Estamos al límite: por qué reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos es necesario para que el sistema agroalimentario se mantenga dentro de los límites planetarios.

Estamos al límite: por qué reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos es necesario para que el sistema agroalimentario se mantenga dentro de los límites planetarios.

Hoy, Día Internacional contra el Cambio Climático, destacamos la urgencia de reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos y los impactos ambientales asociados en un contexto en el que se han superado seis de los nueve límites planetarios para la habitabilidad y la estabilidad de la Tierra.

El sistema agroalimentario globalizado e industrializado desperdicia cada año 1.300.000 toneladas de alimentos aptos para el consumo humano, una cifra equivalente a un tercio de lo que se produce en el mundo (FAO, 2011) y que aumenta con cada nuevo estudio que se realiza sobre esta problemática.

Las causes de las pérdidas y el desperdicio de alimentos (PDA) tienen su raíz principalmente en un modelo de producción y consumo de alimentos totalmente desconectado de los límites ecológicos que fomenta, entre otros, la obtención de la máxima producción al mínimo coste o la imposición de estrictos requisitos estéticos que impiden la comercialización de muchas cosechas. Como sociedad, hemos perdido la conciencia del valor de los alimentos, una situación también provocada por la desconexión con la tierra, el territorio y el trabajo de los agricultores.

Detrás de los miles de toneladas de alimentos descartados se esconde un impacto ambiental de grandes dimensiones (FAO, 2013). Cuando se desperdicia un alimento, todos los elementos utilizados en su producción, tales como el agua, el suelo y la energía, también se convierten en residuos, además de generar inútilmente emisiones de gases de efecto invernadero.

Un impacto ambiental que desafía los límites planetarios para la estabilidad y habitabilidad de la Tierra, de los cuales, según los últimos informes publicados, ya se han superado seis. Cinco de ellos tienen una relación directa con el impacto de las pérdidas y el desperdicio de alimentos:

  • Cambio climático: si las PDA a nivel global fueran un país, sería el tercero en emisiones de CO2 de todo el planeta, siendo responsables del 8% de las emisiones a nivel global. Según un informe del proyecto Drawdown (2020),la reducción de este 8% de gases de efecto invernadero mantendría el calentamiento global por debajo de los 2 grados, como se establece en el Acuerdo de París. Por este motivo, la reducción de las PDA se plantea como una de las soluciones más efectivas para combatir los efectos del cambio climático.
  • Pérdida de biodiversidad: aumentando la degradación de hábitats y ecosistemas y la pérdida de biodiversidad debido al uso de tierras agrícolas para cultivar alimentos que en último término no se consumirán.
  • Cambio en el uso de la tierra: el 28% de las tierras agrícolas disponibles en el planeta se utilizan para producir alimentos que terminan siendo desperdiciados o malgastados. Esto equivale a 1.400 millones de hectáreas de tierra agrícola, equivalentes a la superficie de Rusia o 24 veces a la Península Ibérica.
  • Uso de agua dulce: las PDA implican el desperdicio de 250 km3 de agua al año, una cifra equivalente a cien millones de piscinas olímpicas o el caudal anual del río Volga.  
  • Contaminación bioquímica: los alimentos arrojados en vertederos se descomponen y producen metano que, además de contribuir al cambio climático, puede filtrarse en fuentes de agua cercanas y contaminarlas. El uso de fertilizantes y pesticidas en los cultivos también acelera la degradación del suelo.

Si el sistema agroalimentario es responsable de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, es aún más alarmante que, en un contexto de crisis climática, se agoten los recursos naturales para producir alimentos que nunca llegarán a un plato. A esto se suma la inversión desperdiciada de recursos humanos y económicos, así como la paradoja ética de que esta problemática coexista con altos índices de inseguridad alimentaria a nivel mundial.

Es esencial, ahora más que nunca, centrarse en la transición hacia un sistema alimentario que haga efectivo el derecho fundamental a una alimentación saludable dentro de los límites ecológicos del planeta. En este contexto, la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos debe convertirse en un objetivo clave e innegociable.

Las soluciones implican transformaciones a nivel social, colectivo e individual: poner en el centro el valor nutricional y cultural de los alimentos, generar cambios en nuestros patrones de alimentación y consumo, defender el trabajo de los agricultores y recuperar la cultura del aprovechamiento de alimentos, así como la transmisión generacional de conocimientos culinarios son algunos aspectos clave. Al mismo tiempo, es necesario aumentar el conocimiento sobre el problema para proporcionar un análisis en profundidad sobre las causas y los volúmenes de las PDA que se producen a lo largo de la cadena, y también abogar por acciones políticas ambiciosas que estén a la altura del problema y lo aborden desde la raíz.

Medio centenar de organizaciones “nos plantamos” frente a los Ministros de Agricultura europeos reunidos en Córdoba para reclamar otro modelo agroalimentario

Medio centenar de organizaciones “nos plantamos” frente a los Ministros de Agricultura europeos reunidos en Córdoba para reclamar otro modelo agroalimentario

Más de cien personas nos concentramos la tarde de ayer en Córdoba para demandar un modelo alimentario más justo, sostenible y respetuoso con el mundo rural con motivo de la reunión de Ministros de Agricultura de la UE del 3 al 5 de septiembre.

Más de un centenar de personas pertenecientes a más de 50 organizaciones sociales, ambientales, de consumidores y agrarias se concentraron la tarde de ayer en la plaza del Arco del puente de Córdoba durante la visita que los ministros de Agricultura de la Unión Europea realizaron a la mezquita de la ciudad, para exigir un sistema alimentario más justo, sostenible y respetuoso con el mundo rural.

Al finalizar la concentración, 50 activistas han modificado la iluminación del puente romano con plantillas en forma de frutas y hortalizas y han proyectado una pancarta en los muros de la Mezquita, para  exigir cambios hacia un modelo agroalimentario justo y sostenible. Con esta acción simbólica, estos colectivos pretenden trasladar la necesidad de actuar con urgencia para que se dé un cambio radical en el modelo agroalimentario. En el actual contexto de crisis climática y ecológica global, el modelo agroalimentario industrializado y globalizado, basado en la explotación de la naturaleza y las personas, ha demostrado su vulnerabilidad, por ejemplo, frente a perturbaciones como la pandemia de la COVID-19, la guerra de Ucrania o las sequías prolongadas. Por ello, las organizaciones reunidas en Córdoba han reivindicado que las políticas europeas se dirijan hacia la agroecología, la soberanía alimentaria y el feminismo como las únicas alternativas capaces de alimentar a la población de forma saludable, socialmente justa y ambientalmente respetuosa. Asimismo, han solicitado a los ministros y ministras de la UE que pongan todos los medios a su alcance para asegurar que la transición en marcha sea justa con las personas y el planeta, asegurando el futuro del campo y sus gentes.

Los mandatarios están en Córdoba para celebrar una reunión informal bajo el título “Las nuevas tecnologías para una agricultura más sostenible y resiliente”, por lo que las personas asistentes a la concentración aprovecharon la cita para reclamar que se implementen políticas públicas que avancen hacia un modelo agroalimentario basado en la agroecología y la soberanía alimentaria y que se dejen de lado las falsas soluciones. Así, los manifestantes portaban pancartas con mensajes como “Nos plantamos, por un modelo agroalimentario justo y sostenible”, “Stop glifosato” o “Agroecología para enfriar el planeta”. Además, la concentración contó con una batucada y se corearon frases pidiendo respeto al mundo rural.

Los colectivos han querido transmitir a los ministros y ministras la necesidad de apostar por granjas pequeñas y medianas, con manejos agroecológicos que sostienen un mundo rural vivo. La industria y la distribución deben garantizar precios justos, tanto para quienes producen como para quienes consumen, para lo cual es fundamental el apoyo a los canales cortos de comercialización y las normativas e infraestructuras públicas para la transformación agroalimentaria a pequeña y mediana escala. 

Ante la actual emergencia climática y de biodiversidad, las organizaciones demandan asimismo políticas públicas en defensa del territorio frente a macroproyectos, como ciertos megaparques para la producción de energía renovable, los monocultivos a gran escala o la ganadería industrial, que afectan a las poblaciones rurales y que socavan el funcionamiento de los ecosistemas, el suelo, el agua, la biodiversidad y el conjunto de servicios ecosistémicos que generan. A su vez, manifiestan la urgencia de acabar con la precariedad laboral del sistema agroalimentario industrializado, que afecta especialmente a personas migrantes y mujeres y supone una lacra para la dignidad rural.

Otras movilizaciones

Además de la concentración de la tarde de ayer, entre los días 31 de agosto y 3 de septiembre tuvo lugar un encuentro por la soberanía alimentaria, celebrado en Hornachuelos (Córdoba), en el que participaron más de 150 personas de organizaciones de todo el territorio español. En este se debatió sobre las problemáticas y las alternativas al modelo agroalimentario y se consensuó una hoja de ruta para continuar impulsando sus reivindicaciones conjuntas.  

Entre otras actividades, se realizaron mesas de debate sobre el modelo agroindustrial y su contribución a la crisis climática, así como la confluencia de las luchas territoriales con el movimiento por la soberanía alimentaria. Las jornadas sirvieron de punto de encuentro para personas vinculadas al movimiento alimentario, el movimiento climático, organizaciones campesinas, consumidoras, científicas, población rural y movimiento ecologista, incluyendo una representación del caso francés con las Sublevaciones de la Tierra y la Confederation Paysanne, que se unieron en defensa del territorio y un mundo rural vivo.

Organizaciones firmantes:

Adecasal (Asociación de Desarrollo para el Campo de Salamanca y Ledesma)
Amigos de la Tierra
APAEMA (Associació de la Producció Agrària Ecològica de Mallorca)
Canto de Pájaros
Carro de Combate
CECU (Federación de Consumidores y Usuarios CECU)
Cerai
COAG
Coordinadora Estatal STOP Ganadería Industrial
Ecologistas en Acción
Ecomercado de Córdoba
El Enjambre sin Reina
El Verdadero Precio de los Alimentos Mediterráneos
Entre Pueblos
Escuela de Activismo
Espigoladors
Extinction Rebellion Málaga
Fundación Entre Tantos
Greenpeace
ISEC – Instituto de Sociología y Estudios Campesinos
Justicia Alimentaria
Juventud por el Clima
La Acequia
Labs
La Jabonería de la Almendra
La Rendija Mercado Social
Las Delicias del Palacio del Deán
Lo Que Somos
Mad África
Madrid Agroecológico
Mundubat
Observatorio para una Cultura del Territorio
OSALA (Observatorio de Soberanía Alimentaria y Agroecología)
Coalición Por Otra PAC
Pueblos Vivos Cuenca
RAC (Red Agroecológica de Cádiz)
REAS Red de Redes
REAS Navarra/Nafarroa
Red Andaluza Semillas Cultivando Biodiversidad
Revista Soberanía Alimentaria
Ripess (Red Intercontinental de promoción de la Economía Social Solidaria)
Rosa Luxemburg StifTung
SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores)
SEAE (Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología)
SEO/BirdLife
Sindicato Labrego Galego
Supermercados Cooperativos
Ultreia Films
Universidad Rural Paulo Freire, Sierra de Huelva
Vivir la Tierra
Volem Fruita amb Justicia Social
WWF

Nuestra memoria de actividades del 2022, ya disponible

Nuestra memoria de actividades del 2022, ya disponible

En 2022 hemos acercado a más de un millar de personas a los campos del sector primario de todo el territorio: voluntarios y voluntarias gracias a quienes hemos espigado más de 400.000 kg de fruta y verdura para distribuirlas a entidades sociales. De la mano, también, de los 200 productores y productoras comprometidas que forma parte de nuestra red

Aquí tenéis, recién salida del horno, nuestra Memoria de actividades 2022. A lo largo de las páginas, desgranamos lo que ha sido para Espigoladors un año cargado de retos, proyectos y nuevas ilusiones, siempre con la mirada puesta en la necesidad de avanzar hacia nuevos alimentos alimentarios que promuevan el aprovechamiento alimentario y una garantía real del derecho a una alimentación saludable y sostenible.

Desde los campos hasta las aulas, hemos creado escenarios de acción, reflexión y debate en torno a un sistema agroalimentario que deja perder toneladas de alimentos, precariza nuestro campesinado e impacta negativamente en las personas, territorios y ecosistemas, locales y del Sur-Global. Tomar conciencia, sensibilizar, generar conocimiento y, sobre todo, actuar, son verbos que definen lo que nos mueve como entidad y que creemos claves para transitar hacia estos nuevos imaginarios de futuro.

En 2022 hemos acercado más de un millar de personas a los campos del sector primario de todo el territorio: voluntarios y voluntarias gracias a quienes hemos espigado más de 400.000 kg de fruta y verdura para distribuirlas a entidades sociales que trabajan de manera incansable para abastecer de producto fresco y de proximidad a personas que sufren situaciones de precariedad alimentaria. Gracias, un año más, a la solidaridad y el compromiso de los 200 productores y productoras que forman parte de nuestra red, desde el Parque Agrario del Baix Llobregat, el Camp de Tarragona, las Tierras del Ebro hasta el Espacio Agrario de la Baixa Tordera y otras zonas agrícolas que, como sociedad, tenemos el deber de preservar.

Espigar: una acción directa para recuperar excedentes y al mismo tiempo también medio para visibilizar la agricultura local y conocer sobre terreno porque, año tras año, quedan alimentos perfectamente comestibles en los campos. Una inquietud que nos ha llevado, en los dos últimos años, a apostar firmemente por un área de investigación y conocimiento que, ya a día de hoy, encabeza proyectos pioneros en el ámbito de las pérdidas y el desperdicio alimentario a nivel catalán, estatal y europeo.

Tenemos claro, también, que son necesarias acciones individuales y colectivas para afrontar los grandes retos actuales. El rol de la sensibilización y la educación se convierte aquí en clave. En 2022 hemos consolidado nuevas líneas de acción con la cocina de aprovechamiento como eje central: un instrumento para tejer puentes entre generaciones, saberes y culturas y, a la vez, un espacio de empoderamiento de donde afloran nuevos conocimientos e inquietudes en torno a la alimentación. Al mismo tiempo, hemos impulsado proyectos con los jóvenes como claros protagonistas: motores de cambio, de creatividad y de nuevas miradas a las que es imprescindible dar cabida.

También ha sido un año para reivindicar, en el que hemos luchado, junto con las entidades del Colectivo Ley Sin Desperdicio, por una ley estatal contra las pérdidas y el desperdicio alimentario realmente valiente, ambiciosa y pionera. Una propuesta legislativa que, en el actual momento político, ha quedado guardada en un cajón, pero que esperamos que sea pronto una realidad.

Por último, hemos trabajado en nuevos retos como organización, algunos de los cuales ya son una realidad: el nombramiento de Raquel Díaz Ruiz como directora de la entidad, cogiendo el relevo de Mireia Barba Cuscó, cofundadora y presidenta, y actual directora de la empresa de inserción es im-perfect; la apertura de una delegación en Tierras de Lleida; y el inicio de las obras del nuevo centro de producción de es im-perfect, un espacio que quiere ser referente en la innovación por el aprovechamiento alimentario y que permitirá aumentar la generación de oportunidades laborales y formativas para personas en riesgo de exclusión social.

A todas las personas, entidades y colectivos que, un año más, nos han acompañado en el camino: de parte de todo el equipo de Espigoladors, gracias por hacerlo posible. Todos somos parte de la solución para avanzar hacia un sistema alimentario más justo y sostenible.

El proyecto de Ley contra las pérdidas y el desperdicio alimentario, una oportunidad para el espigueo o la rebusca

El proyecto de Ley contra las pérdidas y el desperdicio alimentario, una oportunidad para el espigueo o la rebusca

La Fundación Espigoladors junto con las otras entidades del colectivo #LeySinDesperdicio y las organizaciones profesionales agrarias, COAG y UPA, reivindican que la propuesta legislativa contemple el espigueo como herramienta de prevención, reducción y medición de las pérdidas de alimentos en el sector primario. 

Una vez aprobada en el Congreso de los Diputados la Ley de Prevención de la Pérdidas y Desperdicio Alimentario, desde la Fundación Espigoladors y las organizaciones profesionales agrarias (La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, COAG, y La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, UPA) junto con el colectivo #LeySinDesperdicio, creemos que todavía estamos a tiempo de incorporar ciertas demandas en su paso por el Senado. No hay que dejar escapar la oportunidad de hacer una ley realmente valiente y ambiciosa ante esta grave problemática ambiental y social.

De esta manera, reivindicamos de manera firme la incorporación de la enmienda para la regulación del espigueo o la rebusca, una actividad que desde la Fundación Espigoladors realizamos de forma organizada en distintas zonas agrícolas del territorio catalán, siempre con convenios con los productores. Desde el año 2015 hemos conseguido recuperar y repartir más de 2 millones de kilos de frutas y verduras que de otra manera habrían sido desperdiciadas.

El espigueo permite visibilizar la punta del iceberg de un sistema agroalimentario insostenible que conduce a la precarización de las personas productoras. Demasiado a menudo comprobamos como los productores locales tienen serias dificultades para vender sus productos debido a los bajos precios percibidos, rígidos estándares estéticos de comercialización o por competencia desleal. Esta situación conduce a las lamentables imágenes de campos enteros con la producción sin cosechar perdiéndose todos los recursos humanos, económicos y naturales asociados a su producción.

Dicha práctica histórica y altamente consolidada en todo el territorio estatal se sigue realizando de manera formal e informal a menudo mediante un acuerdo verbal entre productor y rebuscador. En la mayoría de los casos no existe un marco normativo regulador válido que pueda dar seguridad jurídica a todas las partes implicadas: productores, ciudadanos y entidades de iniciativa social que lo promueven. Su incorporación a dicha ley supondría:

  • La unificación a nivel estatal de los requisitos para su práctica y el asentamiento de unas bases a nivel legal en cuanto a trazabilidad del producto y seguridad alimentaria.
  • La potenciación de la prevención de las pérdidas alimentarias en el campo, así como medio directo para la obtención de datos en campo para su posterior análisis y cuantificación.
  • Una herramienta para la promoción de la sostenibilidad en las explotaciones agrarias tanto nivel ambiental como social. 
  • El reconocimiento y la valoración de dicha práctica en cuanto a la obtención de certificaciones, ayudas o subvenciones enmarcadas a promover la sostenibilidad ambiental del sector agrario.

Esta actividad quedó ya contemplada, de forma pionera en toda Europa, en la ley catalana de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario de 2020, y creemos que su regulación en el ámbito estatal sería un gran paso para su impulso en otros puntos del territorio

El espigueo o rebusca permite dignificar el aprovechamiento de los excedentes agrarios, incidir sobre el origen y de esta compleja problemática y a su vez deviene una potente herramienta de sensibilización a la ciudadanía frente a las dificultades del sector agrario de nuestro país.

Para más detalles consultar el dosier: El espigueo, una herramienta para el aprovechamiento alimentario

Una #LeySinDesperdicio que convence pero no enamora

Una #LeySinDesperdicio que convence pero no enamora

El Proyecto de Ley de prevención de pérdidas y el desperdicio alimentario se ha votado en el Pleno del Congreso este jueves 11 de mayo de 2023 antes de su paso al Senado. 

Desde el colectivo Ley Sin Desperdicio valoramos muy positivamente los avances alcanzados en el texto de la futura ley, en el que venimos trabajando desde hace un año las diferentes organizaciones y activistas preocupados por las graves consecuencias del desperdicio alimentario.  

Sin embargo, el proyecto de ley ha pasado por diferentes fases y no se ha desarrollado en el sentido que hubiéramos deseado para contar con una ley pionera en Europa. El texto inicial del anteproyecto de ley era más ambicioso y transformador que el que después recogió el proyecto de ley.

No obstante, en el texto que pasa al Senado sí que hemos visto recogidas parte de las demandas que el colectivo ha ido proponiendo en los últimos meses a los diferentes grupos parlamentarios que forman parte de la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación. 

¿Qué hemos conseguido?

  • Una de las grandes reclamaciones del colectivo era mejorar la especificación de la medición y cuantificación, tanto cualitativa como cuantitativamente en todos los eslabones, de manera periódica. Consideramos que este es el gran cambio que se aprecia en el nuevo texto, ya que se han incrementado las obligaciones de las administraciones públicas para medir todos y cada uno de los eslabones. En concreto, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación que deberá aplicar metodologías que permitan comparar la evolución recurrente y publicar de forma periódica los datos. 
  • En lo que se refiere a definiciones, se ha incorporado la visión global del sistema agroalimentario, desde las pérdidas de alimentos que se quedan en campo, hasta el desperdicio alimentario de todas las fases posteriores de la cadena. 
  • Se ha situado la prevención en la jerarquía de prioridades, dentro del artículo 5, alineándose con las directivas y documentos europeos: “cuantas medidas sean posibles para prevenir la generación de pérdidas y desperdicio alimentario, incorporando criterios de producción, compra y gestión racionales y basados en las necesidades concretas que impidan la generación de excedentes”.

¿Qué carencias seguimos detectando?

Sin embargo, y a pesar de los avances del texto, queremos seguir destacando algunas carencias con el fin de que puedan ser incorporadas en la ley, ya sea en su paso por el Senado, o en posteriores reglamentos relacionados:

  • No se ha incorporado la mención a la rebusca o el espigueo. A pesar de no ser estrictamente necesario un marco normativo para su práctica (se realiza de manera formal e informal en todo el territorio español) sería un gran avance su reconocimiento en el texto de la ley para unificar procedimientos y dar seguridad jurídica a todas las partes implicadas: productores, ciudadanos y entidades de iniciativa social. Pedimos que se añada en el artículo de definiciones y se prevea su regulación en textos posteriores.
  • En cuanto a aplicar la obligatoriedad de jerarquía de prioridades y la donación, creemos que es demasiado elevada la dimensión de superficies de 1300 m2 de establecimiento. Sería más oportuno reducirla considerablemente, hasta los 400 m2, tal y como aparecía en el primer anteproyecto de ley.
  • Sigue sin verse recogida ninguna dotación presupuestaria que serviría para propiciar que se den todas las condiciones para que este cumplimiento sea factible a lo largo de toda la cadena alimentaria y en todos los territorios. Sin embargo, para la adopción de buenas prácticas (cap III) y fomento de la autorregulación (art 14) sí se plantea la posibilidad de ayudas a su constitución y ejecución, mientras que no se habla de ello para ayudar a incorporar las medidas obligatorias.
  • Debería eliminarse el punto 4 del artículo 15, ya que plantea que la gestión de excedentes sirva para reducir la pobreza y garantizar la seguridad alimentaria.
  • Igualmente debería eliminarse el apartado 1 i del art 10, que propone promover la creación de nuevos negocios para la canalización de estos excedentes, cuando no el objetivo prioritario de la Ley no es este, sino su prevención.
  • Además, sería oportuno acotar las causas de justificación contempladas en el art 18 del régimen sancionador y el modo de demostrarlas.  
  • Se echa de menos la consideración de medidas positivas (no sólo sancionadoras) que motiven a los agentes implicados en el cumplimiento de los objetivos de la Ley. 
  • Asimismo, sería necesario una pronta reglamentación de todo lo dispuesto y coordinación con las CCAA y entidades locales, para empezar a aplicar la ley cuanto antes. Sería oportuno determinar los plazos para desarrollar el reglamento de esta Ley, así como para la elaboración del plan estratégico nacional y de las CCAA y de las guías del sector.

Una vez aprobada la Ley sería necesario revisar aquellas otras normas de igual o inferior rango que pudieran ser obstáculo para la aplicación completa de la presente: normas de comercialización, imposición de criterios puramente estéticos o sistema de medición de residuos que excluyen al sector primario (como la Decisión Delegada de la UE).

Desde el Colectivo #LeySinDesperdicio consideramos que esta Ley, aunque podría haber sido algo más ambiciosa y transformadora, da un paso importante en la dirección correcta para la prevención de las pérdidas y desperdicio de alimentos, máxime en un momento como el actual con elevada inflación, escasez y carestía de recursos (agua, energía,…), emergencia climática y pobreza alimentaria. 

Este es sólo un primer paso de muchos otros que será importante dar en esta dirección (aplicación de la Ley, sensibilización de la sociedad…), tanto desde las instituciones políticas, como de las administraciones y de las entidades de la sociedad civil y que debemos dar de forma colaborativa entre todas para lograr responder a las graves consecuencias que supone el desperdicio alimentario.

#LeyDesperdicioAlimentario: ¿se está perdiendo la oportunidad de hacer una propuesta valiente y transformadora para hacer frente a este reto ambiental?

#LeyDesperdicioAlimentario: ¿se está perdiendo la oportunidad de hacer una propuesta valiente y transformadora para hacer frente a este reto ambiental?

El 7 de junio el Gobierno aprobó el Proyecto de Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Una propuesta que no incluye muchas de las observaciones al texto abierto a consulta pública que las entidades y organizaciones expertas aportamos durante los meses de elaboración del anteproyecto de ley. La regulación del espigueo o la incoporación de mecanismos para la prevención de las pérdidas en el sector primario son algunas de nuestras reivindicaciones.

El pasado martes 7 de junio se aprobó en el Consejo de Ministros el proyecto de ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, antes de que sea sometido finalmente a tramitación parlamentaria.

Desde la Fundación Espigoladors celebramos la propuesta de Ley como muy necesaria para visibilizar y hacer frente a una problemática con graves implicaciones ambientales y sociales. No obstante, la consideramos poco ambiciosa ante el gran reto que, como sociedad, tenemos delante si realmente se quiere llegar al objetivo de reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por cápita mundial de cara el 2030, estipulado por las Naciones Unidas.

Durante los meses de elaboración del anteproyecto de ley, hemos mostrado nuestro posicionamiento y puntos de vista mediante observaciones al texto abierto a consulta pública y con la participación en espacios de debate junto con otras organizaciones e iniciativas del sector. Muchas de estas observaciones, sin embargo, no han sido incorporadas en la propuesta final, como ya hemos criticado distintas voces activistas.

En primer lugar, nos sorprende la poca presencia, en la propuesta legislativa, de mecanismos de prevención y cuantificación de las pérdidas alimentarias en el sector primario, a pesar de que este mismo concepto este incluido en el nombre de la Ley. Así, no parece contemplado que la administración cuantifique o investigue sobre estas pérdidas. Creemos que es fundamental conocer qué pasa en este primer eslabón de la cadena y establecer mecanismos de prevención.

En este contexto, reivindicamos que la nueva ley incluya la regulación del espigueo o la rebusca, actividad que desarrollamos en distintas zonas agrícolas del territorio catalán para recuperar excedentes que, a pesar de ser totalmente comestibles, han quedado sin salida comercial —por cuestiones estéticas o por caídas de precios, entre otros motivos— y distribuirlos a entidades sociales que atienden personas con situaciones de precariedad alimentaria. Una actividad que, de forma pionera en toda Europa, quedó legalmente contemplada en la ley catalana de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentarios, aprobada en marzo de 2020.

Defendemos el espigueo no solo como actividad para aprovechar los excedentes y las pérdidas que se producen en el sector primario, si no como una herramienta muy potente para investigar y recoger datos sobre el terreno en relación con estas pérdidas, así como acercar a la ciudadanía al campo y sensibilizarla sobre esta problemática. El espigueo nos permite visibilizar la punta del iceberg de un sistema agroalimentario insostenible y que conduce a la precarización del campesinado. La regulación de esta actividad sería un gran paso para su impulso en otros puntos del territorio.   

Por otro lado, celebramos que se contemple como requisito que las empresas alimentarias trabajen en planes de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, pero queremos hacer hincapié en la necesidad de brindar apoyo económico y acompañamiento a las empresas —sobre todo pequeñas y medianas— para poder desarrollar e implementar estos planes. Por otro lado, remarcamos que esta prevención se debe dar a todos los eslabones de la cadena alimentaria, más allá de la restauración y del consumidor final, donde se suele poner el foco mediático.

Además, en relación con los planes de prevención, reivindicamos que es necesario que la Ley incluya mecanismos de vigilancia desde la administración para garantizar su cumplimiento y ejecución de forma adecuada por parte de las empresas. En este sentido, el nuevo texto rebaja las expectativas en las obligaciones de medición por parte de la administración y relega muchas de estas cuestiones a “buenas prácticas” o colaboraciones voluntarias.

Otro punto de la propuesta de ley que nos pone en alerta es que en la jerarquía de prioridades en la gestión de los excedentes alimentarios ocupe el primer lugar la donación, en vez de la prevención. A pesar de que desde Espigoladors practicamos la donación para dar una salida a los alimentos que recogemos mediante los espigueos en el campo, somos conscientes que ésta no es una solución a la problemática de las pérdidas y el desperdicio de alimento, y reivindicamos que el foco debe ponerse en acciones de prevención.

Finalmente, esperamos que la Ley suponga un impulso a proyectos y marcas alimentarias como es im-perfect®, empresa de inserción y transformación alimentaria de la Fundación Espigoladors, que apuestan por un modelo de producción sostenible y promueven la economía circular y social, mediante el aprovechamiento alimentario y la creación de nuevos yacimientos de empleo verde.

Ante esta situación, hacemos una llamada a los grupos políticos parlamentarios para que estén abiertos a escuchar las aportaciones y peticiones de organizaciones expertas y con trayectoria en la prevención y reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario. No se puede dejar escapar la oportunidad de hacer una ley valiente, acorde con los compromisos que ha adquirido el gobierno de cara este reto ambiental en el contexto de emergencia climática actual.

Estamos a tiempo.

El Pacto de Milán y seis ejes para poner la alimentación saludable y sostenible en el centro

El Pacto de Milán y los seis ejes de Espigoladors para poner la alimentación saludable y sostenible en el centro

En el marco de la Capitalidad de la Alimentación Sostenible, Barcelona acogió, el pasado octubre, el 7º Foro Global del Pacto de Política Alimentaria Urbana de Milán: un espacio de encuentro y reflexión conjunta sobre la relación entre el sistema agroalimentario, la alimentación urbana y la emergencia climática. Repasamos los puntos clave del Pacto y cómo las acciones que impulsamos desde Espigoladors se encuentran alineadas con éste.

En 2015 se aprobó el Pacto de Milán, que hasta la fecha han firmado 210 ciudades de todo el mundo, entre ellas Barcelona y el Prat de Llobregat. Éste es un documento que quiere promover el compromiso de las Administraciones de avanzar hacia sistemas alimentarios sostenibles, resilientes e inclusivos, que aseguren que todas las personas tengan acceso a una alimentación saludable, reduzcan las pérdidas y el desperdicio alimentario, y promuevan la mitigación del cambio climático y la defensa de la biodiversidad.

Es importante destacar que el Pacto se da entre ciudades porque actualmente los centros urbanos agrupan a más de la mitad de la población mundial, una cifra que sin duda aumentará año tras año debido a los procesos de urbanización. Así, las ciudades de todo el mundo se preguntan qué acciones pueden emprender en materia de alimentación a través de la revisión de sus políticas y planes, y de la promoción de nuevas iniciativas.

Para desarrollar un sistema agroalimentario sostenible es imprescindible trabajar desde una visión global y transversal de la alimentación. Las acciones que emprendan las administraciones, por tanto, deberán involucrar a todos los agentes de la cadena alimentaria: producción, distribución, transformación y comercialización de alimentos. Siguiendo esta línea, el Pacto de Milán propone un Marco Estratégico de Acción, que cada ciudad puede adaptar a su contexto. Uno de sus puntos centrales es la defensa de los agricultores y agricultoras locales, aspecto que propone trabajar desde el aumento de la producción urbana y periurbana de carácter agroecológico, y desde el fomento de los circuitos cortos de comercialización. También recoge la necesidad de promover la distribución y transformación alimentaria local y de bajo impacto ambiental, la promoción de los comercios de proximidad y los mercados locales, y de la sensibilización ciudadana en materia agroalimentaria. Todos estos puntos, además, deben enmarcarse dentro de la equidad social y la dignidad laboral y que se generen y se revisen desde procesos de gobernanza compartida.

A todos los efectos, buena parte del Marco de Acción del Pacto de Milán, también se encuentra apoyado por otras Estrategias y Planes que sirven de guía a las Administraciones locales del Área Metropolitana de Barcelona. Destacan el Plan Estratégico de la Alimentación de Cataluña y la Carta Alimentaria de la Región Metropolitana de Barcelona.

El Pacto de Milán, más allá de ser un marco protocolario internacional, es también un espacio de encuentro y reflexión conjunta de todos los centros urbanos que han emprendido acciones de fomento de modelos agroalimentarios saludables y sostenibles. Cada año, una de sus ciudades firmante, se convierte en la Capital Mundial de Alimentación Sostenible. La ciudad escogida se convierte en un centro donde se lleva a cabo el Foro del Pacto y donde, además, se promueven acciones e iniciativas que trabajen en el marco de la alimentación saludable y sostenible. Este año, Barcelona es la Capital Mundial de la Alimentación Sostenible y, como tal, acogió el 7º Foro del Pacto de Milán. Éste, que tuvo lugar entre el 19 y el 21 de octubre, fue un espacio de encuentro y reflexión conjunta sobre la relación entre el sistema agroalimentario, la alimentación urbana y la emergencia climática. También en este marco se ha impulsado el Barcelona Challenge on Good Food and Climate, que cuenta con un Toolkit innovador para calcular el impacto en términos de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero que tienen las políticas alimentarias de los municipios .

Los seis ejes de Espigoladors por la alimentación saludable y sostenible

En el contexto de la celebración de la Capitalidad de la Alimentación Sostenible de Barcelona, ​​desde la Fundación Espigoladors queremos reivindicar nuestra labor de reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario y de fomento de la alimentación saludable, que tantos puntos en común tiene con las nuevas líneas de trabajo que la ciudad ha puesto en marcha.

Por eso hemos establecido seis ejes o puntos que, para nosotros, definen la alimentación saludable y sostenible. Éstos se encuentran siempre presentes en todas las acciones que realizamos, y trabajan en la misma línea que el Pacto de Milán:

  1. Reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario a través del fomento de la cultura del aprovechamiento en todos los eslabones de la cadena alimentaria. Queremos reducir los impactos ambientales y social tan severos asociados a esta problemática.
  2. Dignificación del campesinado local y recuperación del valor de los alimentos a través del acercamiento de las personas de la ciudad a los campos del sector primario. El espigueo es una herramienta de sensibilización de gran impacto que permite romper con la dicotomía campo-ciudad y que, además, puede convertirse en un altavoz de las reivindicaciones del sector primario local.
  3. Incremento del consumo de frutas y verduras locales y de temporada en los Servicios de Distribución de Alimentos para fomentar la equidad en el acceso a dietas saludables, equilibradas y sostenibles.
  4. Fomento del consumo de productos de temporada y de proximidad, y promoción de su accesibilidad al conjunto de la población. Queremos romper con el paradigma de que la alimentación saludable es excluyente, y además queremos dar una salida comercial a las producciones del campesinado local.
  5. Transformación local de los alimentos con criterios de sostenibilidad y de justicia social a través de la Empresa de Inserción es im-perfect®.
  6. Promoción de la vertiente comunitaria de la alimentación. Queremos fomentar la cooperación entre todos los agentes de la cadena alimentaria y crear redes vecinales y comunitarias que pongan la alimentación en el centro y promuevan la participación activa de todos los colectivos. Sin duda, una de las comunidades que más promovemos es la de las espigadoras y espigadores.

El impacto que queremos promover desde Espigoladors no se agota en el corto plazo; queremos que también tenga un impacto a largo plazo que permita construir estos sistemas agroalimentarios resilientes de los que habla el Pacto de Milán. Por eso leemos la problemática de las pérdidas y el desperdicio alimentario, nuestro campo de acción principal, como una problemática originada por el modelo agroalimentario imperante y, en consecuencia, como una palanca de cambio de éste. Éste es un modelo globalizado, industrializado y mercantilizado que se aleja de cualquier paradigma de sostenibilidad ambiental y justicia social. La lucha por el aprovechamiento alimentario y la equidad en el acceso a dietas saludables y sostenibles es un campo de acción que cuenta con el apoyo de buena parte de los agentes de la cadena agroalimentaria, y que permite introducir cambios de forma progresiva que trabajen en la promoción de la soberanía alimentaria, un paradigma que busca también el Pacto de Milán.

Para seguir construyendo alternativas alimentarias y tener un mayor impacto, estamos seguras de que debemos hacerlo de la mano de las Administraciones. Por este motivo, celebramos la apuesta de Barcelona y el Área Metropolitana por la construcción de un modelo alimentario saludable y sostenible a través del Pacto de Milán y de la Capitalidad. Esperamos poder seguir tejiendo sinergias en el impulso de nuevos proyectos que tengan este impacto a largo plazo que tanto procuramos desde ambas partes.

Una lectura crítica del nuevo informe sobre desperdicio alimentario publicado por el PNUMA

La Fundación Espigoladors propone una revisión de la metodología y la interpretación de los datos recogidos en el nuevo informe sobre desperdicio de PNUMA para poder avanzar hacia la construcción de soluciones transversales a esta problemática.

Una lectura crítica del nuevo informe sobre desperdicio alimentario publicado por el PNUMA

El desperdicio alimentario es un emergencia climática y social. El nuevo informe del PNUMA publicado esta misma semana de marzo muestra nuevos datos de la magnitud de esta problemática. Pero, aunque estos puedan sernos de utilidad para crear un marco conceptual de esta problemática, no deben eclipsar la necesidad aún latente de crear modelos transversales que trabajen en la prevención y reducción del desperdicio y de sus efectos sociales y ambientales.

La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas establece que “De aquí a 2030, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por cápita mundial en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas posteriores a la cosecha.”

Para la medición de la consecución de esta meta por parte de los Estados Miembros signatarios, se han diseñado dos componentes específicos. Uno medirá las pérdidas y otro el desperdicio. Las pérdidas se medirán con el Índice de pérdidas de alimentos, centrado en los alimentos que se descartan desde la producción en los campos, hasta el nivel minorista, sin incluirlo. Y el Índice de desperdicio de alimentos que incorpora los niveles minoristas y de consumo. La FAO es la encargada del desarrollo y medición del Índice de pérdidas, y a su vez, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) el de desperdicio.

Celebramos que ayer día 4 de marzo de 2021 PNUMA publicara un primer informe sobre la situación mundial con respecto al índice de desperdicio alimentario. Para su elaboración, los investigadores e investigadoras revisaron los artículos publicados a nivel mundial hasta la fecha que incluyen datos cuantitativos del desperdicio generado en la distribución minorista, la restauración y los hogares. Estos datos han sido comparados con el concepto de desperdicio definido por el PUMA y con su calidad, que se ha estudiado teniendo en cuenta factores como el tamaño de la muestra, el método de medición utilizado o el alcance geográfico de los estudios. Con todo, han elaborado un análisis cualitativo de la calidad de los datos y han establecido recomendaciones para los Estados Miembros en su labor en la recogida de datos. Asimismo, también han realizado una estimación del desperdicio alimentario por país, y han comparado unos con otros.

Las principales conclusiones del artículo son las siguientes:

  • Se estima que en 2019 se han generado 931 millones de toneladas de residuos alimentarios entre la distribución y el consumo a nivel mundial.
  • Las cifras publicadas hasta el momento sobre desperdicio son inferiores a las obtenidas en este estudio del PNUMA. Éste señala que las cifras publicadas en 2011 por la FAO solo representan la mitad el desperdicio que se produce en las últimas etapas de la cadena alimentaria.
  • En el caso de España, el estudio estima que se están desperdiciando 77 kg por persona y año en los hogares.
  • Los datos publicados en este informe permitirán realizar estudios comparativos sobre la evolución de los Estados Miembro en materia de prevención y/o reducción de desperdicio alimentario. En 2022 se realizará una nueva extrapolación por países, que podrá compararse con los datos recogidos en este primer informe.
  • Piden a los Estados Miembros realizar estudios específicos de calidad con los que poder reportar el desperdicio alimentario generado.
  • Hay una gran falta de datos generalizada, y con los informes publicados las estimaciones no tienen una gran precisión. Hay que interpretarlas como un punto de partida, con el cual mejorar la toma de datos y situar el debate en la esfera pública y política.

A pesar de los avances alcanzados con este estudio, no podemos dejar de resaltar múltiples consideraciones que a nuestro parecer son importantes para interpretar de manera correcta las cifras recogidas en el informe del PNUMA y las conclusiones que emanan de éste.

Calidad de los datos:

En primer lugar, es importante poner sobre la mesa que los investigadores e investigadoras del PNUMA reportan de manera recurrente a lo largo del informe la incertidumbre existente en los datos existentes hasta la fecha sobre desperdicio alimentario. Además, posiblemente se han quedado fuera del análisis informes en lenguas distintas del inglés. Por ejemplo, en el caso de España, solo se ha utilizado una referencia cuando existen diferentes informes al respecto, entre los que se encuentra el Panel de desperdicio del Ministerio de Agricultura, que los estudia a nivel de hogares.

En segundo lugar, teniendo en cuenta las características del informe, desde Espigoladors consideramos que los datos recogidos no deberían interpretarse de manera precisa ni usarse para hacer comparaciones entre países. Eso sí, sin lugar a dudas, los datos tienen un gran poder para definir la magnitud de la problemática, que sin duda cuenta con grandes volúmenes y que deben reducirse urgentemente.

Interpretación de los datos y definición de “food waste”

El informe del PNUMA define “food waste” como “el alimento y sus partes no comestibles asociadas, retiradas de la cadena de suministros de alimentos humanos (en determinadas circunstancias); venta minorista, servicios de comida y hogares. Por retirados de la cadena de suministro de alimentos para humanos se entiende cada uno de los destinos finales: vertedero, combustión controlada, alcantarillado, basura / descartes / desperdicios, digestión co / anaeróbica, digestión de abono / aeróbica o aplicación al suelo.”

Los datos reportados en este informe consideran las partes comestibles y las no comestibles. Por tanto, sería más correcto hablar de residuos alimentarios y no de desperdicio alimentario, el término que generalmente se utiliza en lengua española. Somos conscientes que en los países de lengua latina utilizamos el término desperdicio alimentario o similares para referirnos a lo que en inglés es “food waste”, pero en este caso es muy importante tenerlo en cuenta, ya que se están considerando las partes no comestibles de los alimentos desechadas: huesos, pieles de frutas, etc.

Además, normalmente los estudios realizados por Europa y Norte América durante los últimos años centrados en los hogares han puesto el foco en la parte comestible de los alimentos. No hemos podido esclarecer si, en el informe, este factor se ha tenido en cuenta durante la extrapolación de los datos realizada en base a los datos existentes, y en la elaboración del ranking de niveles de desperdicio final por país.

Considerar las partes comestibles y no comestibles en todos los países del mundo para medir el índice de desperdicio puede servir para unificar métodos y estandarizar los datos. No obstante, habría que considerar los patrones alimentarios y la cultura alimentaria de los diferentes países. A modo de ejemplo, no es lo mismo que una familia cocine en casa pollo a partir de un pollo que despluma, deshuesa, etc.; a una familia que ingiere la misma cantidad de pollo pero lo compra en una bandeja monodosis. En el caso de la segunda familia, las plumas, huesos y partes no comestibles del pollo se habrían quedado en puntos anteriores de la cadena alimentaria, mientras que en el caso de la primera, estarían en su cubo de basura y serían consideradas desperdicio. Pasaría lo mismo con una familia que mayoritariamente consume productos pre-cocinados, pre-cortados, congelados, etc., pues teniendo en cuenta este índice acabará generando mucho menos residuos en el hogar que otra que compre producto fresco directamente de los productores y productoras.

Queremos resaltar que hay que interpretar el informe como un ejercicio teórico de extrapolación de datos, pero que hay que tener cautela en el momento de interpretar los datos, y así lo hacen los investigadores a lo largo de todo el informe. En este sentido, no creemos oportuno comparar Nigeria, que según el informe tiene un desperdicio de 189 kilos por habitante, con Estados Unidos con un dato de 59 kilos. En el caso de Nigeria existe un único estudio de referencia, y éste es un estudio elaborado en 2016 a tan solo 100 hogares para evaluar la generación de residuos en sus hogares.  

Meta 12.3

Nos sorprende que el PNUMA reconozca que el Índice de pérdidas y el Índice de desperdicio no sean agregables. Esto quiere decir, que se están dedicando cientos de horas de trabajo (más que necesarias sin duda) para acabar obteniendo unos datos parciales que serán incapaces de mostrarnos como están los diferentes países signatarios de los ODS en materia de pérdidas y el desperdicio a nivel de sistema agroalimentario.

El problema de las pérdidas y el desperdicio alimentario es un problema estructural del sistema agroalimentario, que no puede seguir tratándose de manera parcial analizando individualmente cada una de las etapas de la cadena alimentaria. Los volúmenes generados en una etapa pueden estar causados por comportamientos y decisiones de agentes que operan en otra, pues hay causas multifactoriales que no empiezan ni acaban con el cierre de una etapa.  Por lo tanto, ¿qué sentido tiene que una meta global de reducción de las pérdidas y el desperdicio no tenga un indicador conjunto?

Es necesario poner cifras a los volúmenes generados en cada etapa de la cadena, pero es urgente tener visiones y aproximaciones sistémicas en estas diagnosis si se quiere revertir el actual panorama.

Queremos también resaltar que las definiciones y conceptos usados por la FAO y PNUMA para pérdidas y desperdicio no son equivalentes a los utilizados en Europa. Así que pedimos que se interpreten los datos y resultados de ambos Índices con esta consideración. En definitiva, esta interpretación no agregada de las causas y teniendo en cuenta definiciones dispares puede generar confusión, y llegar a determinados actores o etapas de la cadena al tratarlo de manera aislada y no en su conjunto.

Cosificación de los alimentos

Nos sorprende que se incorpore una definición de “food surplus” (excedente de alimentos) que incluya los alimentos redistribuidos para consumo humano.  No sabemos si de manera consciente o no, pero el hecho es que pudiera parecer qué si no hay un intercambio monetario, este alimento ya pasa a ser un alimento de segundas. Desde Espigoladors consideramos que los alimentos son más que una simple mercancía o commodity, y deben ser considerados como un bien imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar. El hecho de calificar de excedente a unos alimentos que han sido ingeridos por personas, sin entrar en de qué manera han llegado a éstas, es un claro indicativo de la necesidad de un enfoque más radical para atender a la emergencia climática y social que representan las pérdidas y desperdicio alimentario. Sin un cambio de mentalidad generalizada no se alcanzará la meta 12.3.  

Proyectos Singulars de promoción de la economía social

La Fundación Espigoladors desarrolla un proyecto Singulars de diamización territorial para impulsar la economía social en seis demarcaciones catalanas, y reforzar el modelo del obrador es im-perfect®.

Proyectos Singulars de promoción de la economía social

El proyecto Singulars tiene por objetivo la generación de ocupación a través de la creación de nuevos proyectos empresariales y la abertura de nuevas líneas de negocio o mercado, en el marco de la economía social y cooperativa. Estos proyectos están promovidos por el Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat, y financiados por el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Forman parte del Programa de Economía Social y trabajan complementariamente con los Ateneos Cooperativos.

La Fundación Espigoladors ha sido una de las entidades que durante este 2019-2020 ha recibido financiamiento para desarrollar un proyecto Singular. Se trata de un proyecto de dinamización territorial que pretende promocionar la economía social en seis demarcaciones catalanas: El objetivo general que persigue es el refuerzo del modelo de nuestro obrador es im-perfect®, centrado en los principios de la economía social, solidaria, verde y circular.

Los productos es im-perfect® tienen un alto valor añadido, tanto por lo que respecta a su componente social como por lo que respecta a su componente medioambiental. Son conservas vegetales elaboradas a partir de mermas y productos recuperados, frutas y verduras que el mercado alimentario no acepta causa de sus estándares de belleza y de sus políticas de precio. El obrador de la Fundación es, además, un espacio que ofrece oportunidades laborales a colectivos vulnerables.

A través del proyecto Singulars se abrirán nuevos mercados para nuestros productos en las seis demarcaciones citadas anteriormente. Para hacerlo, se propiciará la venta a distribuidores locales de cada zona que apuesten por el producto de proximidad y de la economía social. De esta manera se quiere promocionar el comercio local por sobre el flotante, en territorios amenazados por procesos de gentrificación. Asimismo, se establecerán sinergias con los agentes de la zona que tengan una actividad enmarcada en los principios de la economía social. Para hacer una mayor difusión de este modelo, se realizarán acciones de dinamización en los puntos de venta acompañadas de campañas de comunicación. Desde Espigoladors consideramos que la creación de esta red de entidades de la economía social en cada territorio es esencial para construir organizaciones fuertes y con impacto.

Para hacer llegar estos productos de la economía verde, social y circular a más personas, el proyecto Singulars también contempla la creación de una página web de la marca es im-perfect®. E esta manera, se conseguirá fortalecer aún más la marca y su modelo, y conseguiremos que llegue a nuevos territorios y merados.

En definitiva, es un proyecto que impulsará una marca pionera en el sector del aprovechamiento alimentario y que cuenta con un triple impacto: social, medioambiental y económico.

Si queréis conocer otros proyectos Singulars, haced clic en este enlace: http://aracoop.coop/