Acompañamos al Prat a caminar hacia un sistema alimentario justo, resiliente y sostenible

Acompañamos al Prat a caminar hacia un sistema alimentario justo, resiliente y sostenible

Bajo esta premisa impulsamos el proyecto Prat Alimenta para transformar la Estrategia Alimentaria del Prat del Llobregat.

¿De dónde venimos?

La alimentación es algo fundamental en nuestras vidas, necesitamos alimentarnos cada día y hacerlo de manera saludable para poder tener una vida plena y activa. La cadena agroalimentaria es la encargada de proporcionarnos la comida de la que nos alimentamos y sabemos que tiene un papel destacado en la actual crisis climática que estamos viviendo. Actualmente, esta cadena está muy globalizada provocando unas relaciones comerciales injustas para los productores y productoras, un uso intensivo del suelo y del agua, así como grandes desplazamientos de los alimentos que aumentan los gases de efecto invernadero emitidos. No sólo es necesario que la alimentación sea saludable sino también sostenible.

Es por ello que en 2015 varias ciudades de todo el mundo, entre ellas el Prat de Llobregat, firmaron el Pacto Milán para hacer constar su compromiso en el avance hacia sistemas alimentarios sostenibles, inclusivos, resilientes, seguros y diversificados. La voluntad era organizar sus sistemas alimentarios urbanos a partir del marco de acción que se proponía, revisando sus políticas, planes y normas para adaptarlos a los principios que emanan del Pacto, involucrando en el proceso a todos los agentes del sistema alimentario.

Sesión de inicio del proceso participativo de la Estrategia Alimentaria del Prat del Llobregat (20 de abril del 2023)

El Prat de Llobregat es un municipio con una cultura, tradiciones y patrimonio históricamente arraigados con su entorno agrícola, así como con una estrecha vinculación territorial con el Parque Agrario del Baix Llobregat, el primer parque agrario de Cataluña.

En 2020 el Ayuntamiento de El Prat encargó una propuesta de estrategia agroalimentaria de la ciudad que sirviera para reorientar las líneas de acción municipales y potenciara las políticas alimentarias de la ciudad en clave de sostenibilidad y equidad. En El Prat lleva años trabajando en la generación de proyectos que integran y promueven los principios que recoge el Pacto de Milán, así como se ha apoyado a entidades que trabajan para promover un sistema alimentario más sostenible e inclusivo.

En 2022, con la financiación de la Fundación Daniel y Nina Carasso, pusimos en marcha el proyecto Prat Alimenta, para transformar la estrategia agroalimentaria de ciudad del Ayuntamiento en una estrategia que incluyera a los diferentes agentes del sistema agroalimentario pratense, en a través de la participación de las entidades y la ciudadanía, caminando así hacia la agroecología.

¿Cómo lo estamos haciendo?

Inicialmente, se hizo un trabajo interno desde Espigoladors donde se revisó y alineó la propuesta que había salido del proceso interdepartamental llevado a cabo durante 2020 con las principales estrategias alimentarias que existen en nuestro entorno, tanto en el ámbito de la ciudad como supramunicipales. Con esta información se elaboró ​​un primer borrador de estrategia.

A partir de abril de 2023 se inició un proceso para conocer el estado de la cadena agroalimentaria de El Prat. Desde entonces se ha llevado a cabo hasta 4 sesiones colectivas y se ha entrevistado individualmente a más de 15 entidades locales así como con los técnicos de los departamentos que se han considerado más prioritarios. A partir de estos contactos se ha modificado la estrategia alimentaria para incluir las visiones y proyectos que ya existen en El Prat. El proyecto de Prat Alimenta no tiene sentido si no recoge el bagaje de todo el trabajo que ya se ha realizado y que debe ser el punto de partida de todos los cambios que se puedan originar.

Sesión participativa de Prat Alimenta con agentes del sistema alimentario de El Prat del Llobregat (28 de noviembre del 2023)

Tampoco se ha dejado de lado el papel clave que la ciudadanía debe jugar en esta estrategia alimentaria. Para incluir su opinión se están llevando a cabo intervenciones participativas en diferentes puntos de El Prat con afluencia de población. Estas intervenciones quieren tener un doble papel: saber la opinión de la ciudadanía en algunos puntos clave y dar a conocer la estrategia alimentaria de cara a fomentar su participación.

Vam ser a la Fira Avícola per promoure la participació ciutadana de Prat Alimenta (3 de diciembre del 2023)

¡Seguimos avanzando!

Con el año 2024 llegan los mayores retos para el proyecto Prat Alimenta. Queremos que la estrategia alimentaria sea mucho más que un documento. ¿Cómo queremos hacerlo posible?

En primer lugar, publicaremos el documento de la estrategia en la web del ayuntamiento durante el mes de enero para que todos los ciudadanos que quieran puedan hacer comentarios y ayudarnos a mejorar.

Después, crearemos dos espacios de trabajo en el ámbito alimentario:

  • Un grupo interdepartamental en el Ayuntamiento para alinear las políticas que se están llevando a cabo en el ámbito alimentario desde los diferentes departamentos creando así sinergias y trabajando conjuntamente en este ámbito.
  • Grupos de trabajo de temáticas concretas con las entidades de El Prat para poder trabajar conjuntamente en proyectos específicos o en realizar formaciones a los agentes que lo necesiten. Queremos articular estos grupos de trabajo a partir de la Mesa por el Clima que existe en el municipio y que en breve se volverá a reactivar. En esta mesa también se podrá incorporar la voz de la ciudadanía así como hacer seguimiento de los resultados del proyecto.

Con todo este trabajo queremos que la estrategia alimentaria pueda ser el catalizador de todo lo que se está haciendo en el prado: consolidando aquellos proyectos que ya están pasando, dando un empujón a aquellos que apenas son una idea y analizando si es necesario incorporar nuevos proyectos que puedan ser de interés.

Desde Espigoladors afrontamos este nuevo año con muchas ganas de seguir caminando junto con el Ayuntamiento de El Prat, las entidades y la ciudadanía hacia un sistema alimentario municipal justo, resiliente y sostenible.

Estamos al límite: por qué reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos es necesario para que el sistema agroalimentario se mantenga dentro de los límites planetarios.

Estamos al límite: por qué reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos es necesario para que el sistema agroalimentario se mantenga dentro de los límites planetarios.

Hoy, Día Internacional contra el Cambio Climático, destacamos la urgencia de reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos y los impactos ambientales asociados en un contexto en el que se han superado seis de los nueve límites planetarios para la habitabilidad y la estabilidad de la Tierra.

El sistema agroalimentario globalizado e industrializado desperdicia cada año 1.300.000 toneladas de alimentos aptos para el consumo humano, una cifra equivalente a un tercio de lo que se produce en el mundo (FAO, 2011) y que aumenta con cada nuevo estudio que se realiza sobre esta problemática.

Las causes de las pérdidas y el desperdicio de alimentos (PDA) tienen su raíz principalmente en un modelo de producción y consumo de alimentos totalmente desconectado de los límites ecológicos que fomenta, entre otros, la obtención de la máxima producción al mínimo coste o la imposición de estrictos requisitos estéticos que impiden la comercialización de muchas cosechas. Como sociedad, hemos perdido la conciencia del valor de los alimentos, una situación también provocada por la desconexión con la tierra, el territorio y el trabajo de los agricultores.

Detrás de los miles de toneladas de alimentos descartados se esconde un impacto ambiental de grandes dimensiones (FAO, 2013). Cuando se desperdicia un alimento, todos los elementos utilizados en su producción, tales como el agua, el suelo y la energía, también se convierten en residuos, además de generar inútilmente emisiones de gases de efecto invernadero.

Un impacto ambiental que desafía los límites planetarios para la estabilidad y habitabilidad de la Tierra, de los cuales, según los últimos informes publicados, ya se han superado seis. Cinco de ellos tienen una relación directa con el impacto de las pérdidas y el desperdicio de alimentos:

  • Cambio climático: si las PDA a nivel global fueran un país, sería el tercero en emisiones de CO2 de todo el planeta, siendo responsables del 8% de las emisiones a nivel global. Según un informe del proyecto Drawdown (2020),la reducción de este 8% de gases de efecto invernadero mantendría el calentamiento global por debajo de los 2 grados, como se establece en el Acuerdo de París. Por este motivo, la reducción de las PDA se plantea como una de las soluciones más efectivas para combatir los efectos del cambio climático.
  • Pérdida de biodiversidad: aumentando la degradación de hábitats y ecosistemas y la pérdida de biodiversidad debido al uso de tierras agrícolas para cultivar alimentos que en último término no se consumirán.
  • Cambio en el uso de la tierra: el 28% de las tierras agrícolas disponibles en el planeta se utilizan para producir alimentos que terminan siendo desperdiciados o malgastados. Esto equivale a 1.400 millones de hectáreas de tierra agrícola, equivalentes a la superficie de Rusia o 24 veces a la Península Ibérica.
  • Uso de agua dulce: las PDA implican el desperdicio de 250 km3 de agua al año, una cifra equivalente a cien millones de piscinas olímpicas o el caudal anual del río Volga.  
  • Contaminación bioquímica: los alimentos arrojados en vertederos se descomponen y producen metano que, además de contribuir al cambio climático, puede filtrarse en fuentes de agua cercanas y contaminarlas. El uso de fertilizantes y pesticidas en los cultivos también acelera la degradación del suelo.

Si el sistema agroalimentario es responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, es aún más alarmante que, en un contexto de crisis climática, se agoten los recursos naturales para producir alimentos que nunca llegarán a un plato. A esto se suma la inversión desperdiciada de recursos humanos y económicos, así como la paradoja ética de que esta problemática coexista con altos índices de inseguridad alimentaria a nivel mundial.

Es esencial, ahora más que nunca, centrarse en la transición hacia un sistema alimentario que haga efectivo el derecho fundamental a una alimentación saludable dentro de los límites ecológicos del planeta. En este contexto, la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos debe convertirse en un objetivo clave e innegociable.

Las soluciones implican transformaciones a nivel social, colectivo e individual: poner en el centro el valor nutricional y cultural de los alimentos, generar cambios en nuestros patrones de alimentación y consumo, defender el trabajo de los agricultores y recuperar la cultura del aprovechamiento de alimentos, así como la transmisión generacional de conocimientos culinarios son algunos aspectos clave. Al mismo tiempo, es necesario aumentar el conocimiento sobre el problema para proporcionar un análisis en profundidad sobre las causas y los volúmenes de las PDA que se producen a lo largo de la cadena, y también abogar por acciones políticas ambiciosas que estén a la altura del problema y lo aborden desde la raíz.

Cultivando una red de iniciativas de food sharing en Europa

Cultivando una red de iniciativas de food sharing en Europa

Desde Espigoladors nos sumamos al proyecto Cultivate, liderado por el Trinity College of Dublin, que aglutina universidades, ayuntamientos e iniciativas alimentarias comunitarias de 9 ciudades europeas con el objetivo de ser motor de innovación en el ámbito del “food sharing” para contribuir a la construcción de sistemas alimentarios locales más sostenibles y resilientes.

El 23 de marzo se dio inicio al Proyecto Cultivate desde la sede del Trinity College of Dublin, universidad que lo lidera y que ha sido capaz de aglutinar universidades, ayuntamientos e iniciativas alimentarias comunitarias de toda Europa para generar herramientas innovadoras y necesarias para hacer frente a la falta de sostenibilidad y equidad que los sistemas alimentarios urbanos y periurbanos sufren y que los hace vulnerables a las crisis a las que debemos habituarnos cada vez más.

Las iniciativas alimentarias comunitarias (food sharing initiatives) han tenido como eje conductor las problemáticas descritas, entendiendo food sharing como todo acto comunitario a lo largo de la cadena alimentaria. Cultivate, en este sentido, propone crear una aproximación coral, con diferentes actores implicados, a fin de crear una plataforma de innovación social virtual que apuntale y ayude a crecer las iniciativas alimentarias comunitarias. Por eso se cuenta con la participación de gestores públicos, investigadores e investigadoras, agentes que participan en la cadena alimentaria, representantes de iniciativas alimentarias comunitarias y de la ciudadanía.

Esta plataforma prevé incorporar una herramienta de mapeo que reúne las diferentes iniciativas de cien ciudades europeas (SHARECITY100 DATABASE – SHARECITY) ya existente, pero esta vez ampliándola a doscientas. Otra herramienta interesante que se plantea formular en el marco del proyecto es una calculadora de costes, beneficios e impactos de las iniciativas alimentarias comunitarias. Para la implicación de los gestores públicos y actores políticos Cultivate plantea una herramienta interactiva (menu of good governance) que permita mejorar la toma de decisiones en el ámbito de política alimentaria que afectan a las iniciativas alimentarias comunitarias. Otra herramienta que se prevé desarrollar durante la ejecución del proyecto es una biblioteca de participación ciudadana (Library of Citizen Engagement) con mecanismos tanto virtuales como presenciales para intensificar la participación ciudadana en proyectos sostenibles de food sharing.

¿Y todo este paquete de herramientas que se plantea desde Cultivate, para qué? Pues el primer objetivo es ampliar el conocimiento y comprensión sobre el food sharing, qué impide o potencia estas prácticas, y qué impacto tienen en la gente, en el planeta y en las economías de las zonas urbanas y periurbanas. Cultivate pretende también, como segundo gran objetivo, fortalecer las economías basadas en food sharing en estas zonas. Por último, prevenir y reducir el desperdicio alimentario.

Participan del proyecto ayuntamientos, universidades e iniciativas alimentarias comunitarias de nueve ciudades europeas. Empezando por la coordinación del Trinity College of Dublin, que ya tiene una larga trayectoria en el estudio de cuestiones relacionadas con la alimentación comunitaria, se suman a nivel académico la Wageningen University, que cuenta con una importante especialización en estudios relacionados política alimentaria y el derecho alimentario siendo referente en estos campos, y finalmente en el mundo universitario destaca la Universidad de Barcelona, ​​que con la reconocida investigadora, con beca Ramon y Cajal, Anna Moragues se convierte también una universidad referente en el estudio de la seguridad alimentaria, las desigualdades que genera el modelo alimenticio vigente y en política alimentaria. Por lo que respecta a los ayuntamientos, destacamos la presencia de Milán, ciudad que acogió el Pacto de políticas alimentarias urbanas y que actualmente cuenta con una concejalía innovadora en política alimentaria; Barcelona, ​​que en los últimos años se ha posicionado como ciudad referente en políticas urbanas encaminadas a la sostenibilidad alimentaria; y Utrecht, que actualmente cuenta con una estrategia para la vida urbana saludable en la que la política alimentaria es uno de los ejes vertebradores. Por último, encontramos diversas iniciativas alimentarias como Bouroume, con sede en Atenas, que impulsa un proyecto de recuperación de excedentes alimentarios para destinarlo a las entidades sociales que trabajan en Grecia. Además, con la colaboración de Espigoladors, han empezado a estudiar la posibilidad de espigar en zonas agrícolas griegas.

Pues sí, desde Espigoladors también “cultivamos”, formando parte de este estimulante proyecto como iniciativa comunitaria alimentaria innovadora con la recuperación del espigueo como actividad de food sharing única a nivel europeo. Nuestra participación en el proyecto permitirá no sólo evaluarla, sino también poder consolidar las bases para su expansión en otras ciudades europeas. Así lo deseamos, porque estamos convencidos de que espigar es una actividad pionera para la lucha contra las pérdidas y el desperdicio alimentario y para la sensibilización en favor de un modelo alimentario más sostenible y justo.

Más información del proyecto en: cultivate-project.eu/

(r9)Alimenta, o cómo promover el cambio en las organizaciones del sector agroalimentario hacia la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos

(r9)Alimenta, o cómo promover el cambio en las organizaciones del sector agroalimentario hacia la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos

En los últimos meses, la Fundación Espigoladors hemos desarrollado el programa de formación y asesoramiento “(r9)Alimenta – Las Rs de las pérdidas y el desperdicio alimentario para la economía verde”. El objetivo: acompañar a personas trabajadoras del sector agroalimentario de Murcia y Andalucía dotándoles de conocimientos y competencias en materia de sostenibilidad y economía verde.

(r9)Alimenta: un programa impulsado para promover el cambio en organizaciones del sector agroalimentario y de la economía verde

En este contexto, es necesario que existan profesionales, tanto del sector empresarial, como de entidades sociales y de la administración, que estén formados en esta temática y sean claves para que el sector cumpla con las futuras obligaciones legislativas, además de devenir ejemplo de iniciativas para el aprovechamiento de alimentos.

Bajo esta premisa, desde la Fundación Espigoladors impulsamos y desarrollamos el proyecto “(r9)Alimenta – Las Rs de las pérdidas y el desperdicio alimentario para la economía verde” , con el apoyo del Programa Empleaverde, iniciativa puesta en marcha por la Fundación Biodiversidad a través del Fondo Social Europeo.

Un programa de formación y asesoramiento a través del cual hemos acompañado, durante 7 meses, a personas trabajadoras de empresas agroalimentarias, entidades sociales e instituciones públicas dotándoles de conocimientos y competencias en materia de sostenibilidad y economía verde. En especial, se ha profundizado en la temática de las PDA, visibilizando sus impactos, reflexionando sobre sus causas e identificando cómo podemos combatirlas, tanto a través de la prevención como de la revalorización.

El proyecto se ha enmarcado en las comunidades autónomas de Andalucía y Murcia, dos de las regiones donde se concentra la producción agroalimentaria de España y, por lo tanto, con un elevado número de actores que trabajan en este sector clave para la lucha contra las PDA.

Los retos de las participantes: tres testimonios en el marco de la concienciación y la transformación alimentaria

En una segunda fase, los y las participantes de (r9)Alimenta han podido trabajar un caso práctico o proyecto vinculado a su actividad laboral que contribuyera a la lucha contra las PDA. Para ello, se realizaron sesiones de asesoramiento personalizados entre los y las asistentes al curso y profesionales del equipo de Espigoladors, que los acompañaron en el desarrollo y concreción de su iniciativa.

Han sido muchos los retos que han surgido, desde diversos ámbitos y con distintos enfoques. Damos voz, en este artículo, a tres de las iniciativas planteadas.

“Huelva se alimenta cuidando su diversidad cultural y ambiental” es el nombre del proyecto pedagógico ideado y desarrollado por Isabel Brito, bióloga, activista ambiental y funcionaria del Servicio de Medio Ambiente y Energía de la Diputación de Huelva.

Como nos cuenta en primera persona, “dicho nombre incorpora el concepto de Huelva como territorio que alimenta, dentro y fuera de nuestras fronteras. Se la conoce como despensa de Europa. La propuesta se centra en los alimentos locales y los alimentos procedentes de países latinoamericanos que actualmente forman parte de nuestra cocina. Nos propone recuperar saberes, a través del aprovechamiento de alimentos en nuestras recetas culinarias. Y nos invita a incorporar el sabor de calidad que nos ofrece nuestro entorno natural diverso y único, encarnado por las dehesas, las marismas, el Andévalo y la costa.”

La diversidad cultural y ambiental son dos ejes claves de su iniciativa, que se materializará en una maleta pedagógica: un recurso educativo para sensibilizar, a través del aprovechamiento alimentario, sobre la importancia de tener una alimentación saludable y sostenible. “A través de once actividades sencillas pero divertidas en las cuales, a través del juego, los talleres, las excursiones, las visitas, las nuevas tecnologías y los recetarios de aprovechamiento, todos y todas podamos acercarnos más a nuestra cultura culinaria, y al mismo tiempo contribuir a conservarla”, nos cuenta Isabel.

Isabel Brito, en el entorno del Parque Natural de Doñana.

Susana y María José, son integrantes de la Asociación Subbética Ecológica. Situada en Cabra (Córdoba), la asociación aúna a familias productoras con familias consumidoras, pequeños establecimientos, grupos de consumo y comedores escolares en torno a la alimentación ecológica. El proyecto cuenta también con un obrador de conservas, principal motivo por el cual se unieron al programa. “El reaprovechamiento de excedentes y la conciencia por no desperdiciar alimentos está en la base del trabajo de elaboración de conservas y elaborados que realizamos. Poder conocer más a fondo la problemática y la experiencia de otros colectivos es lo que nos hizo sumarnos al programa”, nos comentan.

Durante el asesoramiento, detectamos aspectos de mejoría en materia de comunicación y marketing, así como en los procesos productivos del obrador, a partir de los conocimientos del equipo de Espigoladors y de su obrador es im-perfect. “La idea es, por un lado, poder mejorar nuestros procesos y conocer nuestros rendimientos y posibilidades, para poder ayudar a nuestras familias hortelanas con sus excedentes. Y, por otro, saber transmitir a nuestras familias consumidoras la importancia de comprar nuestros productos no sólo por su carácter saludable, local y ecológico, sino por esa apuesta que hacemos para que esa pérdida de productos no se produzca”, explican Susana y María José. 

En el obrador ecológico de la Subbética elaboran todo tipo de conservas vegetales, como salsas y encurtidos.

Borja del Valle, actualmente consultor ambiental en Ideas Medioambientales, se unió al programa siendo técnico de medioambiente de la Mancomunidad Turística de Sierra Espuña, en Murcia. En concreto, estaba involucrado en el proyecto Agroeconatura, que tiene el objetivo de fomentar la venta y el consumo de productos locales, así como dignificar el papel del campesinado.

En su paso por (r9)Alimenta ha trabajado en la elaboración de una guía para fomentar la sostenibilidad en el proyecto a través de la prevención de las PDA. Un decálogo de consejos y aspectos clave para la producción primaria, la venta al detalle y la restauración que está pendiente de publicación. “Lo que quería es, por un lado, crear conciencia sobre las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario y, por otro lado, ayudar a los sectores con los que trabajaba a que pudieran optimizar sus recursos y reducir este tipo de residuos”, explica Borja.

Tres ejemplos que, junto a las otras iniciativas de (r9)Alimenta, esperamos y deseamos que se conviertan en referentes y fuentes de inspiración para tantas otras organizaciones, empresas o entidades que quieran pasar a la acción para hacer frente a la urgente y necesaria reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario.

El Pacto de Milán y seis ejes para poner la alimentación saludable y sostenible en el centro

El Pacto de Milán y los seis ejes de Espigoladors para poner la alimentación saludable y sostenible en el centro

En el marco de la Capitalidad de la Alimentación Sostenible, Barcelona acogió, el pasado octubre, el 7º Foro Global del Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán: un espacio de encuentro y reflexión conjunta sobre la relación entre el sistema agroalimentario, la alimentación urbana y la emergencia climática. Repasamos los puntos clave del Pacto y cómo las acciones que impulsamos desde Espigoladors se encuentran alineadas con éste.

En 2015 se aprobó el Pacto de Milán, que hasta la fecha han firmado 210 ciudades de todo el mundo, entre ellas Barcelona y el Prat de Llobregat. Éste es un documento que quiere promover el compromiso de las Administraciones de avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles, resilientes e inclusivos, que aseguren que todas las personas tengan acceso a una alimentación saludable, reduzcan las pérdidas y el desperdicio alimentario, y promuevan la mitigación del cambio climático y la defensa de la biodiversidad.

Es importante destacar que el Pacto se da entre ciudades porque actualmente los centros urbanos agrupan a más de la mitad de la población mundial, una cifra que sin duda aumentará año tras año debido a los procesos de urbanización. Así, las ciudades de todo el mundo se preguntan qué acciones pueden emprender en materia de alimentación a través de la revisión de sus políticas y planes, y de la promoción de nuevas iniciativas.

Para desarrollar un sistema agroalimentario sostenible es imprescindible trabajar desde una visión global y transversal de la alimentación. Las acciones que emprendan las administraciones, por tanto, deberán involucrar a todos los agentes de la cadena alimentaria: producción, distribución, transformación y comercialización de alimentos. Siguiendo esta línea, el Pacto de Milán propone un Marco Estratégico de Acción, que cada ciudad puede adaptar a su contexto. Uno de sus puntos centrales es la defensa de los agricultores y agricultoras locales, aspecto que propone trabajar desde el aumento de la producción urbana y periurbana de carácter agroecológico, y desde el fomento de los circuitos cortos de comercialización. También recoge la necesidad de promover la distribución y transformación alimentaria local y de bajo impacto ambiental, la promoción de los comercios de proximidad y los mercados locales, y de la sensibilización ciudadana en materia agroalimentaria. Todos estos puntos, además, deben enmarcarse dentro de la equidad social y la dignidad laboral y que se generen y se revisen desde procesos de gobernanza compartida.

A todos los efectos, buena parte del Marco de Acción del Pacto de Milán, también se encuentra apoyado por otras Estrategias y Planes que sirven de guía a las Administraciones locales del Área Metropolitana de Barcelona. Destacan el Plan Estratégico de la Alimentación de Cataluña y la Carta Alimentaria de la Región Metropolitana de Barcelona.

El Pacto de Milán, más allá de ser un marco protocolario internacional, es también un espacio de encuentro y reflexión conjunta de todos los centros urbanos que han emprendido acciones de fomento de modelos agroalimentarios saludables y sostenibles. Cada año, una de sus ciudades firmante, se convierte en la Capital Mundial de Alimentación Sostenible. La ciudad escogida se convierte en un centro donde se lleva a cabo el Foro del Pacto y donde, además, se promueven acciones e iniciativas que trabajen en el marco de la alimentación saludable y sostenible. Este año, Barcelona es la Capital Mundial de la Alimentación Sostenible y, como tal, acogió el 7º Foro del Pacto de Milán. Éste, que tuvo lugar entre el 19 y el 21 de octubre, fue un espacio de encuentro y reflexión conjunta sobre la relación entre el sistema agroalimentario, la alimentación urbana y la emergencia climática. También en este marco se ha impulsado el Barcelona Challenge on Good Food and Climate, que cuenta con un Toolkit innovador para calcular el impacto en términos de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero que tienen las políticas alimentarias de los municipios .

Los seis ejes de Espigoladors por la alimentación saludable y sostenible

En el contexto de la celebración de la Capitalidad de la Alimentación Sostenible de Barcelona, ​​desde la Fundación Espigoladors queremos reivindicar nuestra labor de reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario y de fomento de la alimentación saludable, que tantos puntos en común tiene con las nuevas líneas de trabajo que la ciudad ha puesto en marcha.

Por eso hemos establecido seis ejes o puntos que, para nosotros, definen la alimentación saludable y sostenible. Éstos se encuentran siempre presentes en todas las acciones que realizamos, y trabajan en la misma línea que el Pacto de Milán:

  1. Reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario a través del fomento de la cultura del aprovechamiento en todos los eslabones de la cadena alimentaria. Queremos reducir los impactos ambientales y social tan severos asociados a esta problemática.
  2. Dignificación del campesinado local y recuperación del valor de los alimentos a través del acercamiento de las personas de la ciudad a los campos del sector primario. El espigueo es una herramienta de sensibilización de gran impacto que permite romper con la dicotomía campo-ciudad y que, además, puede convertirse en un altavoz de las reivindicaciones del sector primario local.
  3. Incremento del consumo de frutas y verduras locales y de temporada en los Servicios de Distribución de Alimentos para fomentar la equidad en el acceso a dietas saludables, equilibradas y sostenibles.
  4. Fomento del consumo de productos de temporada y de proximidad, y promoción de su accesibilidad al conjunto de la población. Queremos romper con el paradigma de que la alimentación saludable es excluyente, y además queremos dar una salida comercial a las producciones del campesinado local.
  5. Transformación local de los alimentos con criterios de sostenibilidad y de justicia social a través de la Empresa de Inserción es im-perfect®.
  6. Promoción de la vertiente comunitaria de la alimentación. Queremos fomentar la cooperación entre todos los agentes de la cadena alimentaria y crear redes vecinales y comunitarias que pongan la alimentación en el centro y promuevan la participación activa de todos los colectivos. Sin duda, una de las comunidades que más promovemos es la de las espigadoras y espigadores.

El impacto que queremos promover desde Espigoladors no se agota en el corto plazo; queremos que también tenga un impacto a largo plazo que permita construir estos sistemas agroalimentarios resilientes de los que habla el Pacto de Milán. Por eso leemos la problemática de las pérdidas y el desperdicio alimentario, nuestro campo de acción principal, como una problemática originada por el modelo agroalimentario imperante y, en consecuencia, como una palanca de cambio de éste. Éste es un modelo globalizado, industrializado y mercantilizado que se aleja de cualquier paradigma de sostenibilidad ambiental y justicia social. La lucha por el aprovechamiento alimentario y la equidad en el acceso a dietas saludables y sostenibles es un campo de acción que cuenta con el apoyo de buena parte de los agentes de la cadena agroalimentaria, y que permite introducir cambios de forma progresiva que trabajen en la promoción de la soberanía alimentaria, un paradigma que busca también el Pacto de Milán.

Para seguir construyendo alternativas alimentarias y tener un mayor impacto, estamos seguras de que debemos hacerlo de la mano de las Administraciones. Por este motivo, celebramos la apuesta de Barcelona y el Área Metropolitana por la construcción de un modelo alimentario saludable y sostenible a través del Pacto de Milán y de la Capitalidad. Esperamos poder seguir tejiendo sinergias en el impulso de nuevos proyectos que tengan este impacto a largo plazo que tanto procuramos desde ambas partes.

Josep Lluís Escuer: «Hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario»

Josep Lluís Escuer: «Hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario»

Josep Lluís Escuer es representante de la Cooperativa agraria Fru-Rose (Lleida) y miembro del Consejo Rector de la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) en el ámbito de los suministros. Además, también representa a esta organización en la Comisión de Despilfarro y Sostenibilidad del Consejo Catalán de la Alimentación y la Comisión Asesora del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), entre otros. Esta vinculación con el campo le viene de lejos: él mismo es productor e hijo de productores de melocotón, nectarina, paraguayo y pera.

Después de un 2020 difícil por culpa del coronavirus, el campesinado local sigue afrontando retos no menos complicados: la globalización del mercado, disminución de los ingresos, cambio climático, especies invasoras, etc. Hablamos con Escuer de la situación actual la agricultura local y de las claves para poder seguir manteniéndola en el futuro.

P: Josep Lluís, tú mismo eres productor de fruta dulce: melocotón, paraguayo, nectarina… ahora que estamos en plena temporada, ¿Cuál es tu valoración hasta ahora?

R: La verdad es que esta campaña no es muy buena: este año hay poca producción debido a las heladas de primavera. Está siendo una cosecha accidentada, de calidad un poco deficiente… es una de esas campañas que nos gustaría terminar cuando antes, mejor.

P: ¿Qué quiere decir con «deficiente»?

P: Quiero decir que nos encontramos con huesos abiertos, picaduras, calibre pequeño, deformaciones, Russeting -marcas y rugosidades de la piel-… es decir, defectos que provocan que al final la fruta no se venda. Para que os hagáis una idea del impacto: en condiciones favorables en mis campos se pueden llegar a producir unas 300 toneladas de fruta y este año creo que apenas llegaremos a hacer 150.

Fruto doble.

P: Hay estudios que atribuyen estas heladas al cambio climático. ¿Qué cambios has notado en el campo en los últimos años relacionados con el calentamiento global?

R: El cambio climático se hace notar de forma importante cada día, y cuando lo vemos más es en el momento de la floración y la cosecha: estos procesos ocurren cada vez más pronto por culpa de las altas temperaturas. Por otra parte, las tormentas de verano, las granizadas y los temporales provocan unos estragos de miedo: tengo compañeros de la zona de Torroella de Montgrí que, por culpa del Gloria ¡llegaron a sufrir inundaciones de hasta un metro y medio en sus campos de manzanos!

P: ¿Hay posibilidad de adaptarse a esta nueva realidad?

R: Evidentemente, y por eso estamos trabajando conjuntamente con instituciones como el IRTA para conseguir variedades de plantas más adaptadas al cambio climático: las especies capaces de resistir las altas temperaturas y la falta de riego son las más buscadas. Desgraciadamente, no tengo claro si conseguiremos adaptarnos a este cambio lo suficientemente rápido…

P: ¿El cambio climático es el principal problema del campesinado?

R: ¡Qué va! Uno de los principales problemas que tenemos es la falta de entendimiento entre las administraciones y el campo; creo que todavía los gobiernos no son conscientes de la situación real. Por ejemplo: en los discursos a menudo oímos hablar de «producción ecológica» y es algo que suena muy bien, pero la realidad es que cada vez contamos con menos productos para poder combatir unas plagas que, en parte por culpa del cambio climático, son cada vez más agresivas. Dentro de pocos años me temo que habrá producciones que no puedan salir adelante porque la mayor parte de la cosecha se habrá perdido por culpa de unas plagas que no podremos controlar.

La solución es escuchar a quienes trabajamos la tierra, ya que la conocemos de primera mano. Y evidentemente nunca renunciaremos a la sostenibilidad… somos los primeros a los que nos interesa cuidar el medio ambiente, ya que dependemos de él para poder vivir.

P: Desde entidades, instituciones, grupos ambientalistas… insistimos mucho en la necesidad de consumir producto de proximidad y en la problemática que las importaciones causan tanto a nivel económico como ambiental. Pero, ¿actualmente Cataluña tiene suficiente suficiencia alimentaria? ¿Es viable limitar o prohibir las importaciones?

R: Yo pienso que Cataluña puede ser un país capaz de abastecerse perfectamente; tenemos fruta, carne, vinos, trigo… ¡prácticamente no nos falta de nada! Además, en temas agrarios, hemos demostrado ser un país con tradición pionera: fuimos la primera Comunidad Autónoma que tuvo una consejería de medio ambiente. El problema es que nunca hemos sido capaces de transformar todo este esfuerzo en un valor añadido que lo compense.

Por otra parte, yo creo que «prohibir» las exportaciones quizás sería demasiado radical; lo único que pedimos es que, como mínimo, podamos competir en las mismas condiciones. Esto ahora no está pasando y he aquí un ejemplo: durante las negociaciones para aprobar la nueva PAC, en Bruselas, desde las cooperativas insistimos muchísimo en que se apliquen los mismos criterios de producción -ya bastante exigentes- los productores de países de fuera de la Unión Europea… ¡y al final no han querido! Es decir, que a nosotros nos prohíben utilizar productos y técnicas para, supuestamente, preservar la calidad, la trazabilidad y la sostenibilidad, pero luego se permite la entrada de producto de fuera sin control. Y nosotros, además, pagamos las consecuencias: sea en forma de caída de precios por saturación del mercado o sea en forma de especies invasoras en nuestros campos.

P: Últimamente estamos viendo noticias muy preocupantes en relación al campo: productores que tiran alimentos como acción desesperada de denuncia, agricultores que se ven obligados a poner sus campos a la venta y, incluso, hechos tan graves como el incremento de suicidios entre el campesinado en algunos países como Francia. ¿Cuáles son las causas de este fenómeno?

Iniciar y mantener una nueva empresa agraria, para un pequeño productor, es una tarea imposible: levantarla y mantenerla equivale a una fortuna que al final no sirve para nada. Las grandes cadenas de distribución ganan mucho dinero realizando prácticas desleales y obligando al productor a vender la fruta a un precio ridículo. ¡A mí hace un par de años me llegaron a pagar sólo 18 céntimos por un kilo de fruta! Nos estamos arruinando.

Así las cosas, ¿Quién toma el relevo después? El resultado es que hay fincas y campos abandonados o que acaban en manos de fondos buitre y sirviendo a los intereses de la industria especulativa.

Melocotones.

P: Como pequeño productor, ¿Cuál es la hoja de ruta a seguir para asegurar el futuro de la agricultura local?

La clase política debe ser consciente de la tarea que hacemos en el mundo rural: campesinado somos los «jardineros y jardineras» del territorio y somos quien produce los alimentos para la población. A nosotros nos gustaría ganarnos la vida sin ninguna ayuda, pero desgraciadamente en el contexto actual no tenemos más remedio que depender de ella. Si las administraciones quieren que seguimos haciendo cultivos comprometidos y sostenibles necesitamos más ayudas para que, hoy por hoy, no ganamos lo suficiente para mantenernos.

Por otra parte tengo claro que hay que acabar con las prácticas desleales y el fraude en el mercado agroalimentario. Si es evidente que los productores estamos vendiendo por debajo de coste, por qué no se hace nada para evitarlo? El único control que hay es lo que ejercemos los pequeños productores y productoras de forma autónoma, y ​​eso nos hace sentirnos abandonados.

Y por último hay que impulsar dietas sanas y saludables entre la población, porque ahora mismo en nuestro mercado hay poca demanda de fruta y verdura. ¿Sabías que en Italia consumen 8 veces más fruta y verdura que en España? Necesitamos comer más fruta y verdura fresca y de proximidad.

P: En los últimos años también has ejercido de representante la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC) en el proceso de elaboración de la Ley 3/2020, de prevención de pérdidas y desperdicio alimentarios en Cataluña. Hace ya más de un año que la ley se ha aprobado; ¿Cuál es tu balance?

R: Creo que esta ley constituye un punto de partida muy bueno de cara a luchar contra las pérdidas y el desperdicio en toda la cadena alimentaria. Aún así creo que acaba de empezar y aún hay que desarrollarla mucho más: se deben implementar mecanismos de control en todos los eslabones de la cadena alimentaria, no sólo en el campo. Por otra parte, hay que establecer más alternativas para toda esta fruta y verdura excedente como por ejemplo la transformación… o bien canalizarla para que llegue a las familias que lo necesitan, como se hace desde Espigoladors. Ahora bien, tal y como comentaba antes, hay que ir a la raíz del problema si realmente queremos provocar un cambio en la tendencia actual.

Una lectura crítica del nuevo informe sobre desperdicio alimentario publicado por el PNUMA

La Fundación Espigoladors propone una revisión de la metodología y la interpretación de los datos recogidos en el nuevo informe sobre desperdicio de PNUMA para poder avanzar hacia la construcción de soluciones transversales a esta problemática.

Una lectura crítica del nuevo informe sobre desperdicio alimentario publicado por el PNUMA

El desperdicio alimentario es un emergencia climática y social. El nuevo informe del PNUMA publicado esta misma semana de marzo muestra nuevos datos de la magnitud de esta problemática. Pero, aunque estos puedan sernos de utilidad para crear un marco conceptual de esta problemática, no deben eclipsar la necesidad aún latente de crear modelos transversales que trabajen en la prevención y reducción del desperdicio y de sus efectos sociales y ambientales.

La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas establece que “De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.”

Para la medición de la consecución de esta meta por parte de los Estados Miembros signatarios, se han diseñado dos componentes específicos. Uno medirá las pérdidas y otro el desperdicio. Las pérdidas se medirán con el Índice de pérdidas de alimentos, centrado en los alimentos que se descartan desde la producción en los campos, hasta el nivel minorista, sin incluirlo. Y el Índice de desperdicio de alimentos que incorpora los niveles minoristas y de consumo. La FAO es la encargada del desarrollo y medición del Índice de pérdidas, y a su vez, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) el de desperdicio.

Celebramos que ayer día 4 de marzo de 2021 PNUMA publicara un primer informe sobre la situación mundial con respecto al índice de desperdicio alimentario. Para su elaboración, los investigadores e investigadoras revisaron los artículos publicados a nivel mundial hasta la fecha que incluyen datos cuantitativos del desperdicio generado en la distribución minorista, la restauración y los hogares. Estos datos han sido comparados con el concepto de desperdicio definido por el PUMA y con su calidad, que se ha estudiado teniendo en cuenta factores como el tamaño de la muestra, el método de medición utilizado o el alcance geográfico de los estudios. Con todo, han elaborado un análisis cualitativo de la calidad de los datos y han establecido recomendaciones para los Estados Miembros en su labor en la recogida de datos. Asimismo, también han realizado una estimación del desperdicio alimentario por país, y han comparado unos con otros.

Las principales conclusiones del artículo son las siguientes:

  • Se estima que en 2019 se han generado 931 millones de toneladas de residuos alimentarios entre la distribución y el consumo a nivel mundial.
  • Las cifras publicadas hasta el momento sobre desperdicio son inferiores a las obtenidas en este estudio del PNUMA. Éste señala que las cifras publicadas en 2011 por la FAO solo representan la mitad el desperdicio que se produce en las últimas etapas de la cadena alimentaria.
  • En el caso de España, el estudio estima que se están desperdiciando 77 kg por persona y año en los hogares.
  • Los datos publicados en este informe permitirán realizar estudios comparativos sobre la evolución de los Estados Miembro en materia de prevención y/o reducción de desperdicio alimentario. En 2022 se realizará una nueva extrapolación por países, que podrá compararse con los datos recogidos en este primer informe.
  • Piden a los Estados Miembros realizar estudios específicos de calidad con los que poder reportar el desperdicio alimentario generado.
  • Hay una gran falta de datos generalizada, y con los informes publicados las estimaciones no tienen una gran precisión. Hay que interpretarlas como un punto de partida, con el cual mejorar la toma de datos y situar el debate en la esfera pública y política.

A pesar de los avances alcanzados con este estudio, no podemos dejar de resaltar múltiples consideraciones que a nuestro parecer son importantes para interpretar de manera correcta las cifras recogidas en el informe del PNUMA y las conclusiones que emanan de éste.

Calidad de los datos:

En primer lugar, es importante poner sobre la mesa que los investigadores e investigadoras del PNUMA reportan de manera recurrente a lo largo del informe la incertidumbre existente en los datos existentes hasta la fecha sobre desperdicio alimentario. Además, posiblemente se han quedado fuera del análisis informes en lenguas distintas del inglés. Por ejemplo, en el caso de España, solo se ha utilizado una referencia cuando existen diferentes informes al respecto, entre los que se encuentra el Panel de desperdicio del Ministerio de Agricultura, que los estudia a nivel de hogares.

En segundo lugar, teniendo en cuenta las características del informe, desde Espigoladors consideramos que los datos recogidos no deberían interpretarse de manera precisa ni usarse para hacer comparaciones entre países. Eso sí, sin lugar a dudas, los datos tienen un gran poder para definir la magnitud de la problemática, que sin duda cuenta con grandes volúmenes y que deben reducirse urgentemente.

Interpretación de los datos y definición de “food waste”

El informe del PNUMA define “food waste” como “el alimento y sus partes no comestibles asociadas, retiradas de la cadena de suministros de alimentos humanos (en determinadas circunstancias); venta minorista, servicios de comida y hogares. Por retirados de la cadena de suministro de alimentos para humanos se entiende cada uno de los destinos finales: vertedero, combustión controlada, alcantarillado, basura / descartes / desperdicios, digestión co / anaeróbica, digestión de abono / aeróbica o aplicación al suelo.”

Los datos reportados en este informe consideran las partes comestibles y las no comestibles. Por tanto, sería más correcto hablar de residuos alimentarios y no de desperdicio alimentario, el término que generalmente se utiliza en lengua española. Somos conscientes que en los países de lengua latina utilizamos el término desperdicio alimentario o similares para referirnos a lo que en inglés es “food waste”, pero en este caso es muy importante tenerlo en cuenta, ya que se están considerando las partes no comestibles de los alimentos desechadas: huesos, pieles de frutas, etc.

Además, normalmente los estudios realizados por Europa y Norte América durante los últimos años centrados en los hogares han puesto el foco en la parte comestible de los alimentos. No hemos podido esclarecer si, en el informe, este factor se ha tenido en cuenta durante la extrapolación de los datos realizada en base a los datos existentes, y en la elaboración del ranking de niveles de desperdicio final por país.

Considerar las partes comestibles y no comestibles en todos los países del mundo para medir el índice de desperdicio puede servir para unificar métodos y estandarizar los datos. No obstante, habría que considerar los patrones alimentarios y la cultura alimentaria de los diferentes países. A modo de ejemplo, no es lo mismo que una familia cocine en casa pollo a partir de un pollo que despluma, deshuesa, etc.; a una familia que ingiere la misma cantidad de pollo pero lo compra en una bandeja monodosis. En el caso de la segunda familia, las plumas, huesos y partes no comestibles del pollo se habrían quedado en puntos anteriores de la cadena alimentaria, mientras que en el caso de la primera, estarían en su cubo de basura y serían consideradas desperdicio. Pasaría lo mismo con una familia que mayoritariamente consume productos pre-cocinados, pre-cortados, congelados, etc., pues teniendo en cuenta este índice acabará generando mucho menos residuos en el hogar que otra que compre producto fresco directamente de los productores y productoras.

Queremos resaltar que hay que interpretar el informe como un ejercicio teórico de extrapolación de datos, pero que hay que tener cautela en el momento de interpretar los datos, y así lo hacen los investigadores a lo largo de todo el informe. En este sentido, no creemos oportuno comparar Nigeria, que según el informe tiene un desperdicio de 189 kilos por habitante, con Estados Unidos con un dato de 59 kilos. En el caso de Nigeria existe un único estudio de referencia, y éste es un estudio elaborado en 2016 a tan solo 100 hogares para evaluar la generación de residuos en sus hogares.  

Meta 12.3

Nos sorprende que el PNUMA reconozca que el Índice de pérdidas y el Índice de desperdicio no sean agregables. Esto quiere decir, que se están dedicando cientos de horas de trabajo (más que necesarias sin duda) para acabar obteniendo unos datos parciales que serán incapaces de mostrarnos como están los diferentes países signatarios de los ODS en materia de pérdidas y el desperdicio a nivel de sistema agroalimentario.

El problema de las pérdidas y el desperdicio alimentario es un problema estructural del sistema agroalimentario, que no puede seguir tratándose de manera parcial analizando individualmente cada una de las etapas de la cadena alimentaria. Los volúmenes generados en una etapa pueden estar causados por comportamientos y decisiones de agentes que operan en otra, pues hay causas multifactoriales que no empiezan ni acaban con el cierre de una etapa.  Por lo tanto, ¿qué sentido tiene que una meta global de reducción de las pérdidas y el desperdicio no tenga un indicador conjunto?

Es necesario poner cifras a los volúmenes generados en cada etapa de la cadena, pero es urgente tener visiones y aproximaciones sistémicas en estas diagnosis si se quiere revertir el actual panorama.

Queremos también resaltar que las definiciones y conceptos usados por la FAO y PNUMA para pérdidas y desperdicio no son equivalentes a los utilizados en Europa. Así que pedimos que se interpreten los datos y resultados de ambos Índices con esta consideración. En definitiva, esta interpretación no agregada de las causas y teniendo en cuenta definiciones dispares puede generar confusión, y llegar a determinados actores o etapas de la cadena al tratarlo de manera aislada y no en su conjunto.

Cosificación de los alimentos

Nos sorprende que se incorpore una definición de “food surplus” (excedente de alimentos) que incluya los alimentos redistribuidos para consumo humano.  No sabemos si de manera consciente o no, pero el hecho es que pudiera parecer qué si no hay un intercambio monetario, este alimento ya pasa a ser un alimento de segundas. Desde Espigoladors consideramos que los alimentos son más que una simple mercancía o commodity, y deben ser considerados como un bien imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar. El hecho de calificar de excedente a unos alimentos que han sido ingeridos por personas, sin entrar en de qué manera han llegado a éstas, es un claro indicativo de la necesidad de un enfoque más radical para atender a la emergencia climática y social que representan las pérdidas y desperdicio alimentario. Sin un cambio de mentalidad generalizada no se alcanzará la meta 12.3.  

California también es espigadora

Espigoladors establece conexiones internacionales. Visita entidades espigadoras de los Estados Unidos, un territorio donde esta práctica está muy extendida.

California también es espigadora

Espigoladors viajamos a los Estados Unidos para conocer otras entidades espigadoras

Marc Farrés, responsable de espigamiento de la Fundación Espigoladors, en la localidad californiana de San Luis Obispo durante una espigada con Glean SLO.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado el 29 de septiembre Día Internacional de Concienciación sobre las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Este año se ha celebrado por primera vez, y la Fundación Espigoladors hemos organizado un conjunto de actos para celebrarlo.

Una de las acciones que hemos llevado a cabo es la puesta en marcha de la campaña internacional #WeAreGleaners (wearegleaners/fwlday). Hemos reunido más de una veintena de entidades espigadoras de todo el mundo con el objetivo de visibilizar y reivindicar el potencial del espigamiento como actividad de lucha contra las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Nuestro trabajo en el marco internacional, eso sí, ya había empezado mucho antes. A inicios de este 2020, Marc Farrés, el responsable del área de espigamientos de nuestra Fundación, realizó un viaje muy especial por el estado de California, situado en la costa oeste de los Estados Unidos. La elección de la destinación tiene una explicación bien clara: en este país el espigamiento es una actividad muy consolidada, podemos encontrar más de trescientas entidades que se dedican a ello. California, además, es uno de los estados con más conreo de frutas y verduras, sobretodo en su plana central, y cuenta con más de cuarenta entidades espigadoras. Marc conoció a cuatro de ellas, con quienes compartió experiencias y aprendizajes.

Su ruta empezó por el norte de California, cerca de San Francisco. Al extremo sur de la bahía que baña esta famosa ciudad, encontramos la ciudad de San José, conocida como la capital de la zona de Silicon Valley. El gran número de empresas tecnológicas que desde los años 70 empezaron a instalarse en la región, ha propiciado un proceso de gentrificación con una presión urbanística muy fuerte que ha ganado terreno a la agricultura. Pero a pesar de la falta de campos de conreo, en esta zona casi todos los jardines particulares de las casas, los backyards, tienen árboles frutales. Craig Disrerens, un vecino de la zona que se dedicaba al mundo empresarial, un buen día empezó a preguntarse qué se hacía con toda la fruta de los jardines, y decidió cosecharla y elaborar mermeladas con un grupo de chicos y chicas de su barrio para aprovecharla. En 2001 hizo crecer su proyecto y creó Village Harvest, una entidad pionera de espigamiento de backyards. Actualmente a apartado la elaboración de mermeladas, pero con la ayuda de 6.000 voluntarias y voluntarios consigue espigar 100.000 kg de fruta, mayoritariamente cítricos, cada año.

Craig Disrerens, fundador de Village Harvest.

Sin alejarse demasiado de la costa, pero viajando muchos kilómetros hacia el sur, Marc llegó a la pequeña ciudad de San Luis Obispo, donde conoció el equipo de Glean Slo. Lo que hace especial a esta entidad nacida en 2010, es que actualmente forma parte del banco de alimentos de la ciudad; son sus proveedores de fruta y verdura fresca. Los alimentos que distribuyen los espigan de backyards y de cultivos hortofrutícolas. También recuperan alimentos de los mercados de payés (farmers market).

En Los Angeles Marc hizo una parada obligatoria, no podía irse de California sin conocer a Food Forward, una organización que con pocos años se ha convertido en todo un referente en Estados Unidos. La mayoría de los alimentos que recuperan, 7 millones de kg anuales, son del wholesale Los Angeles, el mercado mayorista de la ciudad. También espigan backyards y, de tanto en cuanto, algún campo de cultivo. Una organización que trabaja con cifras tan elevadas, necesita muchos voluntarios y voluntarias para poder funcionar: ¡cuentan con el respaldo de 20.700 personas, y canalizan alimentos a 30 Servicios de Distribución de Alimentos diferentes!

Marc Farrés a Los Angeles amb l’equip de Food Forward

Produce Good es la última entidad que Marc conoció. Están en Encenitas, una pequeña ciudad costera de la provincia de San Diego. Su actividad está centrada en el espigamiento de fruta en los backyards, y una vez a la semana acuden a 4 farmers markets. Marco quedó enamorado del entorno natural de sus oficinas: son una antigua granja envuelta de prados que han convertido en un espacio de trabajo compartido.

Con todos ellos y ellas, Marc pudo compartir la situación que vive el espigamiento en Cataluña. Les explicó nuestro modelo y cómo la actividad que llevamos a cabo es muy cercana al sector primario. A diferencia de las entidades estadounidenses, que eminentemente espigan backyards y farmers markets, aquí tenemos mucha relación con los agricultores y agricultoras y sus campos. Eso sí, a pesar de las diferencias, el objetivo de todas las entidades es el mismo: propiciar que los colectivos más vulnerables tengan acceso a una alimentación saludable, y crear una red ciudadana que actúe contra las pérdidas y el desperdicio alimentario.

Economía circular, zero waste y aprovechamiento alimentario, un triplete inseparable

Una colaboración de Bûmerang, una entidad Zero Waste de modelo circular. Hablan de la necesidad de reducir los residuos para construir un modelo más sostenible, y de su conexión con la lucha para el aprovechamiento alimentario.

Economía circular, zero waste y aprovechamiento alimentario, un triplete inseparable

Este artículo es una contribución de Bumerang, el bowl que vuelve

En 2015 estaba en una playa de Indonesia, había unas olas increíbles, pero mi vista no centraba en las olas, se centraba en los centenares de pedazos de plástico que había en la playa, un fenómeno que desgraciadamente también acontece en nuestro territorio. En ese momento, me di cuenta, que llevábamos muchos años haciendo las cosas mal, y que el reciclaje no nos sacaría de este problema.

¿Realmente queremos llenar nuestro Océanos de plástico? ¿Es esto lo mejor que sabemos hacer la, aún considerada, especie animal más inteligente del Planeta?

Antes de hablar de soluciones al plástico de monouso, hace falta entender por qué estamos metidos en este lío en primer lugar.

Diseñado para contaminar

La invención de los plásticos se remonta a principios del siglo XX, fue una revolución y ha ayudado a nuestras sociedades a prosperar en muchos aspectos y a llegar a sitios donde antes era impensable si no fuera por la ligereza y prestaciones que ofrecen algunos materiales creados a partir de plásticos.

No fue hasta mediados del siglo pasado, que los plásticos se comenzaron a utilizar para crear alternativas de un solo uso a objetos de consumo del día a día; como muestra este anuncio de 1955, los plásticos significaron un cambio de estilo de vida para la mayoría de las familias. De repente este nuevo material te permitía ser «más libre y tener más tiempo».

¿Quién hubiera pensado que su mayor virtud y la más celebrada, el hecho de que fueran «para tirar» sería al mismo tiempo el que llevaría a los envases de un solo uso de plástico al borde de la desaparición e incluso total prohibición?

La invención del reciclaje no llegó hasta más adelante, cerca de los años 70, cuando algunos grupos medioambientales comenzaron a señalar el hecho de que se tenía que implementar un sistema de reciclaje para estos materiales que ya comenzaban a acumularse de forma masiva en los vertederos de EEUU y Europa.

Entonces, si el reciclaje no nos va a ayudar a solucionar este problema, ¿cómo lo podemos hacer?

Economía circular

Hace aproximadamente 10 años que se oye a hablar mucho sobre un nuevo concepto, el de la economía circular. Y si hablamos de economía circular, eso significa que ahora estamos en una economía… lineal.

  • Extraer
  • Fabricar
  • Consumir
  • Tirar

Básicamente esto es lo que hemos estado haciendo durante los últimos 100 años de historia de la humanidad.

La economía circular se centra en mantener el valor de los materiales el máximo posible en el ciclo de producción, eso quiere decir, alargar al máximo la vida útil de los productos y al mismo momento crear sistemas que permitan recuperar todos los materiales de ese producto una vez quien lo ha comprado no lo necesite más. De esa forma evitamos que lleguen al vertedero e incentivamos a las empresas a diseñar para la longevidad y no para la obsolecencia programada.

La economía circular busca mantener el valor de los materiales el máximo de tiempo posible

Una empresa que trabaje los modelos de economía circular creará productos y servicios los cuales no crearán residuos al final de su ciclo de uso.

Partir del recurso desaprovechado

Otra forma de crear organizaciones basados en la economía circular es partir de un desecho que a día de hoy no se está aprovechando. Este es el caso de Espigoladors, el cual parte de la premisa que el 30% de la producción de comida munidial se desecha. Con esto como punto de partida trabaja con estos excedentes que el sector primario no puede comercializar a causa de las políticas estéticas y de precio, para darles valor, ya sea de forma no lucrativa a partir de donarlos a organizaciones benéficas o a partir de la creación de su producto es-imperfect®. Partir de un recurso desaprovechado y crear un producto de valor añadido es lo que también se conoce como «upcycling»

Zero Waste, la economía circular llevada al día a día

Pero todo esto suena muy bien para trabajarlo como organización o negocio, pero… ¿cómo lo hacemos para vivir de forma más circular en nuestro día a día?

De esa inquietud es donde nace el, ahora conocido, como movimiento zero waste, que busca minimizar al máximo los residuos que generan las personas en el día a día. Se calcula que un europeo común puede llegar a generar hasta 500kg de residuos al año. Eso significa que una ciudad como Barcelona estaría generando 750.000 toneladas de residuos al año 😧.

Y cualquiera que haya intentado minimizar sus residuos sabe lo difícil que puede ser y lo desesperanzador de intentarlo si no vas preparad@. Por suerte, cada vez es más la información que tenemos disponible online y también los servicios que nos quieren ayudar a que este objetivo sea cada vez más y más fácil. El movimiento ecologista es muy famoso por sus 3 siglas: Reducir, Reutilizar y Reciclar. Nosotros creemos que hay que añadirle un par más antes: Rechazar y Repensar. Cuando sientas el impulso de «consumir» alguna cosa, pasa primero, detenidamente por cada una de ellas:

  • Rechazar: Primero de entrada siempre es No.
  • Repensar: Si realmente crees que no puedes sin ello, es hora de repensarlo
  • Reducir: En caso que realmente lo necesites, ¿cómo puedes hacerlo para que consuma o impacte lo mínimo?
  • Reutilizar: En caso de un objeto de consumo, ¿lo puedo usar en formato reutilizable?

Si antes de cualquier compra pasamos detenidamente por estos puntos, veremos que llevar una vida zero waste no es tan difícil como parece.

Nuevos servicios que nos ayudan

Al igual que Espigoladors implementando la economía circular, existen iniciativas de economía circular que buscan ayudar al ciudadano a vivir sin generar residuos. Es el caso de nuestra iniciativa Bûmerang, con la cual buscamos llevar al siglo XXI lo que nuestros abuelos tan bien sabían hacer, reutilizar. A día de hoy nos hemos vuelto una sociedad que va con prisa y que tiene poco tiempo, la comida del mediodía se ha vuelto algo rápido y con poco tiempo y la mayoría tiramos por la vía fácil de comprar algo ya preparado. Es muy frustrante saber que cada día, al comer, estás generando residuos. Una alternativa podría ser traerte tu tupper propio, pero también somos una sociedad oblidadiza y es por eso que hemos creado el Bûmerang, bowl que vuelve un servicio gratuito que está disponible en varios puntos de comida para llevar de la ciudad de Barcelona y donde podrás disfrutar tu plato para llevar en un envase reutilizable de forma 100% gratuita.

¿Cómo funciona?

A través de una app controlamos que retornes los Bûmerangs en menos de 15 días, el tiempo que dejamos que disfrutes de tu Bûmerang. Ese envase lo puedes retornar en cualquier otro punto de la red Bûmerang y puedes disfrutar de otro en cualquier momento en cualquier otro punto de la red, solo te pedimos que lo devuelvas en 15 días 🙂.

Cómo hemos visto, el reciclaje es una NO solución que, aunque importante seguir haciéndolo, no nos va a salir de este problema en el que estamos metidos. Si queremos solucionar el problema de los residuos, ya sea alimentarios, de envases o de la moda; necesitamos poner tod@s un poco de nuestra parte y apoyar las iniciativas como Espigoladors y Bûmerang que nos ayudarán, poco a poco, a ir doblando los extremos de esta economía lineal en la que vivimos para acabar convirtiéndola en una de 100% circular.

Sobre el autor: Oriol Segarra Pol es ingeniero industrial y cuenta con una larga trayectoria en el campo de la contaminación causada por el plástico y la economía circular. Actualmente es CEO de Bûmerang, empresa Zero Waste que creó el año 2019.

Para el medio ambiente, aprovechamiento

Para el medio ambiente, aprovechamiento

La Fundación Espigoladors celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente reivindicando la importancia del aprovechamiento alimentario

Las políticas estéticas que rigen el mercado alimentario tienen influencia en los colores de frutas y verduras. En los campos, el rango de colores de las zanahorias va desde el morado hasta el amarillo claro. En los comercios, en cambio, solemos encontrar exclusivamente las naranjas.

Cada vez que alguien habla del medio ambiente, la imagen más característica que se evoca son montañas verdes, bosques densos y ríos y lagos de agua cristalina. Cuando hablan de desastres ambientales, en cambio, estos parajes pasan a estar dañados. Las montañas dejan de ser verdes y se llenan de basura, los bosques arden, y el agua de los lagos y ríos pasa a ser marrón. También entre en juego, inevitablemente, el cambio climático y todos sus efectos: el deshielo de los polos, el agujero en la capa de ozono, y todo el conjunto de desastres naturales más extremos que provoca.

Por suerte, las reivindicaciones ambientales, especialmente aquellas relacionadas con el cambio climático, están en el orden del día. Los y las jóvenes de todo el mundo han alzado la voz para reclamar un modelo de organización socioeconómico más sostenible. Últimamente hemos vivido las primeras huelgas por el clima y sus manifestaciones multitudinarias, a las cuales se sumaban todos aquellos y aquellas que ya hace años que trabajan para conseguir un cambio de paradigma. Pese a la notoriedad de las reivindicaciones, muchas de las causas de los desastres ambientales y del cambio climático siguen siendo desconocidas o, como mínimo, pasan desapercibidas. Una de ellas son las pérdidas y el desperdicio alimentario, una problemática social ambiental a la cual la Fundación Espigoladors queremos dar respuesta a través de nuestra actividad. 

“Desperdicio”, decía la cocinera Ada Parellada, es una palabra que estamos aprendiendo a decir. Hace referencia a todos aquellos alimentos aptos para el consumo humano que se descartan a lo largo de la cadena alimentaria, desde el sector primario hasta la despensa de casa. El año 2011, la FAO calculó que anualmente se pierde y desperdicia un tercio de los alimentos que se producen a escala global. Un año más tarde, el estudio Fusiones acotó esta cifra a escala europea; en este territorio se tiran 88 millones de toneladas de alimentos. Y si queremos datos aún más locales, tenemos que fijarnos en el estudio que la Agencia de Residuos de Cataluña y la UAB realizaron el año 2012: solo teniendo en cuenta los sectores de la restauración, el comercio al detalle y el ámbito doméstico, se desperdician 35 kg de alimentos por persona y año.  

Estos calçots habían crecido tanto, que su productor no los pudo comercializar a causa de las políticas estrictas de calibre que rigen el mercado alimentario.

Las pérdidas y el desperdicio alimentario no son solo una problemática ambiental porque suponen la creación de residuos alimentarios, sino que tienen unas implicaciones mayores. Cuando un alimento se descarta, convierte en residuo todos los elementos utilizados en su producción, como el agua y la tierra. Además, contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero; se ha calculado que es el causante del 8% de estas emisiones a escala global. 

Como toda problemática ambiental, las pérdidas y el desperdicio alimentario tienen implicaciones sociales que debemos combatir. Es muy difícil no hablar sobre la contradicción que supone que esta problemática exista en un mundo donde cada vez son más las personas que no tienen garantizado el derecho a una alimentación sostenible. Aún así, debemos señalar que estas dos problemáticas no están correlacionadas, y que las dos están causadas por un sistema de mercado y organización social que no tiene en cuenta ni la justicia social ni la ambiental. 

Una de las implicaciones sociales más claras de las pérdidas y el desperdicio es la dificultad añadida que suponen para el sector primario cuando se trata de comercializar sus productos. Las pérdidas alimentarias que se originan en los campos del sector primario están causadas por un sistema de mercado que exige unos cánones estéticos y de calibre muy difíciles de cumplir, y que imponen unas políticas de precios severas. Este contexto dificulta que el sector primario pueda obtener un rendimiento de su trabajo, que a ojo de la sociedad va perdiendo poco a poco su valor y el de los alimentos. 

En los campos es habitual encontrar porros y zanahorias con esta forma. En los comercios, en cambio, no solemos verlos.

Es por todo eso que hoy, Día Mundial del Medio Ambiente, queremos visibilizar las implicaciones que tienen las pérdidas y el desperdicio alimentario. Desde Espigoladors trabajamos día tras día para ponerle fin, porque queremos construir un modelo sostenible que tenga en cuenta la justicia social. Y porque queremos que este modelo valore el trabajo del sector primario, un agente esencial para el territorio, y los alimentos. Un modelo que, inevitablemente, parra por la circularidad: trabajamos aprovechando residuos, dotándolos de una segunda vida.  

Muchas gracias a todas las personas que habéis pasado a la acción para trabajar por el aprovechamiento alimentario y, especialmente, muchas gracias a todas las personas voluntarias y al sector primario comprometido. Seguimos creando red para el medio ambiente!

El final de la temporada comercial de las acelgas no siempre coincide con el final de temporada que se da en los campos del sector primario. Por eso Espigoladors cosechamos tantas.