosecha.

«Es la segunda vez que vengo, y esta vez me he pedido fiesta en el trabajo expresamente», explica Laura, una voluntaria de 33 años que trabaja de administrativa en Barcelona. «Hace tiempo que tenía ganas de hacer voluntariado y ayudar a los demás, pero no encontraba una iniciativa que me acabara de encajar, porque muchas se desarrollan en el entorno urbano y yo quería trabajar en algo relacionado con el medio ambiente. De hecho, me había planteado apuntarme a limpiar playas «, explica. Pero al conocer el significado del espigueo algo en ella hizo «clic»: «En cuanto lo conocí vi claro que ya había encontrado lo que estaba buscando. Una tarea que me permitía estar en el campo, al aire libre -algo muy necesaria en estos tiempos de pandemia- y ayudar a los demás. Ver los camiones de las entidades sociales llenos de comida que hemos cosechado me hace sentirme realizada. Hemos contribuido al aprovechamiento de todos estos alimentos y hemos ayudado a que más lo necesita «.

Este sentimiento de satisfacción a la hora de ayudar a la comunidad lo comparten también otros voluntarios como Sergio, vecino de Sant Boi y miembro de la Tienda de Alimentos Solidarios. Mientras espiguea naranja amarga de los árboles del barrio de Vinyet, en el marco del proyecto piloto para espigar los árboles frutales de las calles, explica que él en su momento también fue usuario de la entidad: «la Tienda me estuvo ayudando mucho tiempo y creo que hay que devolver el favor de alguna manera «. Gema, que también es miembro de la Tienda, comenta que ella está en el paro y que «este voluntariado es el mejor trabajo que puedo hacer».

Voluntarios y voluntarias de la Tienda Solidaria de Sant Boi, en el espigueo de naranja amarga de calle organizada en la ciudad el pasado mes de marzo

Con nuestra labor forma hacemos crecer movimiento social que reivindica que las personas deben estar en el centro de la economía: los colectivos más vulnerables, los productores y productoras y, por supuesto, el conjunto de personas voluntarias, entre otros.

Un cambio de conciencia social, revalorizar los alimentos y promover una cultura de aprovechamiento son aspectos clave para revertir la amenaza del cambio climático y promover el aprovechamiento alimentario es una de las vías para conseguirlo.

Como Laura y Sergio, más de 2.000 voluntarios y voluntarias de toda Cataluña ya han vivido experiencias espigadoras el Parque Agrario del Baix Llobregat o en las zonas agrícolas del Maresme, el campo de Tarragona y Tierras del Ebro. Y tú, quieres unirte al movimiento? Hazte espigador / a! #JoEspigolo

El derecho a la alimentación saludable

Repasamos los aspectos clave de un derecho que aún no se cumple en el marco del Día Mundial de la Salud.

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Aprendizaje y Servicio para el aprovechamiento alimentario: transformación social desde la acción local y comunitaria

Aprendizaje y Servicio para el aprovechamiento alimentario: transformación social desde la acción local y comunitaria

Ponemos en marcha cuatro proyectos ApS con grupos de jóvenes para empoderarlos a crear intervenciones que reduzcan las perdidas y el desperdicio alimentario en su entorno local

Alumnas y alumnos del INS Costa i Llobera en una sesión del proyecto ApS

Buena parte del desperdicio alimentario que se produce a nivel doméstico, de la restauración y del pequeño comercio se podría evitar cambiando nuestros hábitos cotidianos. ¿Os imagináis que cambio más grande podríamos promover si consiguiéramos que todas las personas introdujéramos el concepto de aprovechamiento alimentario en nuestro día a día? Este es el reto al cual dan respuesta las jóvenes y los jóvenes que participan en los proyectos de Aprendizaje y Servicio (ApS) que la Fundación Espigoladors llevamos a cabo con el apoyo del Departamento de Territorio y Sostenibilidad de la Generalitat de Catalunya. Bajo el lema “Somos parte de la solución al desperdicio alimentario”, éstos promoverán acciones comunitarias que trabajen para la sostenibilidad ambiental y la justicia social.

Los ApS son proyectos educativos que combinan la formación de carácter teórico con la implicación, a través de la realización de un servicio, en la realidad social más cercana de las participantes. Así, a través del conocimiento en profundidad de una temática que genera una problemática social y/o ambiental, se crea una intervención que revierte en el conjunto de la comunidad. Son, pues, proyectos de compromiso con el entorno.

Por tercer año consecutivo, Espigoladors hemos puesto en marcha proyectos ApS con alumnos de educación secundaria que tienen ganas de trabajar para el aprovechamiento alimentario. Este año, estamos trabajando de nuevo con el INS Vila de Gràcia, y hemos sumado colaboraciones con tres nuevos centros educativos: el INS Olorda de Sant Feliu de Llobregat, el INS Costa i Llobera de Barcelona, y la Escuela Nuestra Senyora del Mar del Prat de Llobregat. ¡En total son más de 80 jóvenes que iniciarán proyectos locales para dar respuesta a una problemática global!

Pero ¿cómo podemos crear un proyecto comunitario que sensibilice a las vecinas y vecinos del barrio sobre la importancia de fomentar el aprovechamiento alimentario? En primer lugar, deberemos realizar una investigación exhaustiva de la problemática. A través de diversas sesiones, descubriremos que bajo las toneladas de alimentos descartados se esconde un conjunto de problemáticas ambientales, injusticias sociales y pérdidas económicas.

Alumnas y alumnos del INS Vila de Gràcia en una sesión de investigación de la problemática de las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Cuando ya seamos expertas y expertos en pérdidas y desperdicio, tendremos que hacer una diagnosis para conocer nuestro entorno y las maneras como esta problemática se desarrolla en él. Para hacerlo, saldremos al barrio para convertirnos en investigadores e investigadoras y recoger toda la información que necesitamos para crear nuestras las intervenciones.

Las y los alumnos de la Escuela Nostra Senyora del Mar, que iniciaron el ApS durante el primer trimestre del curso escolar, ya han realizado esta diagnosis. En pequeños grupos han estudiado todos los puntos de la cadena alimentaria que se encuentran en su municipio. Así, han entrevistado a agricultores y agricultoras del Parque Agrario del Baix Llobregat, a pequeños comercios y supermercados, a bares y restaurantes del municipio, e incluso han observado cuál es la situación en el comedor de su centro.

Con toda la información recogida, ya podremos generar ideas para crear nuestros servicios y desarrollarlos, como están haciendo las y los alumnos del Prat. Desde Espigoladors tenemos muchas ganas de descubrir cuáles serán los proyectos que crearán los y las jóvenes de todos los centros con quienes trabajamos para incidir en su entorno. Pronto las daremos a conocer para que puedan servir de inspiración para otras iniciativas.

En definitiva, los ApS nos demuestran que a partir de la acción local y comunitaria podemos incidir en la transformación de una problemática global. Y es que, actuando de manera local, ¡podemos cambiar el mundo! Además, también evidencian que los y las jóvenes son un colectivo clave para promover cambios sociales y ambientales. Es imprescindible que escuchemos sus voces y que busquemos maneras de empoderarlos y empoderarlas, porque tienen una gran capacidad imaginativa para crear nuevos proyectos y movimientos que incidan en su comunidad y en el conjunto de la ciudadanía.

Con el apoyo de:

Una lectura crítica del nuevo informe sobre desperdicio alimentario publicado por el PNUMA

La Fundación Espigoladors propone una revisión de la metodología y la interpretación de los datos recogidos en el nuevo informe sobre desperdicio de PNUMA para poder avanzar hacia la construcción de soluciones transversales a esta problemática.

Una lectura crítica del nuevo informe sobre desperdicio alimentario publicado por el PNUMA

El desperdicio alimentario es un emergencia climática y social. El nuevo informe del PNUMA publicado esta misma semana de marzo muestra nuevos datos de la magnitud de esta problemática. Pero, aunque estos puedan sernos de utilidad para crear un marco conceptual de esta problemática, no deben eclipsar la necesidad aún latente de crear modelos transversales que trabajen en la prevención y reducción del desperdicio y de sus efectos sociales y ambientales.

La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas establece que “De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.”

Para la medición de la consecución de esta meta por parte de los Estados Miembros signatarios, se han diseñado dos componentes específicos. Uno medirá las pérdidas y otro el desperdicio. Las pérdidas se medirán con el Índice de pérdidas de alimentos, centrado en los alimentos que se descartan desde la producción en los campos, hasta el nivel minorista, sin incluirlo. Y el Índice de desperdicio de alimentos que incorpora los niveles minoristas y de consumo. La FAO es la encargada del desarrollo y medición del Índice de pérdidas, y a su vez, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) el de desperdicio.

Celebramos que ayer día 4 de marzo de 2021 PNUMA publicara un primer informe sobre la situación mundial con respecto al índice de desperdicio alimentario. Para su elaboración, los investigadores e investigadoras revisaron los artículos publicados a nivel mundial hasta la fecha que incluyen datos cuantitativos del desperdicio generado en la distribución minorista, la restauración y los hogares. Estos datos han sido comparados con el concepto de desperdicio definido por el PUMA y con su calidad, que se ha estudiado teniendo en cuenta factores como el tamaño de la muestra, el método de medición utilizado o el alcance geográfico de los estudios. Con todo, han elaborado un análisis cualitativo de la calidad de los datos y han establecido recomendaciones para los Estados Miembros en su labor en la recogida de datos. Asimismo, también han realizado una estimación del desperdicio alimentario por país, y han comparado unos con otros.

Las principales conclusiones del artículo son las siguientes:

  • Se estima que en 2019 se han generado 931 millones de toneladas de residuos alimentarios entre la distribución y el consumo a nivel mundial.
  • Las cifras publicadas hasta el momento sobre desperdicio son inferiores a las obtenidas en este estudio del PNUMA. Éste señala que las cifras publicadas en 2011 por la FAO solo representan la mitad el desperdicio que se produce en las últimas etapas de la cadena alimentaria.
  • En el caso de España, el estudio estima que se están desperdiciando 77 kg por persona y año en los hogares.
  • Los datos publicados en este informe permitirán realizar estudios comparativos sobre la evolución de los Estados Miembro en materia de prevención y/o reducción de desperdicio alimentario. En 2022 se realizará una nueva extrapolación por países, que podrá compararse con los datos recogidos en este primer informe.
  • Piden a los Estados Miembros realizar estudios específicos de calidad con los que poder reportar el desperdicio alimentario generado.
  • Hay una gran falta de datos generalizada, y con los informes publicados las estimaciones no tienen una gran precisión. Hay que interpretarlas como un punto de partida, con el cual mejorar la toma de datos y situar el debate en la esfera pública y política.

A pesar de los avances alcanzados con este estudio, no podemos dejar de resaltar múltiples consideraciones que a nuestro parecer son importantes para interpretar de manera correcta las cifras recogidas en el informe del PNUMA y las conclusiones que emanan de éste.

Calidad de los datos:

En primer lugar, es importante poner sobre la mesa que los investigadores e investigadoras del PNUMA reportan de manera recurrente a lo largo del informe la incertidumbre existente en los datos existentes hasta la fecha sobre desperdicio alimentario. Además, posiblemente se han quedado fuera del análisis informes en lenguas distintas del inglés. Por ejemplo, en el caso de España, solo se ha utilizado una referencia cuando existen diferentes informes al respecto, entre los que se encuentra el Panel de desperdicio del Ministerio de Agricultura, que los estudia a nivel de hogares.

En segundo lugar, teniendo en cuenta las características del informe, desde Espigoladors consideramos que los datos recogidos no deberían interpretarse de manera precisa ni usarse para hacer comparaciones entre países. Eso sí, sin lugar a dudas, los datos tienen un gran poder para definir la magnitud de la problemática, que sin duda cuenta con grandes volúmenes y que deben reducirse urgentemente.

Interpretación de los datos y definición de “food waste”

El informe del PNUMA define “food waste” como “el alimento y sus partes no comestibles asociadas, retiradas de la cadena de suministros de alimentos humanos (en determinadas circunstancias); venta minorista, servicios de comida y hogares. Por retirados de la cadena de suministro de alimentos para humanos se entiende cada uno de los destinos finales: vertedero, combustión controlada, alcantarillado, basura / descartes / desperdicios, digestión co / anaeróbica, digestión de abono / aeróbica o aplicación al suelo.”

Los datos reportados en este informe consideran las partes comestibles y las no comestibles. Por tanto, sería más correcto hablar de residuos alimentarios y no de desperdicio alimentario, el término que generalmente se utiliza en lengua española. Somos conscientes que en los países de lengua latina utilizamos el término desperdicio alimentario o similares para referirnos a lo que en inglés es “food waste”, pero en este caso es muy importante tenerlo en cuenta, ya que se están considerando las partes no comestibles de los alimentos desechadas: huesos, pieles de frutas, etc.

Además, normalmente los estudios realizados por Europa y Norte América durante los últimos años centrados en los hogares han puesto el foco en la parte comestible de los alimentos. No hemos podido esclarecer si, en el informe, este factor se ha tenido en cuenta durante la extrapolación de los datos realizada en base a los datos existentes, y en la elaboración del ranking de niveles de desperdicio final por país.

Considerar las partes comestibles y no comestibles en todos los países del mundo para medir el índice de desperdicio puede servir para unificar métodos y estandarizar los datos. No obstante, habría que considerar los patrones alimentarios y la cultura alimentaria de los diferentes países. A modo de ejemplo, no es lo mismo que una familia cocine en casa pollo a partir de un pollo que despluma, deshuesa, etc.; a una familia que ingiere la misma cantidad de pollo pero lo compra en una bandeja monodosis. En el caso de la segunda familia, las plumas, huesos y partes no comestibles del pollo se habrían quedado en puntos anteriores de la cadena alimentaria, mientras que en el caso de la primera, estarían en su cubo de basura y serían consideradas desperdicio. Pasaría lo mismo con una familia que mayoritariamente consume productos pre-cocinados, pre-cortados, congelados, etc., pues teniendo en cuenta este índice acabará generando mucho menos residuos en el hogar que otra que compre producto fresco directamente de los productores y productoras.

Queremos resaltar que hay que interpretar el informe como un ejercicio teórico de extrapolación de datos, pero que hay que tener cautela en el momento de interpretar los datos, y así lo hacen los investigadores a lo largo de todo el informe. En este sentido, no creemos oportuno comparar Nigeria, que según el informe tiene un desperdicio de 189 kilos por habitante, con Estados Unidos con un dato de 59 kilos. En el caso de Nigeria existe un único estudio de referencia, y éste es un estudio elaborado en 2016 a tan solo 100 hogares para evaluar la generación de residuos en sus hogares.  

Meta 12.3

Nos sorprende que el PNUMA reconozca que el Índice de pérdidas y el Índice de desperdicio no sean agregables. Esto quiere decir, que se están dedicando cientos de horas de trabajo (más que necesarias sin duda) para acabar obteniendo unos datos parciales que serán incapaces de mostrarnos como están los diferentes países signatarios de los ODS en materia de pérdidas y el desperdicio a nivel de sistema agroalimentario.

El problema de las pérdidas y el desperdicio alimentario es un problema estructural del sistema agroalimentario, que no puede seguir tratándose de manera parcial analizando individualmente cada una de las etapas de la cadena alimentaria. Los volúmenes generados en una etapa pueden estar causados por comportamientos y decisiones de agentes que operan en otra, pues hay causas multifactoriales que no empiezan ni acaban con el cierre de una etapa.  Por lo tanto, ¿qué sentido tiene que una meta global de reducción de las pérdidas y el desperdicio no tenga un indicador conjunto?

Es necesario poner cifras a los volúmenes generados en cada etapa de la cadena, pero es urgente tener visiones y aproximaciones sistémicas en estas diagnosis si se quiere revertir el actual panorama.

Queremos también resaltar que las definiciones y conceptos usados por la FAO y PNUMA para pérdidas y desperdicio no son equivalentes a los utilizados en Europa. Así que pedimos que se interpreten los datos y resultados de ambos Índices con esta consideración. En definitiva, esta interpretación no agregada de las causas y teniendo en cuenta definiciones dispares puede generar confusión, y llegar a determinados actores o etapas de la cadena al tratarlo de manera aislada y no en su conjunto.

Cosificación de los alimentos

Nos sorprende que se incorpore una definición de “food surplus” (excedente de alimentos) que incluya los alimentos redistribuidos para consumo humano.  No sabemos si de manera consciente o no, pero el hecho es que pudiera parecer qué si no hay un intercambio monetario, este alimento ya pasa a ser un alimento de segundas. Desde Espigoladors consideramos que los alimentos son más que una simple mercancía o commodity, y deben ser considerados como un bien imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar. El hecho de calificar de excedente a unos alimentos que han sido ingeridos por personas, sin entrar en de qué manera han llegado a éstas, es un claro indicativo de la necesidad de un enfoque más radical para atender a la emergencia climática y social que representan las pérdidas y desperdicio alimentario. Sin un cambio de mentalidad generalizada no se alcanzará la meta 12.3.