Firmamos un convenio de colaboración con la Agrupación de Defensa Vegetal de la Huerta Protegida del campo de Tarragona

Firmamos un convenio de colaboración con la Agrupación de Defensa Vegetal de la Huerta Protegida del campo de Tarragona

El convenio, con una vigencia de un año, nace con el objetivo de promover la colaboración entre ambas entidades, fomentando el despilfarro con las diversas personas socias de la ADV de la Huerta Protegida del campo de Tarragona.

Desde Espigoladors, hemos firmado con la Agrupación de Defensa Vegetal (ADV) de la Huerta Protegida del Camp de Tarragona un convenio de colaboración para el año 2024.

El objetivo principal es poder potenciar y fomentar entre los asociados de la ADV el hecho de trabajar conjuntamente y en red para llevar a cabo actividades de recogida, espigada o redistribución de las mermas o excedentes descartadas del circuito comercial.

Daniel, responsable de la delegación de Espigoladores en el campo de Tarragona y Ton Crusells de la ADV de la Huerta Protegida del campo de Tarragona durante la firma del convenio

Algunas de las personas productoras socias de la Agrupació ya habían colaborado previamente con nosotros. La voluntad, a partir de ahora, es poder hacer extensivas estas participaciones a todas las personas miembros.

Todas las actividades de recuperación y espigueo se llevarán a cabo de manera completamente clara y transparente para poder tener en cuenta, siempre, la voluntad del productor o productora y resolver las dudas e inquietudes que puedan surgir en torno a esta actividad. Además, nos comprometemos a destinar el 100% del producto recuperado a entidades sociales y servicios de distribución de alimentos, impulsando de esta forma el derecho a una alimentación saludable y sostenible al alcance de toda la población.

La Agrupación de Defensa Vegetal de la Huerta Protegida del campo de Tarragona acaba de cumplir treinta años de actividad consolidándose así como una de las más antiguas de nuestro territorio. Se constituyó en 1993 y desde sus inicios ha apostado firmemente por aplicar la producción integrada en sus cultivos. Está formada por 27 personas socias y, a partir de ahora, colaboraremos juntas para poder luchar conjuntamente contra la problemática de las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Voluntaria de Espigoladors durante un espigueo en un campo de cítricos de Amposta



Trabajo comunitario para el aprovechamiento alimentario

Trabajo comunitario para el aprovechamiento alimentario

Más de 170 personas usuarias de entidades sociales y servicios de distribución de alimentos participan en espigueos y talleres de cocina para promover la cohesión social y la generación de redes de apoyo mutuo.

Por tercer año consecutivo hemos impulsado el proyecto “Cuina d’espigolament: una oportunitat pel treball comunitari” (“Cocina de espigueo: una oportunidad para el trabajo comunitario”), con el apoyo de la Diputación de Barcelona.

Una iniciativa que tiene como objetivo promover la alimentación saludable y sostenible y el espigueo entre las personas usuarias de servicios de distribución de alimentos, así como entre sus voluntarias. Este año, hemos contado con la participación de cinco entidades de la provincia de Barcelona: Botiga d’Aliments Solidaris de Sant Boi, PAC Badalona, El Rebost de Terrassa, La Botiga del Prat del Llobregat i el Xiprer.

Personas usuarias y voluntarias de la entidad El Rebost de Terrassa durante un espigueo de manzanas

Gracias a este programa, entre los meses de septiembre y diciembre, hemos podido acercar a personas usuarias de diversas entidades a los campos y cocinas para poder utilizar estas actividades como herramientas de trabajo comunitario, promoviendo la cohesión social y la generación de redes de apoyo mutuo.

Un centenar de personas usuarias y voluntarias de las diferentes entidades han venido a los campos para dar una segunda oportunidad a un total de 3.691 kg de frutas y verduras excluidas del circuito comercial por sus imperfecciones: manzanas, rábanos, berenjenas, tomates y pimientos son algunos de los cultivos protagonistas de los espigueos. Gracias a esta actividad, promovemos la participación activa de colectivos en situación de riesgo de vulnerabilidad a la hora de acceder a productos saludables, de proximidad y de temporada.

El espigueo, también, nos permite que las personas participantes se familiaricen con las zonas agrícolas del territorio, conociendo la labor que realiza nuestro campesinado e implicándose en la cultura del aprovechamiento.

Personas usuarias y voluntarias de la entidad PAC Badalona durante un espigueo de rábanos
Personas usuarias y voluntarias de Aliments Solidaris de Sant Boi durante un espigueo de berenjenas

Durante los talleres de cocina nos han acompañado 70 personas. Espacios donde hemos podido compartir recetas de aprovechamiento como nuestros conocidos pancakes de plátano maduro o nuestra boloñesa de lentejas. También, hemos podido intercambiar trucos y conocimientos que cada una de las personas sabía, haciendo crecer nuestro recetario personal. Así, hemos creado entornos seguros para todos y todas demostrando que la cocina de aprovechamiento es una herramienta que nos permite promover la cohesión y el empoderamiento compartiendo saberes e inquietudes en torno a la alimentación sostenible.

Personas usuarias y voluntarias de la entidad Aliments Solidaris de Sant Boi durante un taller de cocina de aprovechamiento

Un agradecimiento especial a todas las entidades participantes por sus ganas de aprender cada día más y hacer que proyectos como estos tomen todo el sentido del mundo.

Botiga d’Aliments Solidaris de Sant Boi, PAC Badalona, El Rebost, La Botiga del Prat del Llobregat i el Xiprer.

Persones usuàries i voluntàries de la Botiga del Prat del Llobregat durant una espigolada de pebrots
Persones usuàries i voluntàries de l’entitat El Xiprer durant un taller de cuina d’aprofitament

Recuperamos 8.730 kg de fruta y verdura en campos de todo el territorio catalán en la 3a maratón #joespigolo por el aprovechamiento alimentario

Recuperamos 8.730 kg de fruta y verdura en campos de todo el territorio catalán en la 3a maratón #joespigolo por el aprovechamiento alimentario

El domingo 8 de Octubre, de 10 h. a 13 h., celebramos la 3a edición de la Maratón #joespigolo por el aprovechamiento alimentario, un evento que hemos impulsado con el apoyo del Departamento de Acción Climática, Alimentación y Agenda Rural de la Generalitat de Catalunya en el marco del Día Internacional de Concienciación sobre las Pérdidas y el Despilfarro Alimentario (29 de septiembre).

Realizamos espigadas simultáneas en diferentes localizaciones del territorio catalán, para impulsar y visibilizar esta tarea. Este año, hemos estado en el Parque Agrario del Baix Llobregat, en el Vallès, en el Espacio Agrario de la Baixa Tordera, en las Tierras de Lleida y en el Campo de Tarragona y hemos contado con la ayuda de 148 personas voluntarias.

En total hemos conseguido dar una segunda oportunidad a 8.730 kg de fruta y verdura: tomates, pepinos y calabazas que habían quedado sin salida comercial por varios motivos: criterios estéticos, muchos de ellos consecuencia de las altas temperaturas, finales de cultivo donde el precio de recolección era superior al de venta, entre otros. Kilos y kilos de alimentos que se han destinado a entidades sociales del territorio que trabajan para dar acceso a una alimentación saludable y sostenible a colectivos en situación de vulnerabilidad: Banco de Alimentos de Girona, Banco de Alimentos de Lleida, DISA Sant Andreu, Fundación Pare Manel, Taller Baix Camp, Banco de los Alimentos de Tarragona, Cruz Roja Cambrils, Taula Amiga, Cáritas Torreforta, Casa misericordia de Reus, Monasterio San Pedro de las Puelas, La Botiga del Prat del Llobregat, Fundación Ferrer Sustainability…

Una jornada para denunciar el impacto ambiental de las pérdidas y el desperdicio alimentario:

También recogimos el impacto ambiental de la acción para poder concienciar sobre las consecuencias de las pérdidas y el desperdicio alimentario sobre el medio ambiente y poner de manifiesto todos los recursos que se destinan a la producción de estos alimentos.

En el contexto actual que vivimos de crisis climática, el incremento de la temperatura no deja de sorprendernos. Estamos en octubre y vivimos un día marcado por el calor. Este mismo año se han alcanzado récords históricos registrando de media a escala mundial, este mismo septiembre, un incremento de casi 1ºC más respecto al período de referencia 1991-2020, según datos recogidos por el programa Copernicus de la Unión Europea. El planeta vive una situación sin precedentes. El año 2023, en estos momentos, será el año más caluroso desde que hay registros en el mundo.

Por eso, en el marco del Día Internacional de Concienciación sobre las Pérdidas y el Despilfarro Alimentario (29 de septiembre), hemos querido remarcar con esta acción la necesidad de transitar hacia sistemas alimentarios más sostenibles y poner en el centro del debate como ésta problemática está estrechamente ligada a la crisis climática planetaria. El 8% de los gases de efecto invernadero provienen del desperdicio alimentario, según el estudio “Food Wastage Footprint” (FAO, 2013). Reducir el 8% de los gases de efecto invernadero mantendría el calentamiento global por debajo de los 2 grados -tal y como se pide en el Acuerdo de París- según un informe de 2020 de la ONG Drawdown Project. Así pues, trabajar en la prevención y concienciación de esta problemática es clave para luchar también contra el cambio climático.

Por eso, queremos dar las gracias a todos y todas las que nos acompañó. Recuperando todos estos kilos de frutas y verduras logramos ahorrar 5.604.660 L de agua y evitar la emisión a la atmósfera de 4.232 kg de CO2. Poco a poco vamos avanzando para construir un sistema agroalimentario más sostenible y mitigar, así, los efectos del cambio climático.

Cultivando una red de iniciativas de food sharing en Europa

Cultivando una red de iniciativas de food sharing en Europa

Desde Espigoladors nos sumamos al proyecto Cultivate, liderado por el Trinity College of Dublin, que aglutina universidades, ayuntamientos e iniciativas alimentarias comunitarias de 9 ciudades europeas con el objetivo de ser motor de innovación en el ámbito del “food sharing” para contribuir a la construcción de sistemas alimentarios locales más sostenibles y resilientes.

El 23 de marzo se dio inicio al Proyecto Cultivate desde la sede del Trinity College of Dublin, universidad que lo lidera y que ha sido capaz de aglutinar universidades, ayuntamientos e iniciativas alimentarias comunitarias de toda Europa para generar herramientas innovadoras y necesarias para hacer frente a la falta de sostenibilidad y equidad que los sistemas alimentarios urbanos y periurbanos sufren y que los hace vulnerables a las crisis a las que debemos habituarnos cada vez más.

Las iniciativas alimentarias comunitarias (food sharing initiatives) han tenido como eje conductor las problemáticas descritas, entendiendo food sharing como todo acto comunitario a lo largo de la cadena alimentaria. Cultivate, en este sentido, propone crear una aproximación coral, con diferentes actores implicados, a fin de crear una plataforma de innovación social virtual que apuntale y ayude a crecer las iniciativas alimentarias comunitarias. Por eso se cuenta con la participación de gestores públicos, investigadores e investigadoras, agentes que participan en la cadena alimentaria, representantes de iniciativas alimentarias comunitarias y de la ciudadanía.

Esta plataforma prevé incorporar una herramienta de mapeo que reúne las diferentes iniciativas de cien ciudades europeas (SHARECITY100 DATABASE – SHARECITY) ya existente, pero esta vez ampliándola a doscientas. Otra herramienta interesante que se plantea formular en el marco del proyecto es una calculadora de costes, beneficios e impactos de las iniciativas alimentarias comunitarias. Para la implicación de los gestores públicos y actores políticos Cultivate plantea una herramienta interactiva (menu of good governance) que permita mejorar la toma de decisiones en el ámbito de política alimentaria que afectan a las iniciativas alimentarias comunitarias. Otra herramienta que se prevé desarrollar durante la ejecución del proyecto es una biblioteca de participación ciudadana (Library of Citizen Engagement) con mecanismos tanto virtuales como presenciales para intensificar la participación ciudadana en proyectos sostenibles de food sharing.

¿Y todo este paquete de herramientas que se plantea desde Cultivate, para qué? Pues el primer objetivo es ampliar el conocimiento y comprensión sobre el food sharing, qué impide o potencia estas prácticas, y qué impacto tienen en la gente, en el planeta y en las economías de las zonas urbanas y periurbanas. Cultivate pretende también, como segundo gran objetivo, fortalecer las economías basadas en food sharing en estas zonas. Por último, prevenir y reducir el desperdicio alimentario.

Participan del proyecto ayuntamientos, universidades e iniciativas alimentarias comunitarias de nueve ciudades europeas. Empezando por la coordinación del Trinity College of Dublin, que ya tiene una larga trayectoria en el estudio de cuestiones relacionadas con la alimentación comunitaria, se suman a nivel académico la Wageningen University, que cuenta con una importante especialización en estudios relacionados política alimentaria y el derecho alimentario siendo referente en estos campos, y finalmente en el mundo universitario destaca la Universidad de Barcelona, ​​que con la reconocida investigadora, con beca Ramon y Cajal, Anna Moragues se convierte también una universidad referente en el estudio de la seguridad alimentaria, las desigualdades que genera el modelo alimenticio vigente y en política alimentaria. Por lo que respecta a los ayuntamientos, destacamos la presencia de Milán, ciudad que acogió el Pacto de políticas alimentarias urbanas y que actualmente cuenta con una concejalía innovadora en política alimentaria; Barcelona, ​​que en los últimos años se ha posicionado como ciudad referente en políticas urbanas encaminadas a la sostenibilidad alimentaria; y Utrecht, que actualmente cuenta con una estrategia para la vida urbana saludable en la que la política alimentaria es uno de los ejes vertebradores. Por último, encontramos diversas iniciativas alimentarias como Bouroume, con sede en Atenas, que impulsa un proyecto de recuperación de excedentes alimentarios para destinarlo a las entidades sociales que trabajan en Grecia. Además, con la colaboración de Espigoladors, han empezado a estudiar la posibilidad de espigar en zonas agrícolas griegas.

Pues sí, desde Espigoladors también “cultivamos”, formando parte de este estimulante proyecto como iniciativa comunitaria alimentaria innovadora con la recuperación del espigueo como actividad de food sharing única a nivel europeo. Nuestra participación en el proyecto permitirá no sólo evaluarla, sino también poder consolidar las bases para su expansión en otras ciudades europeas. Así lo deseamos, porque estamos convencidos de que espigar es una actividad pionera para la lucha contra las pérdidas y el desperdicio alimentario y para la sensibilización en favor de un modelo alimentario más sostenible y justo.

Más información del proyecto en: cultivate-project.eu/

El proyecto de Ley contra las pérdidas y el desperdicio alimentario, una oportunidad para el espigueo o la rebusca

El proyecto de Ley contra las pérdidas y el desperdicio alimentario, una oportunidad para el espigueo o la rebusca

La Fundación Espigoladors junto con las otras entidades del colectivo #LeySinDesperdicio y las organizaciones profesionales agrarias, COAG y UPA, reivindican que la propuesta legislativa contemple el espigueo como herramienta de prevención, reducción y medición de las pérdidas de alimentos en el sector primario. 

Una vez aprobada en el Congreso de los Diputados la Ley de Prevención de la Pérdidas y Desperdicio Alimentario, desde la Fundación Espigoladors y las organizaciones profesionales agrarias (La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, COAG, y La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, UPA) junto con el colectivo #LeySinDesperdicio, creemos que todavía estamos a tiempo de incorporar ciertas demandas en su paso por el Senado. No hay que dejar escapar la oportunidad de hacer una ley realmente valiente y ambiciosa ante esta grave problemática ambiental y social.

De esta manera, reivindicamos de manera firme la incorporación de la enmienda para la regulación del espigueo o la rebusca, una actividad que desde la Fundación Espigoladors realizamos de forma organizada en distintas zonas agrícolas del territorio catalán, siempre con convenios con los productores. Desde el año 2015 hemos conseguido recuperar y repartir más de 2 millones de kilos de frutas y verduras que de otra manera habrían sido desperdiciadas.

El espigueo permite visibilizar la punta del iceberg de un sistema agroalimentario insostenible que conduce a la precarización de las personas productoras. Demasiado a menudo comprobamos como los productores locales tienen serias dificultades para vender sus productos debido a los bajos precios percibidos, rígidos estándares estéticos de comercialización o por competencia desleal. Esta situación conduce a las lamentables imágenes de campos enteros con la producción sin cosechar perdiéndose todos los recursos humanos, económicos y naturales asociados a su producción.

Dicha práctica histórica y altamente consolidada en todo el territorio estatal se sigue realizando de manera formal e informal a menudo mediante un acuerdo verbal entre productor y rebuscador. En la mayoría de los casos no existe un marco normativo regulador válido que pueda dar seguridad jurídica a todas las partes implicadas: productores, ciudadanos y entidades de iniciativa social que lo promueven. Su incorporación a dicha ley supondría:

  • La unificación a nivel estatal de los requisitos para su práctica y el asentamiento de unas bases a nivel legal en cuanto a trazabilidad del producto y seguridad alimentaria.
  • La potenciación de la prevención de las pérdidas alimentarias en el campo, así como medio directo para la obtención de datos en campo para su posterior análisis y cuantificación.
  • Una herramienta para la promoción de la sostenibilidad en las explotaciones agrarias tanto nivel ambiental como social. 
  • El reconocimiento y la valoración de dicha práctica en cuanto a la obtención de certificaciones, ayudas o subvenciones enmarcadas a promover la sostenibilidad ambiental del sector agrario.

Esta actividad quedó ya contemplada, de forma pionera en toda Europa, en la ley catalana de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario de 2020, y creemos que su regulación en el ámbito estatal sería un gran paso para su impulso en otros puntos del territorio

El espigueo o rebusca permite dignificar el aprovechamiento de los excedentes agrarios, incidir sobre el origen y de esta compleja problemática y a su vez deviene una potente herramienta de sensibilización a la ciudadanía frente a las dificultades del sector agrario de nuestro país.

Para más detalles consultar el dosier: El espigueo, una herramienta para el aprovechamiento alimentario

El espigueo visto desde dentro

El espigueo visto desde dentro

Con motivo del Día Internacional del Voluntariado, hemos querido dar voz a tres voluntarios de generaciones alejadas. Irene (29), Xavier (55) y Carme (67) son habituales en las espigadas que organizamos en todo el territorio. Hoy, Día Mundial del Voluntariado, nos explican cómo es su experiencia personal colaborando con Espigoladors

¿Cómo nos conociste? ¿Sabías qué era espigar?

Carmen: Os conocí a través de una amiga. Me habló de vosotros y la idea me gustó mucho porque ¡soy una persona que nunca tira nada! Hace unos años vi la película de Agnès Varda y en ese momento entendí qué era espigar. Estoy muy sensibilizada con esta temática y cuando se me presentó la oportunidad me apunté.

Irene: Con mis amigas, nos costaba encontrar momentos para compartir juntas. Un día, una de ellas os vio por Instagram y tuvo la idea de que podríamos participar. Rápidamente dijimos que sí. Es una gran forma de compartir tiempo y, a su vez, vivir una experiencia gratificante. No conocí qué significaba espigar hasta entonces. Con el tiempo, he visto que no es algo nuevo, en el pasado ya se hacía. Y ahora nosotras también formamos parte.

Javier: La iniciativa la conocí por mi pareja. Me comentó que en el Camp de Tarragona había una entidad que se dedicaba a espigar. Conocíamos el concepto porque mi padre es «de La Castilla profunda» y de la preguerra. Él espigaba por necesidad.

¿Cuál es el aprendizaje más importante que te has llevado de cada espigada?

Irene: El aprendizaje más relevante para mí ha sido el concepto del derroche. Cuando llegas al campo te das cuenta de la cantidad de alimento que se pierde, a veces, por una mala gestión. Si existiera una infraestructura potente detrás de esta problemática, se podría afrontar de una forma que evitara o redujera estas pérdidas. También me impacta mucho cómo nuestro mercado está influenciado por temas estéticos. Alimentos totalmente aptos para el consumo se descartan por su apariencia.

También me llevo a conocer gente tan diversa. La diferencia de edad, los perfiles diferentes, las motivaciones… Conseguimos unirnos a personas con formas de vida muy diferentes.

Xavier: Una de las cosas que más pongo en valor es hacer espigadas con el campesinado en particular. Poder escuchar sus vivencias y su frustración cuando la elaboración de un producto de gran calidad, pero que no es estético, se queda sin salida. Me golpea mucho.

Carme: La reflexión que he podido sacar es que estamos mal organizadas. La sociedad por lo general lo está. Por un lado, se tira comida y, por el otro, hay gente que pasa hambre. Se infravalora muchas veces el trabajo del campesinado. La perfección que se reclama a los productos, que tengan un tamaño concreto, un color específico… Son un conjunto de aspectos que me hacen pensar que no se están haciendo las cosas bien.

Carme Vaquer en una espigada de judías

¿Recuerdas alguna espigada en especial?

Irene: ¡Todas tienen algo especial!

Carme: En Malgrat estuve en una donde había unos tomates guapísimos y buenísimos. Me hacía creces que aquello se pudiera tirar…

Xavier: Mis preferidas son aquellas en las que puedo compartir tiempo con el campesino o la campesina.

Sí que recuerdo una en concreto. Íbamos a espigar tomates y cuando llegamos al campo, suerte que vimos la furgoneta de Espigoladors porque pensábamos que nos habíamos equivocado. Buscábamos las cañas… y eran tomates de pera que crecen en el suelo. ¡Toda la mañana agachados!

¿Qué supone para ti el aprovechamiento?

Carme: ¡Mira, ahora mismo estoy haciendo una samfaina con tomates que espigué! No puedo tirar las cosas, ni la comida, ni la ropa, ni nada. El aprovechamiento es fundamental para mí. Debemos respetar el trabajo del campesinado, que muchas veces está maltratado. Esta es mi forma de hacerlo.

Xavier: Es uno de los pilares de mi comportamiento familiar. Siempre hemos tenido vocación para no derrochar, a nivel energético, de comida, de ropa… Puede ser lo más complicado es trasladarlo de la forma correcta a nuestros hijos, pero no desfallecemos.

Irene: El hecho de participar como espigadora me ha ayudado a tomar conciencia sobre la temática del derroche. He visto que es una problemática que podemos evitar entre todas. ¡Ahora, organizo mucho más la compra que haré y cómo gestionaré los productos que compro!

Irene Royo en una espigada del proyecto #YoungGlean

¿Qué le dirías a alguien que no conoce Espigoladors?

Irene: Espigar te abre los ojos. Entre todos podemos trabajar para que el día de mañana las cosas cambien

Carme: Cuando lo vives, las cosas cambian. Todas aquellas personas con las que he podido hablar y finalmente se han animado a venir, han vuelto.

Xavier: Si te gusta la naturaleza, el aire libre, los entornos privilegiados y tienes conciencia sobre la cantidad de producto que se pierde, ¡tienes que venir a espigar!

¿Qué les dirías a los voluntarios y voluntarias?

Carme: La gente que participamos, estamos predispuestas a hacer cosas por los demás. Nos volvemos cómplices, nos unimos por una acción. Siento gran satisfacción de ver todo lo que se aprovecha y tiene una segunda oportunidad.

Irene: Somos las personas que tenemos esa visión de ayudar al resto, las que poco a poco podemos cambiar las cosas. Si no lo hacemos nosotros, ¡no lo hará nadie!

Xavier: ¡GRACIAS! Para el voluntariado solo tengo palabras de agradecimiento. La diversidad que vemos cuando participamos en las espigadas, la gente joven, sensibilizada que hemos conocido, gente de zonas geográficas muy diversas… Que podamos unirnos todos y todas y responder a esta necesidad… es muy enriquecedor.

Belén Borràs: «He aprendido la inmensa capacidad que tiene un grupo de personas involucradas en un mismo objetivo y a valorar profundamente el trabajo de nuestros campesinos.»

Belén Borràs: «He aprendido la inmensa capacidad que tiene un grupo de personas involucradas en un mismo objetivo y a valorar profundamente el trabajo de nuestros campesinos.»

Celebramos el Día Mundial del Voluntariado dando voz a una de nuestras voluntarias más veteranas, Belén Borràs quien, además, ha batido el récord de participación de este año: ¡ha participado en 40 espigueos!

¿Cómo conociste nuestra iniciativa? ¿Habías oído nunca antes la palabra espigar? ¿Qué te empujó a participar?

Al llegar a Pineda busqué actividades y, en un grupo de yoga, una chica me habló de Espigoladors. Al volver a casa investigué sobre la iniciativa y me enamoré del proyecto al instante. Sentí: ¡yo quiero formar parte!

Nunca había oído la palabra espigar hasta que fui a mi primera espigada, en mayo del 2015. Mireia Barba -cofundadora de la entidad- me pasó a buscar con la furgoneta de Espigoladors y fuimos a los campos de un productor de Mataró a cosechar cebolletas. Un campo infinito de cebollas y cinco espigadoras. Pasadas las tres horas de espigar, ninguna de las cinco quiso marcharse y nos quedamos dos horas más hasta acabar el campo. ¡Qué energía preciosa, qué caña un grupo de personas juntas que sienten lo mismo! ¡Ver la furgo llena de cebollas, pensando en las personas que las comerían! Volví a casa felizmente agotada, satisfecha, contentísima del equipo, de las personas que lo hicimos posible! ¡Y con ganas de un nuevo espigueo!

¿Qué te llevas de los espigueos en los que has participado?

¡Me llevo un montón de cosas preciosas! Me llevo a los espigadores y espigadoras: a TODOS, mayores y pequeños (me encanta ver a los pequeños en el campo), al grupo, al buen rollo que se genera entre todos y todas mientras trabajamos, las risas, el compartir…

He aprendido la inmensa capacidad que tiene un grupo de personas involucradas en un mismo objetivo ya valorar profundamente el trabajo de nuestros campesinos con todas las dificultades que tienen a diario. A ser consciente del problema que sufren con las pérdidas de alimentos, algo para mí doloroso e inaceptable. En cada verdura que espigueo veo un ser humano que comerá. Quien me diga que la judía verde es muy cara, ¡la invitaría a venir a cosecharla!

He tomado mucha más conciencia y he cambiado mi forma de consumir. Ahora compro de proximidad y de temporada y, a poder ser, siempre directamente al campesino.

¿Recuerdas algún espigueo en especial?

Recuerdo uno que fue brutal para mí. Fue en mayo de este año, un espigueo de coles en Malgrat de Mar. Éramos unas doce voluntarias bajo un cielo negro muy amenazador. Llevábamos sólo unos 20 minutos espigando cuando el cielo se nos cayó encima. Muy empapados, llenos de barro y frío, ¡y la lluvia se intensificaba más y más! Decidimos parar y cobijarnos en el desayuno, a la espera de que dejara de llover.

¡Nadie pensó en marcharse! Hasta que tanto esperar, con más frío, la lluvia paró un poquito y todos nos dijimos: ya estamos empapados, sólo es agua, ¡vamos a espigar las coles! Espigamos los dos campos: ¡dos furgos llenas hasta arriba y todos más contentos que unas pascuas! ¡Con las furgos ya cargadas el sol apareció!

Completa la frase: “Debemos recuperar la cultura del aprovechamiento para que…”

Debemos recuperar la cultura del aprovechamiento porque el sistema de producción y de consumo actual es insostenible. Creo que debemos ir a un consumo y producción sostenible y responsable, donde se reduzcan las emisiones de CO2, el consumo del agua, los costes del transporte y los excedentes.

No os ocurre que cuando vais a comprar, por ejemplo, puerros, os preguntan: “¿Corto la parte verde?” ¡No, no, no! ¡Todo el puerro es comestible y aprovechable!

Ya para terminar, ¿querrías enviar algún mensaje a los voluntarios y voluntarias con los que has compartido espigueos?

¿Qué queréis que les diga yo a los espigadores y espigadoras que ellos no sepan? ¡Yo les diría a todos que somos gente muy bonita, con ganas de cambiar las cosas, con el entusiasmo de formar parte del cambio! ¡Yo diría que somos cojonudos! ¡Felicidades espigadores y espigadoras! ¡Nos vemos en los campos a por más aventuras!

Josep Miquel Fibla: «Lo ideal es que todo el mundo consuma de proximidad y de temporada: no habría que importar y así se protegiría a la agricultura local»

Recientemente desde la Fundación Espigoladors organizamos un espigueo en Bítem (Tortosa) para recoger naranjas en el marco de un convenio de colaboración con el IRTA para recuperar alimentos descartados del mercado y canalizarlos a entidades sociales durante los próximos tres años. Hablamos con Josep Miquel para indagar un poco más en las causas que provocan pérdidas de hasta del 50% de la cosecha junto con todos los recursos (agua, suelo) que se emplean en el cultivo.

Josep Miquel Fibla: «Lo ideal es que todo el mundo consuma de proximidad y de temporada: no habría que importar y así se protegiría a la agricultura local»

Josep Miquel Fibla, investigador del IRTA, explica les causas del ennegrecimiento de la naranja en Bítem (Amposta)

Conversamos con Josep Miquel Fibla, investigador del IRTA, sobre biodiversidad agrícola y pérdidas alimentarias

Josep Miquel Fibla es investigador del programa de fruticultura del Instituto de Investigación y Tecnologías Alimentarias (IRTA), un organismo perteneciente a la Generalitat de Cataluña que tiene como objetivo impulsar la investigación y el desarrollo tecnológico en el ámbito agroalimentario en el campo catalán. Su especialidad son los cítricos y, como no podía ser de otra manera, desarrolla su labor en las Tierras del Ebro, una región que desde mediados del siglo pasado se ha especializado en este cultivo.

Recientemente desde la Fundación Espigoladors organizamos un espigueo en Bítem (Tortosa) para recoger naranjas, en el marco de un convenio de colaboración con el IRTA para recuperar alimentos descartados del mercado y canalizarlos a entidades sociales durante los próximos tres años. Hablamos con Josep Miquel para indagar un poco más en las causas que provocan pérdidas de hasta del 50% de la cosecha junto con todos los recursos (agua, suelo) que se emplean en el cultivo.

P: Josep Miquel, tu eres investigador del programa de fruticultura del IRTA. ¿En qué consiste este programa?

R: El programa de fruticultura del IRTA es un programa que hace muchos años se desarrolla en parcelas experimentales en Cataluña con el objetivo de introducir nuevas variedades de especies frutícolas en el territorio, para poder desestacionalizar su producción y alargar la temporada.

Josep Miquel Fibla en la parcela experimental del IRTA en Bítem (Amposta)

P: ¿En qué campos de Cataluña se desarrolla este programa? ¿Y en qué cultivos?

R: El programa de Fruticultura del IRTA se desarrolla desde hace muchos años en todo el país en diversos cultivos, principalmente de fruta dulce, pero en las Tierras del Ebro se desarrolla la Citricultura desde hace muchos años, y concretamente en la finca de Bítem, se ha hecho investigación sobre nuevas variedades de naranjas, las cuales muchas de ellas ya se han llegado a plantar en la comarca de manera comercial.

P: Recientemente el IRTA ha firmado un convenio de colaboración con la Fundación Espigoladors para espigar aquellos cítricos que ni siquiera se llegan a recoger porque quedan fuera del circuito comercial. ¿Cuáles son las causas de estas pérdidas en los campos del IRTA? ¿Cuántos alimentos se pueden llegar a perder?

R: Las pérdidas alimentarias en los campos de IRTA vienen causadas principalmente por dos factores: las plagas y los factores climatológicos, como por ejemplo las granizadas. Las plagas en particular están causando muchos estragos, porque este año los cítricos se ven atacados simultáneamente por tres especies de mosca blanca. Estos insectos no dañan la fruta per se, pero producen una melaza que atrae la fumagina, un hongo de color negro -de ahí el nombre popular de «negrita» – que ennegrece la fruta y, por tanto, hace que quede fuera del circuito comercial , aunque por dentro esté en perfecto estado.

En condiciones favorables a nuestros campos se puede llegar a perder hasta un 10% de la cosecha, pero cuando hay plagas o temporales estas pérdidas pueden trepar y sobrepasar el 50%.

P: ¿A qué cultivos afecta principalmente?

R: A los árboles frutícolas, como los cítricos (naranja, mandarina); también tenemos noticia de afectaciones a los campos de caquis de otros agricultores y agricultoras de la zona.

Naranja afectada por la fumagina

P: ¿Qué soluciones se han propuesto para hacer frente a estas pérdidas? Son definitivas?

R: En el caso que nos ocupa, desgraciadamente las soluciones que tenemos al alcance pasan por aprender a convivir con estas plagas y adaptarnos a ellas, mediante tratamientos más específicos. No tenemos alternativa, ya que estos problemas vienen dados por unas temperaturas cada vez más elevadas, producidas por el cambio climático, y la introducción de nuevas especies que rápidamente se adaptan a nuestro entorno pero a la vez son resistentes a los tratamientos que habíamos utilizado tradicionalmente.

Y tenemos que actuar deprisa: últimamente tenemos noticias de la aparición de especies invasoras como el cotonet de Sudáfrica, que está causando la pérdida del 100% del cultivo y supone un problema muy serio para la agricultura local.

P: ¿Tendremos que afrontar más problemáticas como ésta en un futuro cercano? ¿Hay alguna manera de evitarlas?

R: Tal y como están las cosas ahora, seguramente seguiremos enfrentándonos cada vez a más problemas como este. La solución pasa, por un lado, para que las administraciones hagan controles a las frutas y verduras que vienen de otros países para evitar la entrada de más especies invasoras. Lo ideal, sin embargo, es que todo el mundo consuma de proximidad y de temporada: si fuera así, no sería necesario importar y probablemente no correríamos tantos riesgos.

P: Estos días celebramos la Semana de la Naturaleza y, concretamente, el pasado 22 de mayo fue el Día Internacional de la Diversidad Biológica. En qué consiste la biodiversidad cuando hablamos de agricultura? ¿Qué relación tiene con la agricultura sostenible? ¿La diversidad de cultivos puede evitar las pérdidas alimentarias?

R: El término «biodiversidad» en agricultura implica muchas cosas. Podemos hablar de biodiversidad de fauna (es decir, aquellos insectos o animales que pueden ser beneficiosos o no para el cultivo) o de flora. Si favorecemos la diversidad podemos controlar las plagas de forma biológica y ahorrarnos muchos químicos; por no hablar de que cada vez tenemos que ajustar más el uso del agua y, en un contexto de cambio climático, necesitamos plantas que sean resistentes a las altas temperaturas para evitar futuras pérdidas causadas por la falta de riego. No obstante, siempre quedará algún resto… que puede ser aprovechado por proyectos como el de la Fundación Espigoladors.

Laura, voluntaria: «Ver los camiones de las entidades llenos de comida que hemos cosechado me hace sentirme realizada»

Muchas personas encuentran en el espigueo una manera de reencontrarse con la naturaleza a la vez que realizan una labor en beneficio de la comunidad

Laura, voluntaria: «Ver los camiones de las entidades llenos de comida que hemos cosechado me hace sentirme realizada»

Muchas personas encuentran en el espigueo una manera de reencontrarse con la naturaleza a la vez que realizan una labor en beneficio de la comunidad

Aunque se trata de una práctica milenaria, la palabra «espiguear» es bastante desconocida. «No habíamos oído hablar de ello», dicen muchos voluntarios y voluntarias cuando les preguntas cómo es que han terminado cosechando acelgas o coles una mañana de marzo en Viladecans. El espigueo les supone una especie de reencuentro con la naturaleza y con una práctica muy arraigada en nuestra cultura, pero que se ha ido perdiendo con el tiempo -y las lógicas de mercado.

Muchas personas vienen a los espigueos a través de entidades sociales; otros, porque lo vieron en la televisión o en las redes; o gracias al boca-oreja cortesía de amigos y familiares. Y salen entusiasmadas, ya que es fácil encontrarse con quien repite varios días a la semana. En este campo de acelgas del Parque Agrario del Baix Llobregat ya hemos venido hasta 5 veces durante esta temporada, porque el precio de venta de la verdura es tan bajo que al productor no le sale a cuenta invertir dinero para hacer la cosecha.

«Es la segunda vez que vengo, y esta vez me he pedido fiesta en el trabajo expresamente», explica Laura, una voluntaria de 33 años que trabaja de administrativa en Barcelona. «Hace tiempo que tenía ganas de hacer voluntariado y ayudar a los demás, pero no encontraba una iniciativa que me acabara de encajar, porque muchas se desarrollan en el entorno urbano y yo quería trabajar en algo relacionado con el medio ambiente. De hecho, me había planteado apuntarme a limpiar playas «, explica. Pero al conocer el significado del espigueo algo en ella hizo «clic»: «En cuanto lo conocí vi claro que ya había encontrado lo que estaba buscando. Una tarea que me permitía estar en el campo, al aire libre -algo muy necesaria en estos tiempos de pandemia- y ayudar a los demás. Ver los camiones de las entidades sociales llenos de comida que hemos cosechado me hace sentirme realizada. Hemos contribuido al aprovechamiento de todos estos alimentos y hemos ayudado a que más lo necesita «.

Este sentimiento de satisfacción a la hora de ayudar a la comunidad lo comparten también otros voluntarios como Sergio, vecino de Sant Boi y miembro de la Tienda de Alimentos Solidarios. Mientras espiguea naranja amarga de los árboles del barrio de Vinyet, en el marco del proyecto piloto para espigar los árboles frutales de las calles, explica que él en su momento también fue usuario de la entidad: «la Tienda me estuvo ayudando mucho tiempo y creo que hay que devolver el favor de alguna manera «. Gema, que también es miembro de la Tienda, comenta que ella está en el paro y que «este voluntariado es el mejor trabajo que puedo hacer».

Voluntarios y voluntarias de la Tienda Solidaria de Sant Boi, en el espigueo de naranja amarga de calle organizada en la ciudad el pasado mes de marzo

Con nuestra labor forma hacemos crecer movimiento social que reivindica que las personas deben estar en el centro de la economía: los colectivos más vulnerables, los productores y productoras y, por supuesto, el conjunto de personas voluntarias, entre otros.

Un cambio de conciencia social, revalorizar los alimentos y promover una cultura de aprovechamiento son aspectos clave para revertir la amenaza del cambio climático y promover el aprovechamiento alimentario es una de las vías para conseguirlo.

Como Laura y Sergio, más de 2.000 voluntarios y voluntarias de toda Cataluña ya han vivido experiencias espigadoras el Parque Agrario del Baix Llobregat o en las zonas agrícolas del Maresme, el campo de Tarragona y Tierras del Ebro. Y tú, quieres unirte al movimiento? Hazte espigador / a! #JoEspigolo

California también es espigadora

Espigoladors establece conexiones internacionales. Visita entidades espigadoras de los Estados Unidos, un territorio donde esta práctica está muy extendida.

California también es espigadora

Espigoladors viajamos a los Estados Unidos para conocer otras entidades espigadoras

Marc Farrés, responsable de espigamiento de la Fundación Espigoladors, en la localidad californiana de San Luis Obispo durante una espigada con Glean SLO.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado el 29 de septiembre Día Internacional de Concienciación sobre las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Este año se ha celebrado por primera vez, y la Fundación Espigoladors hemos organizado un conjunto de actos para celebrarlo.

Una de las acciones que hemos llevado a cabo es la puesta en marcha de la campaña internacional #WeAreGleaners (wearegleaners/fwlday). Hemos reunido más de una veintena de entidades espigadoras de todo el mundo con el objetivo de visibilizar y reivindicar el potencial del espigamiento como actividad de lucha contra las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Nuestro trabajo en el marco internacional, eso sí, ya había empezado mucho antes. A inicios de este 2020, Marc Farrés, el responsable del área de espigamientos de nuestra Fundación, realizó un viaje muy especial por el estado de California, situado en la costa oeste de los Estados Unidos. La elección de la destinación tiene una explicación bien clara: en este país el espigamiento es una actividad muy consolidada, podemos encontrar más de trescientas entidades que se dedican a ello. California, además, es uno de los estados con más conreo de frutas y verduras, sobretodo en su plana central, y cuenta con más de cuarenta entidades espigadoras. Marc conoció a cuatro de ellas, con quienes compartió experiencias y aprendizajes.

Su ruta empezó por el norte de California, cerca de San Francisco. Al extremo sur de la bahía que baña esta famosa ciudad, encontramos la ciudad de San José, conocida como la capital de la zona de Silicon Valley. El gran número de empresas tecnológicas que desde los años 70 empezaron a instalarse en la región, ha propiciado un proceso de gentrificación con una presión urbanística muy fuerte que ha ganado terreno a la agricultura. Pero a pesar de la falta de campos de conreo, en esta zona casi todos los jardines particulares de las casas, los backyards, tienen árboles frutales. Craig Disrerens, un vecino de la zona que se dedicaba al mundo empresarial, un buen día empezó a preguntarse qué se hacía con toda la fruta de los jardines, y decidió cosecharla y elaborar mermeladas con un grupo de chicos y chicas de su barrio para aprovecharla. En 2001 hizo crecer su proyecto y creó Village Harvest, una entidad pionera de espigamiento de backyards. Actualmente a apartado la elaboración de mermeladas, pero con la ayuda de 6.000 voluntarias y voluntarios consigue espigar 100.000 kg de fruta, mayoritariamente cítricos, cada año.

Craig Disrerens, fundador de Village Harvest.

Sin alejarse demasiado de la costa, pero viajando muchos kilómetros hacia el sur, Marc llegó a la pequeña ciudad de San Luis Obispo, donde conoció el equipo de Glean Slo. Lo que hace especial a esta entidad nacida en 2010, es que actualmente forma parte del banco de alimentos de la ciudad; son sus proveedores de fruta y verdura fresca. Los alimentos que distribuyen los espigan de backyards y de cultivos hortofrutícolas. También recuperan alimentos de los mercados de payés (farmers market).

En Los Angeles Marc hizo una parada obligatoria, no podía irse de California sin conocer a Food Forward, una organización que con pocos años se ha convertido en todo un referente en Estados Unidos. La mayoría de los alimentos que recuperan, 7 millones de kg anuales, son del wholesale Los Angeles, el mercado mayorista de la ciudad. También espigan backyards y, de tanto en cuanto, algún campo de cultivo. Una organización que trabaja con cifras tan elevadas, necesita muchos voluntarios y voluntarias para poder funcionar: ¡cuentan con el respaldo de 20.700 personas, y canalizan alimentos a 30 Servicios de Distribución de Alimentos diferentes!

Marc Farrés a Los Angeles amb l’equip de Food Forward

Produce Good es la última entidad que Marc conoció. Están en Encenitas, una pequeña ciudad costera de la provincia de San Diego. Su actividad está centrada en el espigamiento de fruta en los backyards, y una vez a la semana acuden a 4 farmers markets. Marco quedó enamorado del entorno natural de sus oficinas: son una antigua granja envuelta de prados que han convertido en un espacio de trabajo compartido.

Con todos ellos y ellas, Marc pudo compartir la situación que vive el espigamiento en Cataluña. Les explicó nuestro modelo y cómo la actividad que llevamos a cabo es muy cercana al sector primario. A diferencia de las entidades estadounidenses, que eminentemente espigan backyards y farmers markets, aquí tenemos mucha relación con los agricultores y agricultoras y sus campos. Eso sí, a pesar de las diferencias, el objetivo de todas las entidades es el mismo: propiciar que los colectivos más vulnerables tengan acceso a una alimentación saludable, y crear una red ciudadana que actúe contra las pérdidas y el desperdicio alimentario.