Más de 38 toneladas de alimentos recuperados para prevenir el desperdicio alimentario e impulsar la acción climática en Tarragona

Más de 38 toneladas de alimentos recuperados para prevenir el desperdicio alimentario e impulsar la acción climática en Tarragona

El proyecto de Espigoladors en las comarcas de Tarragona se consolida gracias a la financiación de la Diputación de Tarragona

La Fundación Espigoladors ha recibido una subvención de 17.642,60 euros de la Diputación de Tarragona para desarrollar el proyecto “Espigando territorio, alimentando futuro: Prevención de las pérdidas y derroche alimentario (PMA) como acción climática a la demarcación de Tarragona”, una iniciativa que combina acción climática, apoyo al campesinado, sensibilización ciudadana y garantía alimentaria. 

El proyecto tiene como objetivo prevenir las pérdidas y el desperdicio alimentario en origen, recuperando alimentos que, a pesar de ser perfectamente aptos para el consumo, no llegan a los circuitos comerciales. A través del espigueo y la canalización de excedentes agrarios, estos alimentos se destinan a entidades sociales del territorio, evitando que se conviertan en residuos y generando un impacto positivo tanto desde el punto de vista ambiental como social. 

La iniciativa se desarrolla en el Camp de Tarragona, las Terres de l’Ebre y el Baix Penedès, donde Espigoladors trabaja en colaboración con productores, entidades sociales, administraciones públicas y personas voluntarias para construir un sistema alimentario más sostenible y resiliente. Entre sus objetivos hay la reducción de las pérdidas alimentarias al sector primario, la sensibilización de la ciudadanía sobre los impactos del derroche alimentario y la promoción del aprovechamiento de los recursos alimentarios como herramienta de mitigación del cambio climático.

Cada quilo de alimento recuperado, son recursos ahorrados

La reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario es considerada una de las medidas más efectivas para disminuir la huella ambiental del sistema alimentario. Cada kilo de alimentos recuperado evita el desperdicio de recursos naturales como el agua, la energía o el suelo agrícola, además de las emisiones asociadas a su producción. Al mismo tiempo, el proyecto contribuye a reforzar la viabilidad de las explotaciones agrarias y a poner en valor el papel del campesinado en la conservación del territorio, el paisaje y la biodiversidad. 

Los resultados logrados durante el desarrollo del proyecto evidencian este impacto. Se han llevado a cabo 49 canalizaciones de alimentos, que han permitido aprovechar productos ya cosechados pero sin salida comercial, y se han recuperado 38.884 kilos de alimentos (más de 184.000 raciones de comida) que han podido ser destinados a la alimentación de personas en situación de vulnerabilidad en lugar de convertirse en residuos. Además, 312 personas voluntarias han participado en las diferentes actividades de espigueo y sensibilización, y la red territorial se ha ampliado con la incorporación de 4 nuevos productores y productoras comprometidos con la prevención de las pérdidas alimentarias.

Gracias a estas espigadas y canalizaciones se han ahorrado 25.000kg de C02, el que supone más de 10.600.000 de litros de gasolina o 189,3 millones de litros de agua o el que es el mismo: 2,3 millones de duchas! (si te ducharas cada día, tardarías más de 6000 años al gastar tanta agua!)

Más allá de la recuperación de alimentos

El proyecto, además, genera beneficios directos para la ciudadanía. Por un lado, contribuye a reducir el impacto ambiental asociado al derroche alimentario y a avanzar en la lucha contra el cambio climático. De la otra, facilita el acceso a fruta y verdura fresca, de temporada y de proximidad a través de las entidades sociales del territorio. También acerca la ciudadanía al mundo agrario, fomentando el conocimiento de la realidad del campesinado y promoviendo hábitos de consumo más responsables y sostenibles. La participación de centenares de personas voluntarias refuerza, a la vez, las redes comunitarias e impulsa una mayor implicación ciudadana en la construcción de un modelo alimentario más justo.

Uno de los ejes destacados del proyecto ha estado también la sensibilización ambiental. En este marco, la ciudad de Reus acogió, del 15 de abril al 5 de mayo, la exposición itinerante “Espiguear para transformar”, una muestra destinada a acercar a la ciudadanía la problemática de las pérdidas y el derroche alimentario y sus impactos sociales y ambientales. La exposición presentó el espigueo como una herramienta de transformación social y ambiental, invitando a reflexionar sobre el valor de los alimentos, la tarea del campesinado y la necesidad de avanzar hacia modelos de consumo más sostenibles.

La programación se complementó con varias actividades abiertas al público, entre las cuales un taller de showcooking de aprovechamiento alimentario, una jornada técnica dirigida a las industrias alimentarias para abordar estrategias de prevención de las pérdidas de alimentos y una jornada de voluntariado de espigueo que permitió vivir en primera persona la experiencia de recuperación de alimentos en el campo. Estas actividades han contribuido a reforzar la vertiente educativa del proyecto y a generar espacios de participación y reflexión alrededor de la sostenibilidad alimentaria y la acción climática.

Con el apoyo de la Diputación de Tarragona, la Fundación Espigoladors continúa consolidando una red territorial que conecta campesinado, entidades sociales y ciudadanía para prevenir las pérdidas alimentarias, reducir el impacto ambiental del sistema alimentario y garantizar que alimentos perfectamente aprovechables lleguen a las personas que más les necesitan

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Para el medio ambiente, aprovechamiento

Para el medio ambiente, aprovechamiento

La Fundación Espigoladors celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente reivindicando la importancia del aprovechamiento alimentario

Las políticas estéticas que rigen el mercado alimentario tienen influencia en los colores de frutas y verduras. En los campos, el rango de colores de las zanahorias va desde el morado hasta el amarillo claro. En los comercios, en cambio, solemos encontrar exclusivamente las naranjas.

Cada vez que alguien habla del medio ambiente, la imagen más característica que se evoca son montañas verdes, bosques densos y ríos y lagos de agua cristalina. Cuando hablan de desastres ambientales, en cambio, estos parajes pasan a estar dañados. Las montañas dejan de ser verdes y se llenan de basura, los bosques arden, y el agua de los lagos y ríos pasa a ser marrón. También entre en juego, inevitablemente, el cambio climático y todos sus efectos: el deshielo de los polos, el agujero en la capa de ozono, y todo el conjunto de desastres naturales más extremos que provoca.

Por suerte, las reivindicaciones ambientales, especialmente aquellas relacionadas con el cambio climático, están en el orden del día. Los y las jóvenes de todo el mundo han alzado la voz para reclamar un modelo de organización socioeconómico más sostenible. Últimamente hemos vivido las primeras huelgas por el clima y sus manifestaciones multitudinarias, a las cuales se sumaban todos aquellos y aquellas que ya hace años que trabajan para conseguir un cambio de paradigma. Pese a la notoriedad de las reivindicaciones, muchas de las causas de los desastres ambientales y del cambio climático siguen siendo desconocidas o, como mínimo, pasan desapercibidas. Una de ellas son las pérdidas y el desperdicio alimentario, una problemática social ambiental a la cual la Fundación Espigoladors queremos dar respuesta a través de nuestra actividad. 

“Desperdicio”, decía la cocinera Ada Parellada, es una palabra que estamos aprendiendo a decir. Hace referencia a todos aquellos alimentos aptos para el consumo humano que se descartan a lo largo de la cadena alimentaria, desde el sector primario hasta la despensa de casa. El año 2011, la FAO calculó que anualmente se pierde y desperdicia un tercio de los alimentos que se producen a escala global. Un año más tarde, el estudio Fusiones acotó esta cifra a escala europea; en este territorio se tiran 88 millones de toneladas de alimentos. Y si queremos datos aún más locales, tenemos que fijarnos en el estudio que la Agencia de Residuos de Cataluña y la UAB realizaron el año 2012: solo teniendo en cuenta los sectores de la restauración, el comercio al detalle y el ámbito doméstico, se desperdician 35 kg de alimentos por persona y año.  

Estos calçots habían crecido tanto, que su productor no los pudo comercializar a causa de las políticas estrictas de calibre que rigen el mercado alimentario.

Las pérdidas y el desperdicio alimentario no son solo una problemática ambiental porque suponen la creación de residuos alimentarios, sino que tienen unas implicaciones mayores. Cuando un alimento se descarta, convierte en residuo todos los elementos utilizados en su producción, como el agua y la tierra. Además, contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero; se ha calculado que es el causante del 8% de estas emisiones a escala global. 

Como toda problemática ambiental, las pérdidas y el desperdicio alimentario tienen implicaciones sociales que debemos combatir. Es muy difícil no hablar sobre la contradicción que supone que esta problemática exista en un mundo donde cada vez son más las personas que no tienen garantizado el derecho a una alimentación sostenible. Aún así, debemos señalar que estas dos problemáticas no están correlacionadas, y que las dos están causadas por un sistema de mercado y organización social que no tiene en cuenta ni la justicia social ni la ambiental. 

Una de las implicaciones sociales más claras de las pérdidas y el desperdicio es la dificultad añadida que suponen para el sector primario cuando se trata de comercializar sus productos. Las pérdidas alimentarias que se originan en los campos del sector primario están causadas por un sistema de mercado que exige unos cánones estéticos y de calibre muy difíciles de cumplir, y que imponen unas políticas de precios severas. Este contexto dificulta que el sector primario pueda obtener un rendimiento de su trabajo, que a ojo de la sociedad va perdiendo poco a poco su valor y el de los alimentos. 

En los campos es habitual encontrar porros y zanahorias con esta forma. En los comercios, en cambio, no solemos verlos.

Es por todo eso que hoy, Día Mundial del Medio Ambiente, queremos visibilizar las implicaciones que tienen las pérdidas y el desperdicio alimentario. Desde Espigoladors trabajamos día tras día para ponerle fin, porque queremos construir un modelo sostenible que tenga en cuenta la justicia social. Y porque queremos que este modelo valore el trabajo del sector primario, un agente esencial para el territorio, y los alimentos. Un modelo que, inevitablemente, parra por la circularidad: trabajamos aprovechando residuos, dotándolos de una segunda vida.  

Muchas gracias a todas las personas que habéis pasado a la acción para trabajar por el aprovechamiento alimentario y, especialmente, muchas gracias a todas las personas voluntarias y al sector primario comprometido. Seguimos creando red para el medio ambiente!

El final de la temporada comercial de las acelgas no siempre coincide con el final de temporada que se da en los campos del sector primario. Por eso Espigoladors cosechamos tantas.