Josep Lluís Escuer: «Hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario»

Josep Lluís Escuer, a un dels seus camps de nectarines. // Imatge cedida

Josep Lluís Escuer: «Hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario»

Josep Lluís Escuer es representante de la Cooperativa agraria Fru-Rose (Lleida) y miembro del Consejo Rector de la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) en el ámbito de los suministros. Además, también representa a esta organización en la Comisión de Despilfarro y Sostenibilidad del Consejo Catalán de la Alimentación y la Comisión Asesora del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), entre otros. Esta vinculación con el campo le viene de lejos: él mismo es productor e hijo de productores de melocotón, nectarina, paraguayo y pera.

Después de un 2020 difícil por culpa del coronavirus, el campesinado local sigue afrontando retos no menos complicados: la globalización del mercado, disminución de los ingresos, cambio climático, especies invasoras, etc. Hablamos con Escuer de la situación actual la agricultura local y de las claves para poder seguir manteniéndola en el futuro.

P: Josep Lluís, tú mismo eres productor de fruta dulce: melocotón, paraguayo, nectarina… ahora que estamos en plena temporada, ¿Cuál es tu valoración hasta ahora?

R: La verdad es que esta campaña no es muy buena: este año hay poca producción debido a las heladas de primavera. Está siendo una cosecha accidentada, de calidad un poco deficiente… es una de esas campañas que nos gustaría terminar cuando antes, mejor.

P: ¿Qué quiere decir con «deficiente»?

P: Quiero decir que nos encontramos con huesos abiertos, picaduras, calibre pequeño, deformaciones, Russeting -marcas y rugosidades de la piel-… es decir, defectos que provocan que al final la fruta no se venda. Para que os hagáis una idea del impacto: en condiciones favorables en mis campos se pueden llegar a producir unas 300 toneladas de fruta y este año creo que apenas llegaremos a hacer 150.

Fruto doble.

P: Hay estudios que atribuyen estas heladas al cambio climático. ¿Qué cambios has notado en el campo en los últimos años relacionados con el calentamiento global?

R: El cambio climático se hace notar de forma importante cada día, y cuando lo vemos más es en el momento de la floración y la cosecha: estos procesos ocurren cada vez más pronto por culpa de las altas temperaturas. Por otra parte, las tormentas de verano, las granizadas y los temporales provocan unos estragos de miedo: tengo compañeros de la zona de Torroella de Montgrí que, por culpa del Gloria ¡llegaron a sufrir inundaciones de hasta un metro y medio en sus campos de manzanos!

P: ¿Hay posibilidad de adaptarse a esta nueva realidad?

R: Evidentemente, y por eso estamos trabajando conjuntamente con instituciones como el IRTA para conseguir variedades de plantas más adaptadas al cambio climático: las especies capaces de resistir las altas temperaturas y la falta de riego son las más buscadas. Desgraciadamente, no tengo claro si conseguiremos adaptarnos a este cambio lo suficientemente rápido…

P: ¿El cambio climático es el principal problema del campesinado?

R: ¡Qué va! Uno de los principales problemas que tenemos es la falta de entendimiento entre las administraciones y el campo; creo que todavía los gobiernos no son conscientes de la situación real. Por ejemplo: en los discursos a menudo oímos hablar de «producción ecológica» y es algo que suena muy bien, pero la realidad es que cada vez contamos con menos productos para poder combatir unas plagas que, en parte por culpa del cambio climático, son cada vez más agresivas. Dentro de pocos años me temo que habrá producciones que no puedan salir adelante porque la mayor parte de la cosecha se habrá perdido por culpa de unas plagas que no podremos controlar.

La solución es escuchar a quienes trabajamos la tierra, ya que la conocemos de primera mano. Y evidentemente nunca renunciaremos a la sostenibilidad… somos los primeros a los que nos interesa cuidar el medio ambiente, ya que dependemos de él para poder vivir.

P: Desde entidades, instituciones, grupos ambientalistas… insistimos mucho en la necesidad de consumir producto de proximidad y en la problemática que las importaciones causan tanto a nivel económico como ambiental. Pero, ¿actualmente Cataluña tiene suficiente suficiencia alimentaria? ¿Es viable limitar o prohibir las importaciones?

R: Yo pienso que Cataluña puede ser un país capaz de abastecerse perfectamente; tenemos fruta, carne, vinos, trigo… ¡prácticamente no nos falta de nada! Además, en temas agrarios, hemos demostrado ser un país con tradición pionera: fuimos la primera Comunidad Autónoma que tuvo una consejería de medio ambiente. El problema es que nunca hemos sido capaces de transformar todo este esfuerzo en un valor añadido que lo compense.

Por otra parte, yo creo que «prohibir» las exportaciones quizás sería demasiado radical; lo único que pedimos es que, como mínimo, podamos competir en las mismas condiciones. Esto ahora no está pasando y he aquí un ejemplo: durante las negociaciones para aprobar la nueva PAC, en Bruselas, desde las cooperativas insistimos muchísimo en que se apliquen los mismos criterios de producción -ya bastante exigentes- los productores de países de fuera de la Unión Europea… ¡y al final no han querido! Es decir, que a nosotros nos prohíben utilizar productos y técnicas para, supuestamente, preservar la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad, pero luego se permite la entrada de producto de fuera sin control. Y nosotros, además, pagamos las consecuencias: sea en forma de caída de precios por saturación del mercado o sea en forma de especies invasoras en nuestros campos.

P: Últimamente estamos viendo noticias muy preocupantes en relación al campo: productores que tiran alimentos como acción desesperada de denuncia, agricultores que se ven obligados a poner sus campos a la venta y, incluso, hechos tan graves como el incremento de suicidios entre el campesinado en algunos países como Francia. ¿Cuáles son las causas de este fenómeno?

Iniciar y mantener una nueva empresa agraria, para un pequeño productor, es una tarea imposible: levantarla y mantenerla equivale a una fortuna que al final no sirve para nada. Las grandes cadenas de distribución ganan mucho dinero realizando prácticas desleales y obligando al productor a vender la fruta a un precio ridículo. ¡A mí hace un par de años me llegaron a pagar sólo 18 céntimos por un kilo de fruta! Nos estamos arruinando.

Así las cosas, ¿Quién toma el relevo después? El resultado es que hay fincas y campos abandonados o que acaban en manos de fondos buitre y sirviendo a los intereses de la industria especulativa.

Melocotones.

P: Como pequeño productor, ¿Cuál es la hoja de ruta a seguir para asegurar el futuro de la agricultura local?

La clase política debe ser consciente de la tarea que hacemos en el mundo rural: campesinado somos los «jardineros y jardineras» del territorio y somos quien produce los alimentos para la población. A nosotros nos gustaría ganarnos la vida sin ninguna ayuda, pero desgraciadamente en el contexto actual no tenemos más remedio que depender de ella. Si las administraciones quieren que seguimos haciendo cultivos comprometidos y sostenibles necesitamos más ayudas para que, hoy por hoy, no ganamos lo suficiente para mantenernos.

Por otra parte tengo claro que hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario. Si es evidente que los productores estamos vendiendo por debajo de coste, por qué no se hace nada para evitarlo? El único control que hay es lo que ejercemos los pequeños productores y productoras de forma autónoma, y ​​eso nos hace sentirnos abandonados.

Y por último hay que impulsar dietas sanas y saludables entre la población, porque ahora mismo en nuestro mercado hay poca demanda de fruta y verdura. ¿Sabías que en Italia consumen 8 veces más fruta y verdura que en España? Necesitamos comer más fruta y verdura fresca y de proximidad.

P: En los últimos años también has ejercido de representante la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) en el proceso de elaboración de la Ley 3/2020, de prevención de pérdidas y desperdicio alimentarios en Cataluña. Hace ya más de un año que la ley se ha aprobado; ¿Cuál es tu balance?

R: Creo que esta ley constituye un punto de partida muy bueno de cara a luchar contra las pérdidas y el desperdicio en toda la cadena alimentaria. Aún así creo que acaba de empezar y aún hay que desarrollarla mucho más: se deben implementar mecanismos de control en todos los eslabones de la cadena alimentaria, no sólo en el campo. Por otra parte, hay que establecer más alternativas para toda esta fruta y verdura excedente como por ejemplo la transformación… o bien canalizarla para que llegue a las familias que lo necesitan, como se hace desde Espigoladors. Ahora bien, tal y como comentaba antes, hay que ir a la raíz del problema si realmente queremos provocar un cambio en la tendencia actual.

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