Más de 38 toneladas de alimentos recuperados para prevenir el desperdicio alimentario e impulsar la acción climática en Tarragona

Más de 38 toneladas de alimentos recuperados para prevenir el desperdicio alimentario e impulsar la acción climática en Tarragona

El proyecto de Espigoladors en las comarcas de Tarragona se consolida gracias a la financiación de la Diputación de Tarragona

La Fundación Espigoladors ha recibido una subvención de 17.642,60 euros de la Diputación de Tarragona para desarrollar el proyecto “Espigando territorio, alimentando futuro: Prevención de las pérdidas y derroche alimentario (PMA) como acción climática a la demarcación de Tarragona”, una iniciativa que combina acción climática, apoyo al campesinado, sensibilización ciudadana y garantía alimentaria. 

El proyecto tiene como objetivo prevenir las pérdidas y el desperdicio alimentario en origen, recuperando alimentos que, a pesar de ser perfectamente aptos para el consumo, no llegan a los circuitos comerciales. A través del espigueo y la canalización de excedentes agrarios, estos alimentos se destinan a entidades sociales del territorio, evitando que se conviertan en residuos y generando un impacto positivo tanto desde el punto de vista ambiental como social. 

La iniciativa se desarrolla en el Camp de Tarragona, las Terres de l’Ebre y el Baix Penedès, donde Espigoladors trabaja en colaboración con productores, entidades sociales, administraciones públicas y personas voluntarias para construir un sistema alimentario más sostenible y resiliente. Entre sus objetivos hay la reducción de las pérdidas alimentarias al sector primario, la sensibilización de la ciudadanía sobre los impactos del derroche alimentario y la promoción del aprovechamiento de los recursos alimentarios como herramienta de mitigación del cambio climático.

Cada quilo de alimento recuperado, son recursos ahorrados

La reducción de las pérdidas y el desperdicio alimentario es considerada una de las medidas más efectivas para disminuir la huella ambiental del sistema alimentario. Cada kilo de alimentos recuperado evita el desperdicio de recursos naturales como el agua, la energía o el suelo agrícola, además de las emisiones asociadas a su producción. Al mismo tiempo, el proyecto contribuye a reforzar la viabilidad de las explotaciones agrarias y a poner en valor el papel del campesinado en la conservación del territorio, el paisaje y la biodiversidad. 

Los resultados logrados durante el desarrollo del proyecto evidencian este impacto. Se han llevado a cabo 49 canalizaciones de alimentos, que han permitido aprovechar productos ya cosechados pero sin salida comercial, y se han recuperado 38.884 kilos de alimentos (más de 184.000 raciones de comida) que han podido ser destinados a la alimentación de personas en situación de vulnerabilidad en lugar de convertirse en residuos. Además, 312 personas voluntarias han participado en las diferentes actividades de espigueo y sensibilización, y la red territorial se ha ampliado con la incorporación de 4 nuevos productores y productoras comprometidos con la prevención de las pérdidas alimentarias.

Gracias a estas espigadas y canalizaciones se han ahorrado 25.000kg de C02, el que supone más de 10.600.000 de litros de gasolina o 189,3 millones de litros de agua o el que es el mismo: 2,3 millones de duchas! (si te ducharas cada día, tardarías más de 6000 años al gastar tanta agua!)

Más allá de la recuperación de alimentos

El proyecto, además, genera beneficios directos para la ciudadanía. Por un lado, contribuye a reducir el impacto ambiental asociado al derroche alimentario y a avanzar en la lucha contra el cambio climático. De la otra, facilita el acceso a fruta y verdura fresca, de temporada y de proximidad a través de las entidades sociales del territorio. También acerca la ciudadanía al mundo agrario, fomentando el conocimiento de la realidad del campesinado y promoviendo hábitos de consumo más responsables y sostenibles. La participación de centenares de personas voluntarias refuerza, a la vez, las redes comunitarias e impulsa una mayor implicación ciudadana en la construcción de un modelo alimentario más justo.

Uno de los ejes destacados del proyecto ha estado también la sensibilización ambiental. En este marco, la ciudad de Reus acogió, del 15 de abril al 5 de mayo, la exposición itinerante “Espiguear para transformar”, una muestra destinada a acercar a la ciudadanía la problemática de las pérdidas y el derroche alimentario y sus impactos sociales y ambientales. La exposición presentó el espigueo como una herramienta de transformación social y ambiental, invitando a reflexionar sobre el valor de los alimentos, la tarea del campesinado y la necesidad de avanzar hacia modelos de consumo más sostenibles.

La programación se complementó con varias actividades abiertas al público, entre las cuales un taller de showcooking de aprovechamiento alimentario, una jornada técnica dirigida a las industrias alimentarias para abordar estrategias de prevención de las pérdidas de alimentos y una jornada de voluntariado de espigueo que permitió vivir en primera persona la experiencia de recuperación de alimentos en el campo. Estas actividades han contribuido a reforzar la vertiente educativa del proyecto y a generar espacios de participación y reflexión alrededor de la sostenibilidad alimentaria y la acción climática.

Con el apoyo de la Diputación de Tarragona, la Fundación Espigoladors continúa consolidando una red territorial que conecta campesinado, entidades sociales y ciudadanía para prevenir las pérdidas alimentarias, reducir el impacto ambiental del sistema alimentario y garantizar que alimentos perfectamente aprovechables lleguen a las personas que más les necesitan

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Del aula al barrio: jóvenes que transforman el sistema alimentario

Del aula al barrio: jóvenes que transforman el sistema alimentario

¿Qué pasa cuando das a los jóvenes las herramientas y el espacio para promover cambios en su entorno?

Esto es el que hemos vivido este curso 2025-2026 en el Instituto de los Alimentos de Barcelona (IAB) y en la Escuela de Hotelería y Turismo de Barcelona (EHTB): propuestas valientes, compromiso colectivo y acciones creativas para afrontar el reto del desperdicio alimentario.

Un año más, con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, hemos impulsado un proyecto de Aprendizaje Servicio (ApS) con el cual hemos puesto el foco en la lucha contra las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario (PMA) desde una mirada de Justicia Global crítica y comprometida.

A lo largo del proyecto, el alumnado ha pasado de la reflexión a la acción, diseñando iniciativas pensadas para generar un impacto positivo en su entorno más próximo. El alumnado de 1.º de IFE de Auxiliar en Servicios de Restauración y Elaboración de Comidas de la EHTB ha desarrollado su servicio en el Instituto, mientras que los y las estudiantes de 2.º de CFGS de Marketing y Publicidad de la IAB han impulsado acciones de sensibilización en el Instituto y en el Aula Tienda.

El resultado es un conjunto de propuestas creadas por jóvenes y dirigidas a jóvenes: un recetario de aprovechamiento alimentario que invita a ganar autonomía, conciencia y confianza en la cocina; una campaña de sensibilización en el Aula Tienda para promover el aprovechamiento alimentario; unos abanicos para dar a conocer el espigueo como herramienta de prevención y movilización, y un juego de cartas que promueve el aprovechamiento alimentario.

Del descubrimiento a la acción

Al inicio del proyecto, los jóvenes desconocían la problemática del desperdicio alimentario y su dimensión. Se sumergieron en una fase intensa de descubrimiento, experiencias y reflexión crítica: espigueos en el campo, visitas al obrador de es im-perfect® y en La Tienda del Prat de Llobregat, la exposición MUAC: Ecofeminismos aumentados y actividades para profundizar en las conexiones entre cambio climático, desigualdades de género y sistema alimentario.

Además, tuvieron la oportunidad de conocer testimonios de personas del Sur Global vinculadas a procesos migratorios y a proyectos alimentarios, incorporando nuevas miradas y ampliando su comprensión de las desigualdades Norte-Sur globales.

Después de este recorrido, han acabado ideando servicios propios, arraigados a su entorno y con un gran potencial transformador.

“A nivel personal me llevo los conocimientos que he obtenido de manera profunda sobre el iceberg del desperdicio alimentario”, explica un alumno del IAB.

Identificar necesidades, crear soluciones

Después de esta fase inicial, los dos grupos hicieron un pequeño diagnóstico de la situación de su entorno a partir de entrevistas a agentes clave. A partir de aquí, identificaron  problemas locales y propusieron  soluciones. Finalmente, después de valorar las ideas según su viabilidad, impacto y motivación, cada grupo decidió qué servicio quería llevar a cabo para pasar a la acción por el aprovechamiento alimentario.

Este curso, el alumnado de ambos institutos se ha centrado principalmente en acciones de sensibilización basadas especialmente en la comunicación.

Por un lado, los y las estudiantes de 2.º de CFGS de Marketing y Publicidad trabajaron para crear campañas y acciones de sensibilización dentro del mismo instituto. Impulsaron una campaña en el Aula Tienda mediante etiquetas para destacar los productos a punto de caducar y tickets con el coste oculto de algunos platos, para hacer visible su impacto ambiental y evitar el desperdicio. También, diseñaron unos abanicos para promover el espigueo como herramienta de prevención de las pérdidas alimentarias. Finalmente, organizaron una jornada de sensibilización para compañeros y compañeras del Instituto en la que compartieron el proceso vivido y dinamizaron actividades como un quiz y un juego de cartas diseñado por ellos mismos para fomentar el aprovechamiento alimentario.

“Lo que más me ha gustado del proyecto ha sido que nos hemos mezclado toda la clase y hemos trabajado juntos para resolver un problema en común”, nos comentaba un alumno del IAB.

En cambio, el alumnado del EHTB puso el foco en su entorno más inmediato, orientando su servicio hacia otros jóvenes, con el objetivo de reducir el desperdicio alimentario mientras fomentaban la autonomía y el gusto por la cocina.

Como estudiantes de cocina, enseguida detectaron que muchos jóvenes no cocinan porque no saben o les falta motivación. A partir de esta realidad, se propusieron elaborar una compilación de recetas “que gustaran a los jóvenes”. Así, este recetario, creado por jóvenes para jóvenes, busca estimular la motivación y el interés por la cocina, promoviendo la autonomía y la transición hacia la vida adulta a través de recetas atractivas que incorporan trucos de aprovechamiento alimentario.

El grupo organizó una jornada para presentar su proyecto y repartir los recetarios a todo el alumnado y al profesorado del Itinerario Formativo Específico, acompañada de una cata saludable y sostenible con productos de proximidad y de comercio local.

Finalmente, se llevó a cabo la conclusión del proyecto donde ambos grupos pudieron  compartir todo lo aprendido, evaluar el proceso y celebrar las acciones que ellos mismos han hecho realizado.

Para dar continuidad al proyecto, el profesorado del grupo de cada centro recibe una formación sobre el proyecto, la problemática de las pérdidas y el derroche alimentario y la metodología empleada.

Pequeñas acciones, grandes impactos

Desde Espigoladors celebramos este proyecto como un ejemplo inspirador de como la educación puede ser motor de transformación social. Gracias a todas las personas que lo han hecho posible, especialmente a los y las jóvenes que han demostrado que, con creatividad y compromiso, es posible luchar contra el desperdicio y sembrar justicia global desde el aula.

“Ahora, cada vez que se me presenta la oportunidad de tirar comida, me lo pienso mucho, y miro qué opciones tengo para aprovecharlo. También lo hablo con otros compañeros; antes no lo hacía”, alumno del EHTB.

Descubre todo el proyecto de Aprendizaje y Servicio en los dos enlaces:

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#BarcelonaEspigola bate récords de participación en su sexta edición

#BarcelonaEspigola bate récords de participación en su sexta edición

Más de 900 personas y más de cuarenta entidades sociales han participado en la edición de este año para espigar más de 5.000 kg de naranja amarga.

La sexta edición de #BarcelonaEspigola ha vuelto a llenar las calles de la ciudad de compromiso, comunidad y economía circular. Este año, la iniciativa ha crecido tanto en alcance como en participación: hemos llegado a 8 distritos de la ciudad —con la incorporación, por primera vez, de Sarrià – Sant Gervasi— y hemos alcanzado un récord histórico de participación con más de 900 personas implicadas.

Entre vecinos y vecinas, entidades sociales, centros educativos y equipamientos municipales hemos podido recuperar más de 5.000 kg de naranja amarga de las calles de Barcelona para darles una segunda vida.

Con el impulso del Ayuntamiento de Barcelona y Parques y Jardines, #BarcelonaEspigola continúa consolidándose como una acción de ciudad que promueve el aprovechamiento alimentario, fomenta la participación ciudadana y avanza hacia un modelo más sostenible y comprometido.

Una edición marcada por la energía colectiva

  • En Sant Martí, el espíritu festivo volvió a ser protagonista. El Casal de Barrio de La Verneda llenó la jornada de energía y complicidad vecinal, con un delicioso desayuno y una degustación de La Marga para coger fuerzas. Además, el ritmo vibrante de los tambores acompañó el espigueo, convirtiendo la mañana en una celebración colectiva.
  • En el distrito de Les Corts, disfrutamos del entorno privilegiado del Monasterio de Pedralbes, donde las entidades participantes pudieron descubrir espacios como el pequeño huerto del monasterio mientras recuperábamos las naranjas amargas.
  • En el Eixample, dos pequeños pasajes llenos de naranjos, entre Rambla de Catalunya y Passeig de Gràcia, se convirtieron en escenario de un espigueo lleno de entusiasmo. Alumnos de los centros de la misma calle bajaron a participar, algunos repitiendo experiencia.
  • En las calles de Gràcia y en la emblemática Plaça de la Vila de Gràcia, vivimos una jornada radiante, con un día que parecía de primavera y muchas personas se acercaban para descubrir la iniciativa.
  • En Horta-Guinardó, las calles se llenaron de ganas de dar segundas oportunidades a las naranjas amargas, consolidando la participación del distrito en esta acción transformadora.
  • En Sant Andreu, que ya lleva seis años llenándose de espigadores y espigadoras de todas las edades, actuamos en la calle Peronella, una de las zonas con más naranjos amargos de la ciudad. Este año, la acción se ha llevado a cabo especialmente de la mano de entidades sociales del distrito.
  • Por primera vez, Sarrià – Sant Gervasi se ha sumado a #BarcelonaEspigola. Hemos recuperado naranjas amargas en la calle Johann Sebastian Bach y en la Avenida de Pau Casals, junto a la Plaça de Francesc Macià. La jornada también incluyó una degustación de La Marga, compartiendo el resultado del espigueo con las personas participantes.

Un éxito colectivo

Esta sexta edición ha sido, sin duda, la más participativa hasta ahora. El crecimiento en número de distritos, entidades implicadas y personas participantes demuestra que #BarcelonaEspigola es ya una iniciativa consolidada y apreciada.

Más allá de los 5.000 kg recuperados, el verdadero valor es la red que se teje: comunidad, conciencia ambiental y acción compartida por una ciudad más justa, sostenible y comestible.

Y el ciclo ya continúa: todos los kilos recuperados se están transformando en La Marga en el obrador de es im-perfect®, donde las naranjas amargas se convierten en mermelada para volver a los barrios y distribuirse a través de las entidades sociales participantes. Una segunda vida que cierra el círculo y da sentido a cada espigueo.

Más de 12.000 personas en Cataluña visitan la exposición «Espigar para transformar» 

Más de 12.000 personas en Catalunya visitan la exposición «Espigar para transformar»

Barcelona, Girona, Reus y el Prat de Llobregat han acogido la exposición, combinando sensibilización, participación ciudadana y actividades educativas para promover el aprovechamiento alimentario y visibilizar las pérdidas en el sector primario.

Nuestra exposición itinerante “Espigar para transformar: acción colectiva por el aprovechamiento alimentario”  ha cerrado su recorrido por Cataluña con un balance de más de 12.000 visitantes, alrededor de 1.300 participantes en actividades y 80 acciones de sensibilización, consolidándose cómo una de las iniciativas más destacadas de concienciación sobre el desperdicio alimentario y la sostenibilidad del sistema agroalimentario.

Con esta iniciativa hemos querido acercar a la gente la realidad sobre las pérdidas alimentarias que se producen en el campo e impulsar la acción colectiva para luchar contra el desperdicio de alimentos, a la vez que ponemos en valor la práctica tradicional del espigueo (recoger frutas y verduras en los campos que normalmente quedarían sin cosechar) y el papel fundamental de la agricultura en el sistema alimentario. Así mismo, buscábamos fortalecer el vínculo entre las personas y el origen del que comemos para fomentar modelos de consumo y de producción más sostenibles y justos.

Comisariada por la diseñadora interdisciplinaria Virginia Angulo, y diseñada entre Domestic Data Streamers, Mariana Grande y la Fundación Espigoladors, la propuesta ofrece un recorrido crítico y emocional por las contradicciones del sistema agroalimentario actual. El proyecto combina fotografías del fotoperiodista Jordi Flores, instalaciones artísticas e interactivas del ingeniero creativo Carles Antón Blasco, material audiovisual y contenidos divulgativos que invitan a reflexionar sobre el valor de los alimentos y las consecuencias sociales, económicas y ambientales de su desperdicio.

La itinerancia empezó en el Palacio Robert de Barcelona, donde la exposición permaneció entre septiembre y octubre de 2025 y recibió 7.478 visitantes y 760 participantes en las actividades programadas. Posteriormente llegó a Girona, Reus y finalmente en el Prat de Llobregat, donde se celebró la finalización del proyecto en junio del 2026 con un amplio programa de actividades comunitarias.

A lo largo de su recorrido hemos organizado visitas guiadas, talleres de cocina de aprovechamiento, debates, jornadas técnicas, encuentros de voluntariado y espigueos populares. Estas actividades han permitido implicar tanto la ciudadanía como centros educativos, entidades sociales, administraciones públicas y profesionales de la cadena agroalimentaria en la búsqueda de soluciones frente a las pérdidas de alimentos.

Desde la Fundación Espigoladors siempre hemos destacado que espiguear es mucho más que recoger alimentos que el mercado descarta: es una herramienta de transformación social que permite recuperar el valor de los alimentos, combatir el desperdicio alimentario y reforzar el derecho a una alimentación saludable para toda la población.

Con la conclusión de esta itinerancia, reafirmamos nuestro compromiso de continuar impulsando iniciativas que contribuyan a reducir las pérdidas alimentarias desde el origen y a generar una mayor conciencia colectiva sobre los retos del sistema agroalimentario actual.

UE–Mercosur y el futuro de la agricultura sostenible

UE–Mercosur y el futuro de la agricultura sostenible

Claves para entender un acuerdo comercial que genera debate en el campo, el medio ambiente y los sistemas alimentarios.

La reciente firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y los países del Mercosur ha generado opiniones muy diversas. Desde Espigoladors queremos aportar una mirada general para entender qué supone este acuerdo y por qué despierta tantas dudas, poniendo el foco especialmente en el sector agroalimentario.

Este acuerdo llega en un momento marcado por tensiones comerciales, imposición de aranceles por el gobierno de Estados Unidos, y dependencia de Europa de materias primas provenientes de China (especialmente minerales), país que, a su vez, incrementa su influencia en regiones como Latinoamérica (Hernàndez, 2026). Ante este panorama, la UE requiere nuevos mercados y socios comerciales, especialmente para la importación de materias primas necesarias para la transición energética (EuroEFE, 2026).

¿Cuál ha sido el proceso para lograr el acuerdo y qué componentes tiene?

Las negociaciones entre la UE y el Mercosur comenzaron en 1999 y no fue hasta finales de 2024 cuando se cerraron los principales textos. El acuerdo incluye un marco amplio de cooperación política, económica y comercial, así como un acuerdo interino centrado en la liberalización del comercio.

Este acuerdo interino permitiría aplicar parte de las medidas antes de la ratificación completa por todos los parlamentos. Sin embargo, su puesta en marcha sigue sujeta a revisiones jurídicas, por lo que el proceso continúa abierto y con incertidumbres.

¿Qué objetivos persigue el acuerdo?

El acuerdo persigue como objetivos: aumentar el comercio y la inversión bilateral, reducir las barreras arancelarias y no arancelarias, mejorar la normativa en materia de inocuidad, derechos de propiedad intelectual y competencia, entre otros; promover el desarrollo sostenible mediante el fortalecimiento de los derechos laborales, la lucha contra el cambio climático, la protección ambiental y el aseguramiento de una conducta empresarial responsable (European Commission, n.d.).

Según las instituciones europeas, el acuerdo abriría un mercado de más de 700 millones de personas y supondría un importante ahorro en aranceles para las exportaciones europeas, aunque estos cambios se aplicarían de forma progresiva.

¿Qué establece el acuerdo en materia agroalimentaria, de seguridad y medioambiental?

En el ámbito agroalimentario, el acuerdo prevé una reducción muy significativa de aranceles para productos agrícolas y ganaderos, así como la protección de las indicaciones geográficas europeas. También se incluyen mecanismos de salvaguarda para limitar importaciones en caso de desequilibrios de mercado, especialmente en productos sensibles (Hernández, 2026)(European Commission, 2025a)(European Commission, 2025a).

En cuanto a la seguridad alimentaria, se mantendrían los estándares sanitarios de la UE. A nivel ambiental, el acuerdo incorpora compromisos contra la deforestación y establece el cumplimiento del Acuerdo de París como elemento central.

¿Qué posturas existen frente al acuerdo?

El acuerdo ha generado división dentro de la UE. Mientras algunos gobiernos lo defienden como una oportunidad económica y estratégica, una parte importante de la agricultura europea, así como organizaciones sociales y ecologistas, alertan de los riesgos que puede suponer para la agricultura local, el medio ambiente y los derechos sociales.

Las movilizaciones agrarias en distintos países europeos reflejan la preocupación por una posible competencia desleal y por la pérdida de viabilidad de la pequeña y mediana agricultura.

¿Qué implicaciones puede tener para la soberanía alimentaria y la sostenibilidad?

Desde una perspectiva de sostenibilidad, el acuerdo plantea varios retos. La entrada de productos más baratos puede dificultar la viabilidad de la pequeña agricultura y presionar los precios locales, con efectos tanto en las personas productoras como en las consumidoras. Además, el impulso a modelos intensivos de producción puede aumentar las emisiones y la pérdida de biodiversidad.

Los sistemas alimentarios locales y de pequeña escala son clave para cuidar el territorio, reducir la pérdida y el desperdicio alimentario y garantizar el derecho a una alimentación adecuada. Por ello, es fundamental que las políticas comerciales incorporen estas miradas y cuenten con la participación de las personas directamente afectadas.

El posicionamiento de Espigoladors y es im-perfect®

Desde Espigoladors y es im-perfect® consideramos que este acuerdo pone en riesgo la agricultura local, la soberanía alimentaria y el futuro de nuestro sistema alimentario.

Consideramos que este acuerdo favorece a grandes productores con bajos costes y estándares más laxos, poniendo en riesgo la viabilidad de la pequeña y mediana agricultura en Europa y en los países del Mercosur.

Además, creemos que refuerza un modelo agroindustrial intensivo que prioriza la cantidad y los precios bajos frente a la sostenibilidad, aumentando la presión sobre el medio ambiente, la biodiversidad y las condiciones laborales, y contribuyendo a mayores pérdidas y desperdicio de alimentos.

Por eso defendemos un sistema alimentario basado en la agricultura local, arraigada al territorio, justo y sostenible, donde las personas que producen los alimentos puedan vivir dignamente de su trabajo y garantizar alimentos saludables para toda la comunidad.

La 1a Jornada Ciudades Comestibles reúne a municipios de todo el territorio para impulsar el espigueo urbano

La 1a Jornada Ciudades Comestibles reúne a municipios de todo el territorio para impulsar el espigueo urbano

Un espacio de encuentro para compartir retos, aprendizajes y oportunidades en torno al aprovechamiento de los frutos urbanos.

Ayer, 29 de enero celebramos la 1a Jornada Ciudades Comestibles, un encuentro impulsado por Espigoladors que reunió municipios que se han sumado a la comunidad de Ciudades Comestibles. La jornada fue un espacio para compartir experiencias, poner en común impactos y aprendizajes y, sobre todo, para reflexionar colectivamente sobre los retos y oportunidades que plantea el aprovechamiento de los frutos del arbolado urbano en nuestros pueblos y ciudades.

A lo largo de la mañana, municipios como Reus, El Prat de Llobregat, San Boi de Llobregat, Torredembarra, Cornellá de Llobregat, San Juan Despí, Premià de Mar y Barcelona compartieron su recorrido, en una jornada que combinó contenidos técnicos, debate, una degustación y una visita al centro de producción de es im-perfect.

Experiencias compartidas y retos de futuro para las ciudades comestibles:

La jornada comenzó con la presentación del proyecto Urban(eat)a: Ciudades Comestibles, a cargo de Espigoladors, repasando los inicios en Barcelona en 2021, con los primeros espigueos urbanos. Un proyecto piloto financiado por Singulars permitió probar varios productos, identificando la naranja amarga, la aceituna y la algarroba como frutos con gran potencial de transformación, sin dejar de buscar nuevas oportunidades.

El proyecto tiene tres ejes principales: recogida y revalorización de frutos urbanos, transformación alimentaria y sensibilización ciudadana con espigueos y talleres. Se destacó la diversidad de frutos recuperados —moras, peras, limones, nísperos— y la necesidad de continuar con la investigación para ampliar las posibilidades de transformación.

Durante la jornada, los municipios participantes expusieron cómo han adaptado el proyecto a su realidad: formatos de espigadas, talleres, productos transformados y estrategias de sensibilización. Los testigos mostraron que el despilfarro urbano puede ajustarse a diversas realidades locales y funcionar como herramienta de cohesión social, más allá de la recogida de frutos.

Los retos legales del espigueo urbano:

Uno de los puntos centrales de la jornada fue el espacio dedicado a los retos legales del espigueo de los frutos urbanos, a cargo de Meritxell Martínez (INSTA). En esta sesión se presentaron las conclusiones de un informe sobre el marco legal del espigado urbano, con un análisis de la normativa estatal, autonómica y europea, así como de otras experiencias existentes.

Se abordaron cuestiones clave como la seguridad alimentaria, la participación del voluntariado, la trazabilidad de los productos, la comercialización y los procedimientos asociados. Tal y como se puso de manifiesto, la singularidad y novedad del espigueo urbano genera interrogantes, pero también oportunidades para construir marcos adaptados a esta realidad.

Una cata por descubrir y una visita para imaginar el futuro:

La jornada incluyó también una degustación de productos de la red de Ciudades Comestibles, un desayuno elaborado a partir de frutos del arbolado urbano transformados en los diferentes municipios participantes. Este espacio permitió no sólo degustar los productos, sino también compartir ideas, recetas y nuevas posibilidades de aprovechamiento.

Finalmente, cerramos la jornada con una visita al obrador de es im-perfect, donde las personas asistentes pudieron conocer de primera mano el centro de producción y explorar las posibilidades de futuro en la transformación de productos provenientes del espigamiento urbano.

Seguimos haciendo crecer las ciudades comestibles:

La 1ª Jornada Ciudades Comestibles fue un encuentro muy enriquecedor que confirma el creciente interés de los municipios por repensar la gestión del arbolado urbano y avanzar hacia modelos más resilientes, circulares y socialmente transformadores. Compartir camino con varios municipios nos permite adaptarnos, innovar e imaginar nuevos formatos, colectivos y usos posibles.

Desde Espigoladors, marchamos con una valoración muy positiva y con la voluntad de continuar trabajando codo con codo con los municipios, ampliando la red de Ciudades Comestibles y consolidando el despilfarro urbano como una herramienta clave contra el derroche alimentario ya favor de unas ciudades más vivas, conectadas y comestibles.

Una iniciativa impulsada con la financiación de The Nando and Elsa Peretti Foundation.

760 kg de comida desperdiciada en una semana: primera diagnosis del proyecto Escuelas #yonotiro

760 kg de comida desperdiciada en una semana: primera diagnosis del proyecto Escuelas #yonotiro

15 centros educativos de toda Cataluña han cuantificado el desperdicio alimentario en sus comedores escolares

Desde Espigoladors impulsamos el proyecto Escuelas #yonotiro, con el apoyo de la Agencia de Residuos de Cataluña, con un objetivo claro: acompañar a los centros educativos para que se conviertan en agentes activos en la prevención del desperdicio alimentario.

Durante los últimos meses hemos iniciado la primera fase del proyecto, centrada en la diagnosis del desperdicio en los comedores escolares. En total, 15 centros educativos han cuantificado el desperdicio post-consumo durante una semana.

Los resultados nos ofrecen una fotografía clara –y necesaria– del punto de partida.

Los datos clave de la primera cuantificación

En sólo una semana, en los comedores de las 15 escuelas participantes se han desperdiciado 760,1 kg de alimentos, el equivalente a cubrir cerca de 9 semanas de comedor para 50 alumnos.

De media, cada escuela ha desperdiciado 50,7 kg. En conjunto, el desperdicio representa un 9,21 % del total de la comida servida.

Una problemática que siempre va acompañada de impactos sociales, económicos y ambientales: la comida tirada durante esta semana ha supuesto, entre otros, 6.402 m3 de agua utilizados en vano, lo que serían 2 piscinas olímpicas y media. Una huella ambiental que pone de manifiesto la necesidad de actuar.

Un punto de partida para pasar a la acción

Estos datos no son un final, sino un punto de partida. Ahora comienza la fase más importante del proyecto: analizar las causas del desperdicio y definir acciones de prevención adaptadas a cada centro.

Durante el curso 2025-2026, desde Espigoladors estamos acompañando a las escuelas participantes de la iniciativa con un objetivo claro: fomentar la autonomía de los centros educativos para que puedan integrar la prevención de esta problemática en su día a día.

La lucha contra el desperdicio alimentario forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y está recogida en la Ley 3/2020 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que establece la necesidad de cuantificar, prevenir y reducir este problema también en los comedores escolares.

El proyecto Escuelas #yonotiro, con el apoyo de la Agencia de Residuos de Cataluña, quiere demostrar que reducir el desperdicio en los centros educativos es posible y que, con las herramientas adecuadas, todos y todas podemos ser parte de la solución.

Del campo a los fogones: espigar, cocinar y empoderar comunidades

Del campo a los fogones: espigar, cocinar y empoderar comunidades

Más de 12.800 kg recuperados, más de 20 entidades participantes y cientos de personas implicadas en tres proyectos que ponen a las personas usuarias en el centro.

 “Trencamp: Espigueo y cocina de aprovechamiento como herramientas para promover la integración social” y “El espigueo, una herramienta para el empoderamiento comunitario” en Barcelona y “FarmLink: Espigueo con impacto social” en Tarragona, llegan a su final. Tres iniciativas que comparten una misma esencia y una mirada transformadora sobre el derecho a la alimentación.

A pesar de desplegarse en territorios y contextos diversos, los tres proyectos han tenido un objetivo común: impulsar espigueos y talleres de cocina de aprovechamiento con personas usuarias de servicios de distribución de alimentos, invitándolas a formar parte activa del proceso por el que llegan los alimentos a sus cestas. Un paso imprescindible para avanzar hacia modelos más dignos, participativos y sostenibles.

¿El resultado? Más de 12.800 kg de alimentos recuperados, más de 20 entidades sociales participantes, más de 400 personas implicadas entre usuarios y voluntariado, y 12 talleres de cocina de aprovechamiento realizados.

Del campo a la cocina: cerrar el círculo

Desde Espigoladors trabajamos el espigueo como herramienta social y ambiental, pero este año hemos querido ir un paso más allá y cerrar el círculo: del campo a los fogones. Las personas participantes no sólo han recuperado fruta y verdura que se habría desperdiciado, sino que también han participado en talleres de cocina de aprovechamiento, aprendiendo a sacar el máximo provecho de alimentos muy presentes en las cestas de ayuda alimentaria.

Estos espacios han sido mucho más que espigar o cocinar: se han convertido en lugares de encuentro, intercambio y bienestar. Personas de procedencias muy diversas han compartido recetas, saberes y tradiciones gastronómicas, a la vez que disfrutaban de una experiencia colectiva a menudo excepcional, como salir al campo después de mucho tiempo. Un proceso que refuerza vínculos, autoestima y sentimiento de pertenencia, y que sitúa a las personas usuarias como protagonistas activas del sistema alimentario, no sólo como receptoras de alimentos.

El voluntariado, una pieza clave que se ha consolidado

Uno de los elementos más relevantes de 2025 ha sido la consolidación del papel del voluntariado en este tipo de proyectos. Si el año pasado iniciamos una prueba piloto, este año hemos reforzado y ampliado esta participación.

Las voluntarias y voluntarios han estado presentes en todo el proceso: en la captación con las entidades, en los espigueos y en los talleres de cocina. Más allá del apoyo logístico y organizativo, han tenido un papel clave como personas mentoras, acompañando a participantes que nunca habían espigado, compartiendo experiencias y ayudando a generar un clima de confianza y acogida.

Este acompañamiento humano ha sido fundamental, especialmente para personas que hacía tiempo que no salían de la ciudad o que se acercaban por primera vez a una actividad como el espigueo. Los indicadores confirman el crecimiento de los proyectos respecto a años anteriores, pero el valor real radica en lo que no siempre puede medirse: las conversaciones, las sonrisas, los aprendizajes compartidos y los agradecimientos de personas que han vivido las actividades como una oportunidad única.

Cerramos estos tres proyectos con la certeza de que espigar y cocinar transforman, y con la voluntad de seguir construyendo modelos alimentarios más justos, participativos y arraigados en el territorio.

Con la colaboración de: DISA Sant Josep Oriol, DISA Trinitat, Asociación de Familias Monoparentales, DISA Sant Andreu, Fundación Áurea, Ágape, DISA Sagrada Familia, Rebost Terrassa, El Xiprer, PAC Badalona, DISA Premia, ENTORN Mataró, la Botiga del Prat, Aliments Solidaris Sant Boi, Caritas Sant Pere de Cambrils, Creu Roja Cambrils, Creu Roja Miami-Mont-roig, Centre Social El Roser, Cáritas Interparroquial de Reus, Cáritas Sant Bernat Calvó de Reus, Cáritas Sant Pere Apostol de Reus, Cáritas Sant Joan Baptista de Reus, Xarxa Ajuda Mútua Alimentària de Reus i Tarragona, Creu Roja Reus.

Con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, la Diputación de Barcelona, el Departamento de Agricultura, Ganadeía, Pesca y Alimentación y EU Staff for Climate (King Baudouin Foundation).

La ciudadanía de El Prat se suman a la lucha contra el desperdicio alimentario

La ciudadanía de El Prat se suman a la lucha contra el desperdicio alimentario

Una iniciativa municipal de aprovechamiento alimentario que ha permitido recuperar más de 1.000 kg de alimentos.

Durante los últimos meses, El Prat del Llobregat ha sido escenario de un proyecto colectivo que demuestra que la lucha contra el desperdicio alimentario es mucho más que recuperar alimentos: es generar conciencia, tejer vínculos y activar el compromiso ciudadano.

De la mano del Ayuntamiento de El Prat de Llobregat, desde Espigoladors hemos impulsado una iniciativa que ha combinado recuperación de alimentos, educación alimentaria y sensibilización comunitaria con un objetivo claro: promover una alimentación saludable, de proximidad y sostenible, y empoderar a las personas para que puedan reducir el desperdicio alimentario en su día, especialmente en los hogaes.

El balance del proyecto habla por sí solo: más de 250 personas participantes de todas las edades y perfiles, más de 1.000 kg de alimentos recuperados y redistribuidos a través de entidades sociales del territorio, y muchas horas compartidas aprendiendo, cocinando, reflexionando y actuando conjuntamente. Pero más allá de las cifras, lo que queda es una comunidad más consciente del valor de los alimentos y su impacto social y ambiental.

Las acciones se han desplegado en espacios muy diversos del municipio -desde el Parque Agrario del Baix Llobregat hasta los centros cívicos, el Mercat de Pagès y las calles del Prat- acercando el mensaje del aprovechamiento alimentario a la vida cotidiana y poniendo en valor tanto el producto local como el conocimiento colectivo. Espacios en los que el campo y la ciudad, la teoría y la práctica, se han encontrado para imaginar formas más justas de relacionarnos con la alimentación.

Un proyecto con impacto social, ambiental y comunitario

Este cierre de proyecto nos recuerda que el desperdicio alimentario es un reto ambiental, social y ético de gran magnitud, pero también una oportunidad para activar cambios reales. Cuando compartimos conocimiento, abrimos espacios de participación y ponemos a las personas en el centro, pequeñas acciones cotidianas pueden generar un gran impacto colectivo.

La experiencia en El Prat del Llobregat refuerza la idea de que avanzar hacia un sistema alimentario más justo y sostenible pasa, necesariamente, por la acción comunitaria, el compromiso local y la corresponsabilidad entre administración, entidades y ciudadanía. Un camino que, desde Espigoladors, queremos seguir recorriendo juntas.

Salud S(à)via: cocinamos salud, sostenibilidad y comunidad en Tarragona

Salud S(à)via: cocinamos salud, sostenibilidad y comunidad en Tarragona

Impulsamos talleres de cocina comunitaria e intergeneracional para promover hábitos saludables, sostenibles y prevenir el desperdicio alimentario.

Entre los meses de julio y diciembre de 2025, la ciudad de Tarragona ha acogido el proyecto Salud S(à)via: sabiduría culinaria para una vida saludable y sostenible, una iniciativa impulsada por Espigoladors, con el apoyo de la Diputación de Tarragona, con el objetivo de fomentar hábitos alimentarios saludables y sostenibles y prevenir el desperdicio alimentario entre personas jóvenes y mayores.

El proyecto ha puesto la cocina como herramienta pedagógica y comunitaria en el centro de la acción, entendiendo la alimentación no sólo como necesidad básica, sino como derecho, espacio de relación y oportunidad de transformación social. A través de talleres participativos, el proyecto ha querido mejorar la calidad de vida de las participantes, tanto a nivel individual como colectivo, promoviendo la autonomía, el bienestar y la conciencia ambiental.

La iniciativa se ha desarrollado gracias a la participación de Avismon, Quilòmetre Zero, Fundació Catalunya La Pedrera y Gent Gran Activa del Ayuntamiento de Tarragona, entidades sociales arraigadas en el territorio que han participado activamente en los diferentes talleres, compartiendo conocimientos, experiencias y prácticas culinarias a lo largo de todo el proceso.

La cocina como espacio de aprendizaje y encuentro

A través de un programa de talleres teórico-prácticos, se han trabajado contenidos de nutrición, dietética, planificación de menús, gestión doméstica de la cocina, compra consciente y eficiencia energética.

Se han realizado ciclos de dos talleres con cada una de las cuatro entidades. En estos espacios, las participantes han cocinado conjuntamente recetas saludables, priorizando ingredientes vegetales, de temporada y económicamente accesibles, poniendo en práctica la cocina de aprovechamiento y tomando conciencia del valor de los alimentos.

Más allá de sus contenidos, los talleres han sido un espacio de relación y reconocimiento mutuo. La cocina ha activado aspectos que van más allá de la salud y la sostenibilidad: la socialización, la cooperación y el sentimiento de comunidad. A pesar de las barreras lingüísticas, auditivas o cognitivas, las participantes han sabido encontrarse en torno a un objetivo común: preparar y compartir recetas saludables, aprendiendo unas de otras.

Intercambio de saberes e impacto comunitario

Uno de los grandes valores de Salud S(à)via ha sido el intercambio intergeneracional de conocimientos. Las personas mayores han aportado experiencia, memoria culinaria y estrategias de aprovechamiento aprendidas a lo largo de la vida, mientras que los jóvenes han sumado nuevas miradas, inquietudes y ganas de construir hábitos saludables de futuro, especialmente en un momento vital en el que a menudo desaparecen los apoyos alimentarios vinculados a la etapa escolar.

El proyecto ha culminado con una jornada participativa, un espacio compartido para poner en común aprendizajes, recetas y recomendaciones. También de todo este proceso ha surgido un decálogo colectivo sobre alimentación saludable y sostenible, que recoge no sólo conocimientos prácticos, sino también la voluntad de cuidarse, entenderse y hacer comunidad.

Salud S(à)via se cierra con un balance muy positivo: conocimientos compartidos, vínculos creados, conciencia ambiental reforzada y, sobre todo, una comunidad que ha cocinado salud, sostenibilidad y solidaridad. Nos llevamos recetas, saberes y aprendizajes, pero también el deseo de seguir impulsando iniciativas que pongan la vida y las personas en el centro.